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Sábado, 17 Octubre 2020 17:16

Los actores se pierden con la noche

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Raúl Adalid Sainz

Hace algún tiempo daba una función de teatro en Durango en el "Teatro Victoria". Era un septiembre del 2013. La obra: "El Panfleto del Rey y su Lacayo", de Cutberto López.

 

La noche cubría en su quietud aquella vieja ciudad norteña. Vimos las inmensas torres de catedral. Mismas que dicen que reflejan una mujer en pena por el atrio y la plaza que está enfrente. Alguien nos tomó una foto, a mis dos compañeros de escena: los inolvidables Tizoc Arroyo, Sergio Robledo y a mí. 

Tomamos una calle aventurera al costado de catedral. Queríamos unos tragos para charlar la noche. Encontramos un barcito acogedor. Serían las once de la noche. Poca gente, casi nadie en las calles. Una ventisca salpicaba con un leve rocío de lluvia. Reíamos, disfrutábamos el trago. 

Tizoc nos hacía sentir la emoción del próximo estreno de la obra que girábamos, pero ya en la Ciudad de México. Sergio nos hablaba del amor, la nostalgia de la pareja, yo sentía la emoción, a la mañana siguiente saldríamos rumbo a Torreón, mi tierra, para representar la obra. De repente se escuchó de una rocola, una tonada, que rajaba en el estribillo los adentros: 

"Hablando de mujeres y traiciones, se fueron consumiendo las botellas", una sensación de ese amor ausente y de recuerdos hizo presencia en nuestra mesa. Mujeres, recuerdos que se aparecen sin previo aviso ni invitación de por medio. Por lo tanto son necesarias charlarlas para que vuelvan a vivir, nos besen y vuelvan a huir a las maletas del ayer. Cuando quieran resucitarán como ninfas que despiertan de las alforjas de los tiempos. "Oh mujeres, oh mujeres tan divinas, no queda otro camino que adorarlas". 

Tomamos un par de tragos más. Martin Urueta y aquella canción ya habían callado. El conjuro del presente volvió a silenciarlas. Resueltos y en la risa nocturna nos enfilamos al hotel. La fresca noche y su rocío nos despedía de aquel Durango del encanto. 

A la mañana siguiente una camioneta partía con tres actores, su directora y su asistente a la ciudad de Torreón. Ese viaje estuvo aderezado por una plática: Tizoc me contaba de su aventura de haber filmado con el gran cineasta Jaime Humberto Hermosillo. "Que ganas de trabajar con él", dije en todos los deseos. A los dos años, Tizoc y un servidor trabajábamos en el último filme que dirigió Jaime Humberto: "Un Buen Sabor de Boca". Hay que tener cuidado con lo que se pide, luego le da por cumplirse.

Historia dedicada a Tizoc Arroyo y Sergio Robledo. Compas inolvidables de aquel "Panfleto del Rey y su Lacayo", del buen amigo sonorense Cutberto López.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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