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Miércoles, 12 Agosto 2020 09:56

TRILOGÍA DE BAZLÁN, SUSPENSO Y MISTERIO A LA ESPAÑOLA

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El guardián invisible / Legado de los huesos / Ofrenda a la tormenta

Vale la pena darse un festín con las tres películas que Netflix tiene para los espectadores que -maratón de por medio- puede darse el gusto de verlas de un solo golpe, descubriendo y disfrutando las investigaciones de la detective Amaia Salazar, caracterizadas por sus inesperados giros, una cuota perfecta de violencia, elementos sobrenaturales y paisajes navarros que deslumbran por su belleza y seducen por sus intrigas dirigidas al corazón de los seguidores del suspenso policial, realizado con elegante estilo visual

 

Víctor Bórquez Núñez 

La Trilogía de Baztán es una serie original de la escritora vasca Dolores Redondo Meira, quien se inspiró en locaciones de su región de origen para crear esta pieza que para muchos es su consagración como escritora.

 

Toda la trilogía está construida sobre asesinatos que ocurren en escenarios sombríos, todos ellos relacionados con demonios mitológicos. 

La protagonista es Amaia Salazar, una agente de la policía que arrastra también una enigmática personalidad y que tiene que resolver estos casos, donde siempre predominan las apariencias, los giros inesperados y surgen oscuros personajes asociados a rituales, cofradías y sectas.

La trilogía literaria se inició con El guardián invisible, llevado al cine en 2017 con la dirección de González Molina. Ahí parte ese gusto por los escenarios extraños, anclados en el Valle de Baztán, singular enclave donde se dice que todavía existen personas que creen firmemente en la existencia de figuras mitológicas.

El filme está asociado a los elementos paranormales que se develan a propósito del descubrimiento del cadáver desnudo de una adolescente colocada en una posición siniestra, en las cercanías del río Baztán, crimen que se enlaza con uno anterior. Estos son los acontecimientos que provocan el retorno de la inspectora de homicidios Amaia Salazar a su tierra natal, algo que ella no deseaba.

Con este filme quedó claro que el cine español está apostando firme a dos géneros: la comedia y el thriller, sobre todo por la proliferación de películas que, usando los mejores ingredientes de esos géneros cinematográficos, conectan con los gustos de los espectadores.

Del filme destaca el cuidadoso diseño de producción, con un estilo fotográfico impecable de Flavio Martínez Líbano, que saca el máximo provecho del paisaje navarro y logra un excelente empleo de la lluvia, que se emplea como un elemento perturbador. La película, dirigida por Fernando González Molina (“Palmeras en la nieve”), no alcanza un vuelo espectacular, aunque nadie puede negar que saca un óptimo provecho de las locaciones en Elizondo. El problema que arrastra es un guion débil, demasiado apegado a la base literaria, que hace sonar muy mecánicos los diálogos y cierto vacío en el desarrollo. En todo caso, el producto final de esta película inicial de la trilogía es estimulante en el entretenimiento que provoca y en las especulaciones que provoca.

Con el filme Legado de los huesos, el acento está puesto en la crueldad y en las ansias de poder, con elementos perturbadores y situaciones sin explicación lógica aparente que, otra vez, están relacionados con leyendas mitológicas vascas.

Esta segunda novela de la Trilogía de Baztán fue un rotundo éxito de taquilla, de modo que su adaptación al cine fue muy rápida, siendo producida y filmada por Netflix. A pesar de no ser un éxito en los cines, se convirtió en uno de los títulos más solicitados de la plataforma estadounidense.

Con personajes atractivos y una historia fascinante, todo el relato fílmico está dominado de nuevo por la inspectora de homicidios de la Policía Foral de Navarra, Amaia Salazar y está directamente inspirado en un hecho criminal de la vida real que aún está siendo investigado en los tribunales de Pamplona, España.

El caso ocurrió en España, en 2011 y comienza con un hecho publicado en el periódico local: el asesinato de una bebé a manos de una secta en Lesaka (en la zona de Navarra), que revelaba una verdad oscura e inexplicable para la gente del lugar.

Ubicada temporalmente nueve meses después de la resolución de los crímenes que aterrorizaron al valle del Baztán, la vida de la detective se ve otra vez alterada por un hecho inesperado: el suicidio de varios presos que dejan una palabra escrita en la pared de sus celdas, “Tarttalo”. El hecho se vuelve más intrincado porque en ese caso está involucrada la propia madre de la investigadora.

Esta segunda película está bendecida con un guion potente de Luis Berdejo, respetuoso de la novela en la que se inspira, pero capaz de poner un nuevo punto de vista, centrando en personajes muy bien descritos y con secundarios que aportan densidad al tema.

Dirigida por Fernando González Molina, la película demuestra el nivel de deshumanización de los seres humanos, cuando se persiguen creencias y se practican ritos ancestrales, aunque esto signifique sacrificar la vida no sólo de animales, sino también de seres humanos inocentes.

Lo más destacado, desde el aspecto técnico, es la forma deslumbrante en que el director y su fotógrafo trabajan los planos de luces, el juego de colores, sacando el máximo provecho a los planos, a la claridad y la oscuridad e insistiendo en interesantes momentos como cuando la protagonista se detiene en el puente y la forma en que esta filmado el cauce del río induce al espectador a creer que el agua va a ahogar a la mujer, con todas las connotaciones que esto implica. Todo esto, sumado a un trabajo muy cuidadoso de montaje, hacen de esta segunda entrega el punto más alto de la trilogía, al menos de acuerdo a las opiniones de la crítica que cayó seducida por este trabajo fílmico. 

Un elemento no menor a destacar es que las dos películas -El guardián invisible como El legado en los huesos- fueron realizadas de manera consecutiva, lo que les confiere una óptima lógica en su continuidad y una grata cuota de suspenso y terror que se agradece de verdad.

Con todos los pergaminos de las cintas anteriores, las expectativas eran superlativas. Por ello, resulta interesante saber que Ofrenda a la tormenta, el cierre de la trilogía ha sido calificada como perfecto, enlazando las piezas anteriores, dando nuevos elementos y pistas acerca de los crímenes, todos los cuales convergen esta vez en más situaciones extrañas y la siempre ominosa presencia de individuos que quieren llevar adelante sus ideas mesiánicas.

Ahora, la inspectora Salazar investiga las muertes de varios bebés humanos atribuidas al demonio Inguma. Este ser es un ente que inmoviliza a bebés durmientes y les succiona la vida a través del aliento. No obstante, al igual que en las primeras dos entregas, el origen de las misteriosas muertes es una persona de carne y hueso. Además, Rosario, madre de la inspectora Amaia Salazar, ha desaparecido y el único rastro encontrado fue su abrigo a las orillas del río Baztán, que cruza el pueblo de Elizondo, en la Región de Navarra.

No obstante los elogios, en este cierre la dirección de Fernando González Molina queda en deuda con la historia, como también el guionista Luis Berdejo (la novela fue escrita por Dolores Redondo) ya que los personajes en la medida que avanza la trama van perdiendo fuerza y pese a que el final es insospechado, con excepción de la protagonista, hay una sensación de que falta mayor contenido e introspección para profundizar más en el mundo individual de los secundarios, cosa que se desarrolló de mejor forma en las dos primeras partes.

En resumen, la película cumple con su objetivo, pese a dejar cabos sueltos que bien podrían haber sido resueltos por el director, el guionista y la novelista, Dolores Redondo, porque debemos recordar que ella basó la Trilogía del Baztán en un caso que aún sigue abierto en la corte de Pamplona, todo lo cual les confería mucha más libertad para especular y jugar con ese inquietante suspenso que recorre toda la trilogía.

@VictorBorquez

Periodista, escritor y Doctor en Proyectos de Comunicación

 

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