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Sábado, 19 Septiembre 2020 09:16

TENGO MIEDO TORERO

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La novela de Pedro Lemebel es la base para este filme que, alejado de algunas líneas clave de la obra literaria, se concentra en el encuentro entre dos marginales en el Chile de los últimos años de la dictadura de Pinochet, a partir de los cuales se erige una historia de amor imposible. Porque en lo medular, esta película aborda en profundidad el choque de dos mundos y la desesperada posibilidad de amar cuando se ha nacido homosexual en un contexto de miedo, violencia y soledad

 

Víctor Bórquez Núñez

Santiago de Chile, en 1986, en plena dictadura de Pinochet. La película se inicia con un fuerte guiño a “Cabaret”, la magnífica pieza dramática de Bob Fosse (1972), con la música y sonido in crescendo antes del título y su número musical con personajes fijos en el recinto que, de pronto, es allanado por las fuerzas policiales y se produce la debacle.

 

Uno de los que alcanza a escapar es Regina (Alfredo Castro), un travesti que vive en un departamento a punto de desplomarse, producto de los embates que dejó el terremoto de 1985 en la capital. En esa desesperada huida, se encuentra con Manuel (Leonardo Ortizgris), un arquitecto que empieza a visitarlo y le solicita que le guarde unas cajas que contienen libros de estudio, aunque pronto sabremos el verdadero contenido que tienen.

Hay un instante en el filme en donde uno de sus amigos le dice a Regina: “Éste te va a romper el corazón… pero para eso estamos las amigas. Disfruta”. En esa oración se encierra gran parte del sentido de “Tengo miedo torero”, basada en la novela homónima de Pedro Lemebel, aun cuando hay algunos cambios específicos entre la obra literaria y la cinematográfica, sobre todo mientras el libro confiere más fuerza al tema político, esta película se concentra en la imposibilidad del amor cuando se es homosexual, pobre y marginal. 

Porque “La loca del frente” se enamora de ese chiquillo misterioso, del cual ignora casi todo y hasta duda que en verdad se llama Carlos y sea arquitecto, como asegura. Y es a partir de ese enamoramiento tardío que empieza a tomar conciencia de muchas situaciones, en especial de la violencia y la represión que está azotando al país, de las marchas contra Pinochet y la necesidad de que ocurran cambios drásticos en el país.

El filme comienza a adquirir una fuerte similitud con “El beso de la mujer araña”, la novela de Manuel Puig que llevó a la pantalla grande el director Héctor Babenco, donde también existía un activista político obligado a convivir con un homosexual, fascinado con el mundo de las telenovelas, las películas románticas de Hollywood y del glamour quien adquiere conciencia de su situación y asume una decisión crucial en su existencia.

Esta nueva película de Rodrigo Sepúlveda fue preestrenada de manera virtual, como una efectiva técnica de marketing en un período con los cines cerrados, producto de la pandemia, logrando de esta manera que se creen otras modalidades para su distribución.

Resulta interesante que se haya creado un evento vía streaming que superó las expectativas, en que se conectaron más de 170 mil computadores, gracias a lo cual se están vendiendo entradas para acceder a la exhibición del filme a través de esta modalidad online.

El filme en cuestión, a diferencia de lo que pasaba en la celebrada novela del desaparecido Pedro Lemebel, se concentra en la relación ambigua, peligrosa y extraordinaria de “La loca del frente” y Carlos, porque entre ambos puede surgir el atisbo de un amor que no se sabe bien si es correspondido o es solo una forma que tiene el joven para lograr sus objetivos políticos.

Regina es un travesti viejo, con mucho dolor y desencanto en el cuerpo. Vivió las humillaciones que le hizo sentir su padre, quien lo consideraba una rareza y lo obligaba a jugar al futbol para hacerse hombre y huyó de su casa, buscando de alguna manera ser aceptado y querido, algo que indudablemente es muy difícil en el Chile de los años en que la dictadura de Pinochet empieza a sentir los embates cada vez más fuerte de un país hastiado de violencia, represión y muertes.

La vida de este travesti es triste, porque a veces debe prostituirse por unos pocos pesos en las afueras de un cine para adultos y que de día se dedica a bordar manteles para las esposas de militares. Y en ese escenario, termina locamente enamorada de un guerrillero del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. 

Hay cambios sustanciales en esta adaptación al cine, lo que es evidente por tratarse de dos lenguajes que dialogan, pero que no necesariamente deben ser trasvasijados de modo mecánico. Acá se nota el deseo del realizador por subrayar detalles, introduciendo algunos cambios no menores -la edad de Carlos, el hecho de que sea extranjero, y que no aparezca Pinochet ni su mujer- pero que se justifican por la dinámica que tiene el filme, centrado en la idea de un encuentro imposible, trasnochado, que acaso podría ser en otro contexto.

Se mantiene eso sí el “estilo Lemebel”, su juego con los elementos reales mezclados con la estética del bolero, como sucede en la magnífica secuencia del picnic o en el cumpleaños que “La loca del frente” le prepara a su adorado Carlos. Pero toda esta historia no podría ser posible de no contar con la cautivante performance del actor chileno Alfredo Castro, en su segundo rol como “drag queen” (antes lo hizo en “El Príncipe”). Es gracias a él, a su construcción de un personaje dolido y coqueto a la vez, lleno de exageraciones y también de gestos mínimos, que el filme alcanza mayor altura y ternura.

Para el espectador local será interesante esta decisión adoptada por el director, sobre todo porque a medida que el amor de “La loca del frente” se va haciendo más intenso, este personaje entrañable comienza a cambiar, a transmutar, a hacerle cada vez favores más grandes y peligrosos al enigmático Carlos, sin darse cuenta que terminará asociada al plan del atentado contra Pinochet en el sector del Cajón del Maipo.

Pero el director tiene claro que a él no le interesa mostrar los detalles políticos (de hecho, en rigor, solo veremos una marcha contra el dictador), sino ahondar en la historia de amor y pérdida de un homosexual que sabe, aunque se mienta, que ese muchacho es apenas una ilusión.

Hay un instante en que “La loca del frente” le plantea a Carlos una verdad del tamaño de una catedral: “Dicen que no hay comunistas maricones”. Y es que, en efecto, todas las revoluciones se olvidaron de la diversidad, de los homosexuales pobres y de quienes deben vivir escondidos, apenas sobreviviendo en un momento de persecución y muerte. “Si algún día hacen una revolución que incluya a las locas, avísame. Ahí voy a estar yo, en primera fila”, le grita a su adorado Carlos, haciendo hincapié en una verdad de la que nadie puede desentenderse.

La gran actuación de Alfredo Castro, se suma a la brillante fotografía de Sergio Armstrong y a la banda sonora impecable, aun cuando Santiago pudo ser retratado de mejor modo, porque acá no figura esa distancia social que era un tema potente en la novela, pero como ya lo dijimos, es una elección del director y como tal es su privilegio como autor.

Tengo miedo torero tiene momentos notables –“La loca del frente” bailando “La pollera colorá” para Carlos- y diálogos brillantes entre ambos, lo que termina por imponerse, dejando después de los créditos esa sensación agridulce, tan propia de los amores que se tuvieron y se perdieron, los que son evocados después, tamizando todo a través de la nostalgia. El filme nos deja el recuerdo de un mantel tragado por las olas en una playa al atardecer, de un travesti viejo que sale de cuadro porque, acaso, se acabó su historia.

FICHA TÉCNICA: 

Título: Tengo miedo torero. Año: 2020. País: Chile. Dirección: Rodrigo Sepúlveda. Guion: Rodrigo Sepúlveda, Juan Elías Tovar, basado en la novela homónima de Pedro Lemebel. Música: Pedro Aznar. Fotografía: Sergio Armstrong. Reparto: Alfredo Castro, Leonardo Ortizgris, Julieta Zylberberg, Amparo Noguera, Luis Gnecco, Sergio Hernández, Ezequiel Diaz, Daniel Antivilo, Marcelo Alonso, Pedro Fontaine. Coproducción Chile-Argentina-México; Productora Forastero, Tornado, Caponeto, Zapik Films.

La película está disponible hasta el jueves 24 de septiembre a la medianoche, a través de la plataforma PuntoTicket. Esto significa que quienes compren una entrada para cualquiera de los días entre estas fechas, podrán verla en cualquier horario dentro del día en que se efectuó la compra.

 

@VictorBorquez

Periodista, escritor y Doctor en Proyectos de Comunicación

 

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