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Miércoles, 26 Agosto 2020 09:42

Elegí la más bella de las profesiones: la de actor

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(A las actrices y actores maravillosos, a esas sacerdotisas, a esos Merlines en su día)

 

Raúl Adalid Sainz

Me gusta cómo suena esa palabra: actor.

Un canto de cisne antes de la muerte.

Es el amanecer que guarda toda esperanza.

 

Es la luz que desciende hecha Dios.

Actor que vive camerinos.

En sublime miedo entre bambalinas para entrar ahí a ese escenario que clama la hoguera de las pasiones.

Una vez ahí, en el escenario, en tu ser, todo es encuentro de presencia.

Es el sublime dar y recibir con el otro,

es sentir al espectador que mira su acontecer,

su suave y grave devenir del hombre.

Hoy no tengo teatro, ni cine, sólo tengo mi memoria que me hace escuchar tercera llamada, comenzamos. Sólo tengo el invento de volver a crear el set, oyendo un cámara y acción.

¿Dónde están mis compañeros de ficción? ¿Esos fraternos de la misma patria? ¿Esos mis actores?

Somos como gatos de la noche, cruzando de una lateral a otra en medio de un teatro ya comenzada la función.

Somos duendes que suscitan el hechizo.

Somos el dolor, el llanto, la vulnerabilidad, la risa, la esperanza del hombre herido.

Somos amantes sin amantes, somos asesinos sin crimen acusante, somos padres sin hijos, somos más obispos que el obispo porque sabemos que no lo somos. Somos dioses que inventan a crear los otros mundos.

Ser actor es ser Otelo y su canto por Desdémonas, es ser la duda enorme de Hamlet, es ser la magia de Próspero, es estar loco de dolor en el bosque en tempestad de un atribulado Lear, es sentir el conjuro del amor al ser Romeo, es ver a la bella Julieta hecha sol por los balcones de Levante. Es ser el Quijote luchando contra fieros fantasmas sin ver las aspas de molinos.

Somos actrices, somos actores, estamos hechos de la misma materia que los sueños.

¡Que todas las ficciones, que todos nuestros dioses, todos nuestros espíritus nos ayuden a levantar las anclas de este encierro! Sólo somos "Arieles" cautivos en las entrañas de un árbol; pronto vendrá un "Próspero" que libere a nuestro espíritu. Lo deseo y lo canto, así como un cisne que clamará la más bella pieza de la vida.

Bendito el canto del actor, porque es la partitura del hombre. Es ese ser que encarna al ser humano como un espejo del ente mismo en su vivir.

Cantemos pues en alto, es nuestro día, nuestro instante, nuestro juego en ficción de todos los instantes.

Felicidades a todos mis fraternos y queridos actores. Que Dios nos cuide y nos eleve.

Dedicado a mis tres maestros de ficción que están ahora en otro lúdico escenario: José Luis Ibáñez, Ludwig Margules y Raúl Zermeño. Dedicado también a mis tantos compañeros actores que tan bellamente me acompañaron por las veredas de los sets y de los teatros. Que en paz descanse su alma eterna de niños: Gustavo Torres Cuesta, Hebert Darien, Consuelo González Garza, Rogelio Luévano, Jorge Méndez, Claudio Brook, Julián Pastor, Jaime Humberto Hermosillo, Néstor López Aldeco, Everardo Trejo, Octavio Castro, Columba Domínguez, Nacho Chávez, Lucy Borrego, Carlos Pouliot, Miguel Ángel Ferriz, Dardo Aguirre, Virginia Valdivieso, Aarón Hernán y tantos y tantos ángeles que mi pobre memoria no alcanza a mencionarlos.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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