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  • Jesús Marín Fotografia
Martes, 07 Noviembre 2017 11:55

Y el sismo los reunió

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Baby boomers, generación X y millenials


“que me entierren los imecas
al pie de los ejes viales
y que me cubra el asfalto
que es tumba de hombres cabales”.*


Lilia Rivera Mantilla
Los jóvenes adultos que corríamos azorados tratando de ponernos a salvo aquella mañana del 19 de septiembre de 1985, éramos los niños nacidos a partir de la época de posguerra (baby boomers) después de 1945.
Treintañeros, empeñados en llegar a hacerla, nada se interpondría en nuestro camino, ni siquiera un sismo de magnitud 8.1 ni otro de magnitud 7.8 en la escala de Richter. Si habíamos logrado sobrevivir, más que oportunidad era un privilegio otorgado por los hados porque alguna misión importante tendríamos aún que cumplir.


Después de aquel terremoto, muchos emigraron a provincia; más o menos cerca de la capital, pero que no tiemble. Y contribuyeron a la sobrepoblación en ciudades antes tranquilas; sin embargo el antiguo Distrito Federal, a pesar de aquel sexenio gris y pasmado, seguía creciendo de manera inexorable. Y los treintañeros progresábamos, nos multiplicábamos y comprábamos. El dinero plástico sirvió de bálsamo anestésico, a la vez que de sustancia alucinógena, y permitió a dos generaciones perder la memoria, vivir en una cómoda amnesia que ayudaba a no recordar que se había acabado la abundancia, que viviríamos endeudados por generaciones y ¿otro terremoto como el del 85?… tal vez hasta el año 2525.**
Los baby boomers continuamos educando con el ejemplo a los que habían nacido a mitad de la década de los sesenta y en los primeros años de los ochenta. Las palabras competencia y excelencia eran el acicate para que pudieran triunfar, para que pudieran figurar o, cuando menos, aparentar que se era figura y que se había triunfado. Y con esta nueva ideología se formó la generación X.
Los niños mexicanos de la era en que se nos juró que el presidente defendería al peso como un perro, crecieron escuchando las palabras crisis y deuda externa y eterna. Pero sus padres, que crecimos en la época del desarrollo estabilizador, que sabíamos de sacrificios y esfuerzos para formar un patrimonio, no permitiríamos que nuestros hijos sufrieran lo que ni nosotros habíamos padecido. Entramos de lleno en la era del despilfarre ahora y pague toda la vida después.
La generación X mexicana se formó viendo la incongruencia entre el decir y el actuar de sus padres; los baby boomers presumían de conservadores, educados con valores morales pero que seguían fielmente el dogma de que quien no tranza no avanza, por lo tanto los niños X mexicanos que decidieron dedicarse a la política, poseedores de educación universitaria –tal vez no adquirieron muchos conocimientos pero sí hicieron buenas relaciones para las grandes tranzas- consumidores de los sorprendentes avances tecnológicos, se empeñaron en superar a la generación de sus padres en cinismo, abuso y derroche. Ellos harían desparecer la palabra crisis, al menos de sus bolsillos.
Se han creído dueños de los recursos naturales del país, los venden al mejor postor extranjero o nacional, han permitido y fomentado el crecimiento desordenado de edificaciones que les dejan ganancias millonarias, a ellos y a las constructoras e inmobiliarias con las que pactan. El agua falta, el aire se vuelve más enrarecido y la tierra protesta ante tanto peso encima, simplemente decide estallar.


Presidentes de México: Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y
Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) Ambos ejemplo de los baby
boomers del neoliberalismo.

Ejemplos
Ejemplo de políticos mexicanos pertenecientes a la generación X. Jorge Emilio González, expresidente del Partido Verde Ecologista de México; Christian Von Roehrich de la Isla, actual Delegado en Benito Juárez, y Jorge Romero Herrera, exdelegado en Benito Juárez (2012-2015), dentro de la clase política representan a un sector, además de corrupto, cínico y abusivo.
Enrique Peña Nieto, actual Presidente de México, tiene el nivel más bajo de popularidad en la historia del país. Ricardo Anaya Cortés, Presidente del Partido Acción Nacional. Su incongruente estilo de vida con lo reportado en su declaración patrimonial, lo vuelve un muy cuestionado aspirante a la Presidencia de la República.


Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera.

Ricardo Anaya Cortés.

 

Christian Von Roehrich de la Isla Jorge Romero Herrera.

 

Jorge Emilio González Martínez, El Niño Verde.

 

Generación Y, Millennials


La generación Y o millennials son los ahora apenas treintañeros y veinteañeros nacidos en las postrimerías de la década de los ochenta y de los noventa. Esos jovencitos que crecieron como si los audífonos de sus celulares fueran una especie de tumoración nacida en sus orejas, lo cual les ha ayudado a evadirse de este “mundo absurdo que no sabe a dónde va, Aleluya, Aleluya…”***
Si de estudios se trata, elegirán un carrera que les facilite escoger la vida que anhelan llevar, sobre todo si les permite viajar, porque ellos se consideran ciudadanos del mundo; es tan fácil ser algo omnipresente gracias a los aparatos de comunicación de tecnología de punta, pueden estar aquí, allá y en todas partes.
Y eso lo comprobamos quienes vivimos la tragedia de los sismos de septiembre de 2017. Al igual que la juventud del Movimiento Estudiantil de 1968, así como lo hicieron los jóvenes durante el terremoto de septiembre de 1985, ahora tocó el turno a la juventud de la generación Y, los millennials. Su poder estuvo en el uso ágil y eficiente de sus laptops, celulares con sus diferentes aplicaciones, la destreza con la que navegan por las redes sociales, y sin dejarse amedrentar por el autoritarismo de un gobierno pasmado, miles de ellos se distribuyeron para dar apoyo en los lugares en los que dominaba la tragedia, tanto en la Ciudad de México como en las otras ciudades de los estados golpeados por el movimiento inusual de la tierra.



Samuel, Denis y Omar, jóvenes brigadistas voluntarios a quienes conocí en el Centro de Acopio de la Delegación Benito Juárez.


Uno de los tantos centros de acopio instalados en diferentes partes de la ciudad. La rejilla indica que debajo corre la Línea Dorada del Metro.

Martes 19 de septiembre de 2017
Conclusión
No lo podíamos creer, no entendíamos qué pasaba: en apenas doce días otro terremoto. ¿Se estarían cumpliendo las profecías apocalípticas? ¿Entonces era cierto que el Popocatépetl estaba por hacer erupción? La intensidad del movimiento había sido cruel y violenta. Edificios dañados y colapsados en lugares en donde menos hubiéramos imaginado. Quienes vivimos y sobrevivimos al terremoto de 1985 y su devastación, nos aterraba enterarnos que el epicentro había estado en un lugar muy cercano a la Ciudad de México y al gran volcán; entonces la brecha de Guerrero seguía con su silencio sísmico, ¿qué pasará en la Ciudad de México, en el país, el día en que también esa placa llegue a expresarse? Ahora puede suceder cualquier cosa.
Muchos quisimos alertar, pero la gran mayoría no quiso escuchar.
Como si hubieran recibido una fuerte e inesperada bofetada en pleno rostro, los niños y los muy jóvenes de aquel septiembre de 1985 despertaron de un letargo de 32 años. La tierra se mueve, se abre, se inunda, ruge, explota, y no le importa desbaratar los planes y proyectos futuristas de quienes viven sobre ella, más cuando en el afán desmedido por el consumo y la ambición no se le ha sabido respetar.
El fatídico martes 19 de septiembre, hombres y mujeres de la generación X corrían desesperados por los diferentes rumbos de la ciudad para ir en busca de sus hijos, muchos no pudieron ingresar a sus casas, resultaron dañadas con el violento movimiento, y es que son los adultos X quienes ahora tienen el poder de compra, quienes han podido conseguir una vivienda de precio millonario, aunque muchas veces las dimensiones son casi iguales a las de una de interés social, y que pagarán durante más de veinte años de su vida laboral y productiva; muchos, afortunadamente, no perdieron la vida pero sí sus sueños e ilusiones.
Hay quien dice que la “psicosis” pasará, que a muchos se les olvidará esta mala experiencia; yo deseo que no se olvide, ojalá que permanezca en la conciencia de todos que no somos dueños del planeta, que con Dios no se juega a las vencidas.
He platicado con varios de los jóvenes millennials, esos que demostraron que no eran indiferentes y apáticos respecto al entorno en el que les ha tocado vivir y tampoco con sus semejantes; sucede simplemente que no estaban interesados en malgastar su energía en cambiar algo que les ha parecido inamovible, pero que un sismo les ha venido a mostrar que ese sistema del que han tratado de huir puede ser derribado.

Pedro Kumamoto, 27 años. Primer candidato independiente en ganar una elección para ocupar un puesto de representación popular. Ganó el distrito 10 con sede en Zapopan, Jalisco, en 2015.


En el 2018 se calcula que votarán por primera vez 17 millones de jóvenes, sumemos todos esos que apenas cumplirán treinta años, esos que nacieron en el año en que muchos otros como ellos, ahora, quisieron dar un cambio al país con su voto, pero el viejo sistema mañoso se volvió a salir con la suya.
A ellos les he dicho que son nuestra esperanza, les he deseado suerte en todo lo que emprendan, les he pedido que se esfuercen por ser buenos ciudadanos; tienen varias décadas para recular si fuera necesario. Los baby boomers, me justifico, vamos transitando en el camino de retorno. ¿Cuál? Puede ser rumbo al Mictlán o simplemente estamos en camino de volver a ser polvo en el viento.


*Versión de Sergio Arau a México lindo y querido.
**En el año 2525 (In the year 2525), Zager y Evans, 1969, Canción que prevenía sobre situaciones apocalípticas para la humanidad, cuando los avances científicos y tecnológicos se volvieran en su contra. Pero el destino nos alcanzó mucho antes de ese año.
**Aleluya No. 1, Luis Eduardo Auté.


Lilia Rivera Mantilla
Ciudad de México, a 5 de noviembre de 2017

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