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Lunes, 08 Junio 2020 21:39

Mecánica Nacional: una película mayor de nuestro cine

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(In memoriam a Héctor Suárez y Luis Alcoriza)

Raúl Adalid Sainz

Muchos años han que no veía la película “Mecánica Nacional” de Luis Alcoriza. La gocé enormemente. Una película que está más vigente que nunca. Su capacidad temática va más allá del simple anecdotario. Luis Alcoriza crea un mural fársico de la conducta y axiología del mexicano.

 

Una simple anécdota, Eufemio (un mecánico y dueño de taller) va con su familia a una carrera automovilística que se dará en las afueras de la ciudad de México, en la carretera México-Cuernavaca. Esto trae la reunión de aficionados y curiosos (la mayoría) a presenciar el final de la carrera. 

Este hecho da lugar a Alcoriza para desarrollar este lienzo de situaciones de un grupo de gente que acampa durante un día para presenciar la culminación de la justa. Durante la espera se suscitarán diversos aconteceres en la vida de los visitantes. Un desenlace fatal: la muerte de la madre de Eufemio (Doña Lolita) dará un cierre estridente de humor ácido, que será clave para dar profundidad a tanto desmadre catártico.

Luis Alcoriza, actor, guionista y director, nos regala este maravilloso vestigio cinematográfico para la posteridad. Es sin lugar a dudas una de las cintas que mejor retrata en tono grotesco la conducta de nuestra raza nacional. Un campo traviesa de la espera, que se vuelve un microcosmos del pulsar de nuestra vida. De las especificaciones va a lo global, a ser un espejo de nuestra identidad.

Luis Alcoriza fue junto con Luis Buñuel un observador partícipe de la vida del mexicano. Ambos nos dejaron ver sus visiones de la conducta del mexicano. Pero no en una mirada fría sino siendo sujetos activos de un México donde decidieron asentarse siendo ellos españoles y no simpatizantes de la dictadura de Franco. Menciono a Buñuel, porque Alcoriza compartió muchas de las películas de Buñuel como actor y guionista en (“El Gran Calavera”), como guionista en “El Bruto”, “Él”, “Los Olvidados” y en “Él Ángel Exterminador”, siendo esta última quizá una inspiración para el surgimiento de “Mecánica Nacional”. 

¿Por qué?: por el encierro de días que sufre un grupo de burgueses después de una cena y no poder abandonar la residencia donde sucede el convite. Este confinamiento extraño trae a la luz una serie de conductas dislocadas propias del encierro. Esto sólo es una hipótesis, pero no sería extraño que fuera la fuente de inspiración para Alcoriza.

Lo que sí es que hizo de “Mecánica Nacional”, un sello propio, un trabajo inspiradísimo e inteligente. Una película coral que supo organizar en lógica, contundencia y precisión. Lleva su cinta a un tratamiento de farsa-cómica. Vicios de carácter acentuados, llegando a la estridencia. Nada se sale de control. Sus actores están perfectamente entonados. Se deja sentir la mano de un director dirigiendo actores. El trabajo de edición es notorio y fundamental para el éxito de la película. 

Aquí hay que señalar el trabajo de Carlos Savage quien ya había trabajado con Alcoriza en las tres “T” (“Tiburoneros”, “Tlayucan”, “Tarahumara”) amén de ser parte de grandes trabajos con Buñuel en (“Nazarín”, “Él”, “Los Olvidados”, entre otras). Extraordinario su fino corte de edición que le valió ganar el “Ariel” por “Mecánica Nacional”. El trabajo de fotografía de Alex Phillips Jr. (“Yanco”, “Canoa”, “Las Poquianchis”) digno de resaltar. 

Las imágenes detallan, significan conductas, son ecos poderosos de lo que subyace en lo que vemos. El guion de Luis Alcoriza es un mapa de relojería. Una sinfonía que se traduce al ritmo, tempo, precisión narrativa, su dirección es un espejo que causa hilaridad en el espectador. 

Espectros reconocibles como el despertar de los sentidos en una fiesta que empieza para el mexicano, cómo va subiendo la graduación emocional alcohólica, la glotonería, la cachondería que se despierta, el machismo que se exacerba con los alcoholes, el galán que se despierta, la mujer que desea hacer valer su necesidad sexual producto del olvido de los maridos, la juventud en su grito de liberación de los cánones establecidos, la honra del macho que se ve vulnerada al sentir que le han puesto los cuernos, o que su hija dio su mal paso con el novio. Así como decían los señores de antes. 

El deceso de la madrecita es la tragedia para el hijo. El símbolo materno de nuestro país trae llanto desbordado, solemnidad patética de los que rodean al doliente. Un eco de condolencias mareantes, subcutáneas. Todo culmina en un minuto de silencio grave, que desea romperse cuanto antes. El melodrama nos sale facilito. “Torito…torito”. El morbo de curiosos ante la muerte, la insana explotación del dolor por la televisión…en fin, todo lo captó de maravilla el gran Alcoriza.

Actoralmente la película es un plus gozoso de grandes actrices y actores. Vemos una Sara García que decide romper, desacralizar su imagen de la abuelita del cine nacional, para presentar una viejita de carne y hueso, glotona, que le gusta echarse sus pulquitos, que dice malas palabras, que es consentidora de su machito hijo, que tiene principios de alzhaimer, que muere finalmente de congestión estomacal. 

“Callen a esos perros”, dice al retorcerse de dolor por lo tanto ingerido y oír cantar a Lucha Villa y Gloria Marín. Estupendas ellas dos. Lucha Villa ganó el “Ariel” por su interpretación en esta película. Vemos un gran trabajo de Manolo Fábregas como el mecánico “Eufemio”. 

Rompe con el estereotipo de sus señores elegantes. Pancho Córdova como siempre en gran actor. Alma Muriel, Maritza Olivares y Fabiola Falcón extraordinarias. Dejo al final el espléndido trabajo de Héctor Suárez, un actor que sabe retratar los vicios de carácter de su personaje “Gregorio”. 

Sus rasgos de macho mexicano, su seguridad al traer su pistola, su lujuria de niño perverso con su amante “Laila” (Fabiola Falcón), el cómo la borrachera lo va ridiculizando hasta caer siendo un guiñapo y ya no poder erguirse. Al levantar el campamento los visitantes, él queda tirado de borracho como una naturaleza muerta de lo sucedido. Un actorazo Héctor Suárez. Inolvidable por su verosimilitud, su capacidad creativa para significar a sus personajes, por su sentido del humor crítico, por ser un gran traductor interpretativo de lo que observaba de la conducta de la gente.

“Mecánica Nacional” es una pieza viva de nuestro cine, esas películas donde uno vierte carcajadas por el espejo veraz de las máscaras de nuestro acontecer nacional. La película termina con la sinfonía acorde a todo lo narrado: “El Son de la Negra”, del gran Rubén Fuentes, quien hizo la música para la película. El final de cortejo fúnebre a la madrecita con las notas musicales de “La Negra”, es la carcajada del decir del mexicano ante lo contundente del acierto: “No puede ser”, yo dije en el asombro risible: “que cabrón estás Luis Alcoriza”.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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