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Martes, 21 Julio 2020 10:10

El subyugante Rogelio Luévano en ‘Memorias del Teatro Mayrán (hoy Garibay) en Torreón, Coahuila’

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Raúl Adalid Sainz

"Corría la liebre endiablada a la que llaman la vida", como lo dice mi amigo poeta Marco Jiménez, y vimos de repente el 1990. Era un otoño en el Mayrán y el subyugante Rogelio Luévano estrenaba: "Te Juro Juana que Tengo Ganas", de Emilio Carballido. El doctor Francisco Escalera, amante del teatro, producía y además actuaba. Recuerdo un teatro lleno. 

 

Luévano utilizó muy bien el espacio. Dotó de ritmo y tono a esta comedia que Rogelio trastocó en farsa. La volvió estridente. Jugó con el grotesco de las situaciones, magnificó el vicio de carácter de los personajes. Fue un buen experimento de Luévano porque el resultado fue óptimo y el público gozaba el verosímil y delicioso trabajo escénico. 

Recuerdo la pródiga presencia (en sensibilidad y juego corporal de gran guiñol) de Socorro Ruelas, la sensualidad infantiloide-coqueta de Elvira Richards, la grandilocuencia verbal de Víctor Rodríguez, qepd, las presencias de Marta Marina y Rosa Fátima Safa. En general el trabajo actoral era gozoso, Rogelio y Nora Manneck, su talentosa compañera, dieron directrices evidentes para el buen desempeño actoral. 

El diseño corporal de cada personaje era una de las mejores características del montaje. Hubo cocktail, esos célebres del Mayrán. Éste se evaporó, pero aún había mucho que platicar; con Rogelio Luévano las charlas eran interminables, gozosas. Era hablar de la vida amenizada en tonos de teatro.

Fuimos a mi casa. Recuerdo a Rogelio, a la actriz Consuelo González Garza, al actor Rodolfo Haro, a mi buen amigo el periodista Jorge Hernández y alguien más que las brumas del tiempo no me permiten recordar. Al entrar a casa, Rogelio dijo: "Oye Adalid, ¿no tienes algo de Elvira Ríos?", era la célebre bolerista de Agustín Lara. 

Comprendí al instante que el gran Luévano quería celebrar su noche teatral. Su deseo fue concedido. Plática, risas (las de Luévano eran inolvidables), reflexiones, anécdotas, componer el mundo en la nota teatral, canciones...en fin. La noche se extinguió y apareció la mañana en canto de avecillas laguneras. 

Hoy todo aquello es memoria. Ella traviesa vuelve a vivir recordando instantes de pleno subyugo amoroso. Al final de cuentas eso es la vida, ¿o que no?

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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