Create a Joomla website with Joomla Templates. These Joomla Themes are reviewed and tested for optimal performance. High Quality, Premium Joomla Templates for Your Site

  • Jesús Marín Fotografia
  • Bannertopprincipaluadecjulio
Jueves, 18 Junio 2020 15:17

DE FINA SELECCIÓN

Valora este artículo
(1 Votar)

 

 

TIENDA DE UNICORNIOS

 

A simple vista, este filme es una extravagancia y un trabajo a contracorriente de lo que sucede en el panorama cinematográfico, ¿Una tienda en donde venden unicornios? ¿Alguien puede con ese tema? La respuesta es sí: la actriz Brie Larson abandona el traje de la Capitana Marvel y dirige a la vez que protagoniza este trabajo que seduce y extraña, donde lo más relevante es descubrir el maravilloso camino hacia la madurez

Víctor Bórquez Núñez

Nada más extraño que el argumento del debut como directora de Brie Larson, la recordada Capitana Marvel: acá ella interpreta a Kit, una joven que tiene que regresar a su casa y volver a vivir con sus padres, luego de ser desechada de sus estudios de arte. Desanimada y sin ánimo ni para levantarse da con un anuncio de trabajos temporales donde se decía a sacar fotocopias y, en ese trance, recibe una misteriosa invitación de una tienda donde ella ha sido seleccionada para adquirir… un unicornio.

 

“Tienda de unicornios” es un filme discreto, derechamente atípico y de factura independiente, donde el primer chiste es que la ex Capitana Marvel llama a integrar a su elenco nada menos que a Samuel L. Jackson y a la siempre impecable Joan Cusack

Como suele ser sello de las películas ajenas al circuito comercial, acá no existen personajes ni situaciones llevadas al límite, nada resulta estridente e incluso el misterioso vendedor de unicornios que interpreta el inefable Samuel L. Jackson, a pesar de su indumentaria chillona y su comportamiento estrafalario, mantiene sus límites precisos.

Este filme resulta una rareza, en el mejor sentido del término, sobre todo porque tiene un tratamiento amable y al borde del surrealismo de sus temas y sus personajes, desde el extraño jefe acosador hasta el carpintero que con infinita paciencia acompaña a la protagonista a concretar su sueño: conocer a un unicornio.

Lo que más impacta es que “Tienda de Unicornios” se construye suavemente como un drama sin mayores conflictos, donde las situaciones extremas fluyen con naturalidad frente a los ojos del espectador. De este modo, Kit es una mujer común y corriente, no tiene dramas de personalidad ni ha vivido experiencias extremas o traumáticas, muy por el contrario, quiere a sus padres, los comprende en su leve extravagancia y contempla su vida como si se tratara de una paleta de colores chillones y llena de texturas.

Tal vez el gran problema de Kit es que ha quedado al margen del cauce normal dentro de su medio: perdió sus estudios de arte, busca cualquier trabajo y está obligada a vivir nuevamente con sus padres. Así, es en el fondo un paria, que está al borde de la soledad, hasta que recibe la invitación para conocer un unicornio, similar al que ella tuvo como amigo imaginario cuando pequeña de nombre Steve.

Entonces, la película adquiere un brillo y un peso diferente, sin perder un ápice su curso, porque la protagonista empieza a comprender que madurar significa dejar de lado la imaginación, por muy doloroso que esto sea. Desde esa perspectiva, Kit se da cuenta que si quiere ser considerada una más dentro de su entorno, deberá abandonar la fantasía, el mundo en donde los arcoíris existen, aunque a una de sus jefas esa palabra le cause un leve temblor de desagrado.

Es ése el tema central de esta película distinta. ¿Qué debemos hacer? ¿Madurar significa necesariamente dejar de lado el ingenio, la fantasía y la creatividad?

Todas estas preguntas fluyen en este filme, cuya estructura formal descoloca a los espectadores porque nada resulta lo suficientemente real ni tampoco lo suficientemente mágico y en este escenario los personajes secundarios (el vecino, el jefe, una amiga) aparecen y desaparecen de escena obedeciendo a un criterio bastante irregular, salvo por la muy bien dibujada relación de Kit con sus padres, que está bien resuelta y mejor retratada, sobre todo cuando ellos trabajan con jóvenes con problemas de conducta y son incapaces de ayudar a su propia hija.

Si bien no se trata de un filme perfecto -se desperdicia, por ejemplo, la relación de Kit con sus compañeros en esa extravagante oficina publicitaria-, hay una gran riqueza en las sugerencias, en los pequeños detalles, en las conversaciones aparentemente irrelevantes que tienen un peso clave a la hora de establecer el marco general en que se desenvuelve esta película tan distinta como entretenida.

Los mayores aplausos van para el nivel que alcanza el conjunto de las actuaciones, en donde se lucen Brie Larson y la siempre excelente Joan Cusack, las que comparten los momentos más emocionantes del filme, mientras que el actor Samuel L. Jackson saca buen provecho de su físico y su rostro, construyendo un personaje (el vendedor de la tienda de unicornios) que es puro delirio.

Y en el plano de la puesta en escena, hay elementos más que rescatables para considerar, partiendo por el diseño de la tienda, un guiño directo a David Lynch, hasta los programas que ve Kit por televisión, donde sobresale My Little Pony, como un símbolo de esa edad ingenua y fantasiosa en que ha quedado anclada la protagonista.

Hay una escena, con Kit en el campamento junto a sus padres, en donde ella expresa y resume con absoluta certeza el corazón de este filme tan diferente a lo habitual: “Nunca tuve una mascota. Y después de hablar con tus muñecos por tanto tiempo, quieres algo más. Quieres amor. Pero no el amor normal que se desvanece, cambia o se termina. Ese amor especial… Amor incondicional. Ahora soy adulta. Y tomé una decisión. Voy a tener un unicornio”.

Esta mera declaración marca el tono, el sentido y la característica de este filme que nada tiene que ver con lo típico que se cocina en el cine comercial estadounidense actual.

De ahí en adelante, el espectador atento comienza a descubrir pistas, sutiles, del ingreso de Kit en un mundo (o un universo) surrealista o al menos de realismo mágico, en donde ella se sube a un ascensor sin botones, comienza a conversar con sus osos de peluche o descubrir esa maravillosa tienda de unicornios donde “el vendedor” usa un traje rosa y le pregunta si puede tener en su casa un unicornio o, en su defecto, deberá construir un hogar digno para un unicornio.

Este filme se presentó en el Festival de Toronto, en septiembre de 2017, cuando Brie Larson había ganado un Óscar como actriz protagónica por “La habitación” y las opiniones fueron divididas: un sector de la crítica se asombró que ella fuera capaz de realizar una película tan naif, mientras que el otro sector aplaudía su osadía y atrevimiento por meterse en este tema a medio camino entre la realidad y los cuentos infantiles, donde ni un solo espectador se cuestiona si acaso existen los unicornios.

Bella a su manera, extraña todo el tiempo, amable siempre. Es una propuesta que debe ser visionada porque demuestra que, cuando menos, todavía hay quienes se arriesgan a hacer algo que se escapa de los moldes tradicionales y nos desafía con un filme que no deja a nadie indiferente.

"Tienda de unicornios"

Comedia dramática. EEUU, 2017. 92’, SAM13. De: Brie Larson. Con: Brie Larson, Samuel L. Jackson. Disponible en: Netflix.

 

@VictorBorquez

Periodista, escritor y Doctor en Proyectos de Comunicación

 

Desarrollado por Netstream © 2018 La Otra Plana