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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 03 Febrero 2020 20:47

Recuerdo a una gran puesta en escena: "El Círculo de Cal", de Brecht, dirección Luis De Tavira

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Raúl Adalid Sainz

Ya de por sí llegar a la Compañía Nacional de Teatro es un deleite. La calle de Francisco Sosa, en Coyoacán, es una caricia a los sentidos. "El Circulo de Cal", de Bertolt Brecht, es un festín de teatro, de música, de ironía, de descorrer un telón para mostrar la vida y revelar la médula, el corazón del caminar humano. Siempre con el sentido crítico de Brecht. 

 

Las canciones, las letras, los coros, conversan cual coros griegos el sentir de los personajes. Comentan la situación y el público hace distancia para tomar una posición crítica. Cuadros escénicos que conforman una unidad: el pueblo en confrontación con el abuso, con la injusticia. Autoridades políticas, militares, clases privilegiadas sin el atisbo de humanismo. La bondad, el alma, ganando la batalla final, como único rasgo de salvación humana. Hay una esperanza después de todo. 

Luis De Tavira confirma su madurez creativa. Su profundidad. Su conocimiento al autor. Su posición crítica al tema. Su brillante manejo del espectáculo amén de la dirección actoral, con una característica difícil de lograr: llegar al corazón y mente del espectador y confrontarlo, sacudirlo. La monumentalidad asombrosa de sus pasados espectáculos va en esta ocasión a la esencia, al formato pequeño de escenografía, creando atmósferas, ámbito, un estuche que guarda una preciada joya revelatoria.

El conjunto actoral es la síntesis de la preparación de un histrión, la precisión al máximo. Talentosos, solidarios, luchando por el tema, por la obra misma. Las cuatro horas y minutos de representación habían pasado. Las luces se encendieron. La ficción había concluido. Tomé Francisco Sosa nuevamente, estaba en la realidad, más seguía confundiéndola con la ficción. Ésta aún reverberaba en mi interior negándose a dejarme. "El Circulo de Cal", giró en mi sueño esbozando una sonrisa de bondad, de esperanza, con el deseo enorme que un día un juez, como en la obra, haga justicia salomónica a este nuestro México.

Sí, el teatro mueve conciencias, es el espejo contundente que refleja la vida, donde el ser humano ve su grandeza, su miseria y su enorme fragilidad.

 

Texto escrito en febrero 3 de 2013, quise revivirlo porque quizá a una puesta en escena sólo podamos revivirla en la recreación de la memoria presente.

Luis De Tavira decía en el programa de mano de este memorable montaje que dirigió:

En la República de Grusinia estalla la guerra civil, la esposa de un gobernador asesinado sale huyendo. En su apresuramiento deja olvidado a su hijo pequeño, el heredero, que por ello será buscado tenazmente. Una cocinera que trabajaba en el palacio de gobierno sucumbe a la terrible tentación de la bondad y decide salvarlo. Inicia así una larga odisea de sobrevivencia en la que deberá enfrentar una serie de obstáculos cada vez más complicados. Al final, terminada la guerra, la madre natural del niño lo reclama, pero la mujer que se expuso a innumerables peligros para salvarlo, también lo reclama para sí. Habrá de celebrarse un juicio y en el sitial del juez está sentado un hombre extraño.

¿De quién es la tierra y de quién son los hijos? Son las dos preguntas que se entrelazan en torno a este antiguo texto chino del que partió Brecht, el poeta despiadado, para exponer la posibilidad de la bondad en medio de la miseria humana. La aproximación a una de las preguntas, ilumina la respuesta de la otra: la tierra no es de nadie. Uno es de la tierra y si la tierra es sagrada, los hijos son de quien los ama y da la vida por ellos.

El círculo de cal, es una obra que sucede durante la guerra que representa la condición permanente del desorden en que se ha instaurado un estado mal llamado de derecho, que no es otra cosa que la normalización de la desigualdad entre los seres humanos; una guerra cuyo motor es la codicia desmedida que ha provocado un estado permanente de violencia.

El personaje central de El círculo de cal, es una mujer ingenua, llena de vida y de ilusiones que sucumbió a la terrible tentación de la bondad, fue consecuente y en su extrema fragilidad halló una fuerza capaz de transformar el mundo.

Luis De Tavira.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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