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Jueves, 10 Septiembre 2020 10:50

Mientras unos descansan en domingo, el actor de teatro cumple su sagrada misión

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Raúl Adalid Sainz

Llamó mi atención una reflexión hecha por el magnífico actor Juan Carlos Colombo a este respecto. Conocí su pensar por una pequeña publicación hecha de su parte en el Facebook en septiembre del 2018. Él decía que en un domingo cualquiera comía ligero, le tentaba el deseo de hueva de cualquier civil a su sagrado día de descanso, y entonces reaccionaba y se iba al teatro, a un esfuerzo casi de súper héroe. 

 

Al terminar sentía una gran satisfacción. El público mostró cariño y satisfacción a la obra teatral, y entonces él sentía que había cumplido una misión. Preguntaba si esto lo han sentido otros actores.

Es una reflexión oportuna y necesaria. Cuanta ignorancia existe hacia el laborar de un actor de teatro. Para el actor teatral no hay sábado y domingos, el actor va a ejercer su oficio, a desplegar su juego. Tiene efectivamente una misión que cumplir. La tarea de emitir un mensaje en torno a una reunión con el público. El teatro reúne. Son esos pocos reductos donde la gente acude a mirar, a sentir, algo que intuye que es importante escuchar. El teatro es la comunicación en vivo. De respiración en el aquí y ahora. Y eso, eso es hermoso.

En un mundo de comunicación virtual, el actor de teatro es un ángel, un emisario, así era considerado en la antigua Grecia. Alguien a quien los dioses y los hombres habían seleccionado. Aún sigue llevando a cabo esta labor angélica. Quizá porque en su ADN, y en los oídos de sus ser, prevalece el eco de aquellos histriones griegos. Por eso aunque el actor tenga hueva de un domingo cualquiera acude al teatro de su reunión con aquellos que quieren verlo, sentirlo y escucharlo. Él público que va a los teatros, muchos de ellos, quieren saber las verdades ocultas de la vida. De su vida. El teatro debe comunicar una experiencia que sea necesaria e inolvidable. La conciencia necesita de mensajes que reflexionar.

Sí, mi querido Juan Carlos Colombo, yo también he llegado a casa después de una función dominical y he sentido que mi misión de ese día ha sido satisfecha y me siento en paz, muy en paz. Me doy el gusto de cenar algo rico. Veo el juego que dejé grabado de mi querido Santos Laguna, clamo como loco los goles de mi equipo, grito, hago corajes, soy el director técnico, y si ganamos, soy el más feliz de los mortales.

Muchas veces he sentido esta sensación y nunca la había plasmado en letras, gracias Juan Carlos por motivarla en el pensar y el sentir.

La misión sagrada del actor teatral definitivamente es: que mientras unos descansan, él reúne en torno a un mensaje urgente que ha de comunicar con toda pasión y verdad. El público estará ahí sintiendo que su necesidad ha sido escuchada. Que su espejo de vida ha sido reflejado. Y entonces el actor descansará en paz, muy en paz y muy pero muy feliz.

Este escrito fue hecho antes de la peste. Hoy los actores de teatro esperamos con esperanza que todo esto se alivie para reunir en torno a un renacimiento. Hoy más que nunca debemos creer que la reunión en vivo es necesaria y urgente. Hay muchas cosas qué musitar, qué compartir para el bien de nuestras almas en vías de un vital resurgimiento.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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