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  • Jesús Marín Fotografia
Miércoles, 29 Enero 2020 10:08

Aquellos niños de la comunidad purépecha de Angahuanm Michoacán

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Festival Internacional de Cine sin Cines de Michoacán

Raúl Adalid Sainz

Cuando uno encuentra un festival cuyo objetivo es llevar educación artística a comunidades donde la cultura no llega, uno debe ponerse la camiseta del servicio. Adoptar esa palabra tan descobijada y olvidada: Dar.

 

El Festival de Cine sin Cines de Michoacán cumplió su cuarta emisión. Está dirigido por esa actriz Michoacana (de Parácuaro) que triunfó en la cinematografía hollywoodense: Elpidia Carrillo. Mujer de fuertes convicciones, que lleva los ideales del dar a sus comunidades de su estado. El conocimiento del cine mexicano y el brindar talleres artísticos que levanten la inquietud por conocer la educación sensible es el objetivo a explorar. Todo con el fin de ofrecer alternativas diferentes de vida y de motivar el estudio artístico profesional de alguno de los moradores de estas comunidades que el ambulante festival visita.

Tuve el gusto de ser partícipe activo de esta cuarta emisión. Ya había tenido el gusto de vivirlo en su primera difusión. Hoy el festival ha crecido en objetivos y en participantes. Sus metas son más expansivas en contenidos y en lugares que visita.

Todo arrancó en Morelia, en el Colegio de San Nicolás. Cuna estudiantil de Miguel Hidalgo y de José María Morelos y Pavón. Ahí el Festival de Cine sin Cines rindió un homenaje al cineasta Gabriel Retes. El cineasta charló hondamente de los problemas del cine mexicano para su exhibición y del cómo recuperar al espectador para nuestra cinematografía. Enseguida en el monumental "Centro Cultural Clavijero", la actriz Elpidia Carrillo, ofreció una clase práctica de actuación. Donde los actores que la acompañamos a este festival (Jesse Borrego, Diana Avalos, María Vargas, Moisés Miranda, Gabriel Retes, Aldo Verastegui, Oscar Flores y un servidor) participamos. Compartimos la clase con jóvenes actores de Morelia. Ejercicios de improvisación conducidos por Elpidia.

Fue en la siguiente sede, Parácuaro, donde el festival desplegó su actividad preponderante. La exhibición de cortos en un auditorio y la impartición de diversos talleres. Actuación para la cámara, producción cinematográfica, edición (con creación de un pequeño corto) y guion. Elvira Richards (quien fue homenajeada en Parácuaro por su labor como Directora de Casting) y yo dimos guion. 

Ejercicios prácticos de cómo escribir un argumento. Una pequeña historia que derive en un guion cinematográfico. En una escuela secundaria, en una cancha de basketball del patio central ofrecimos nuestra exposición. La consecuencia final era que cada grupo leyera su historia creada. Una satisfacción enorme esa clase. Aún recuerdo a una pequeña niña, Victoria de nombre, que nos leyó una corta obra de teatro sobre el cómo estamos acabando con el agua y su preocupación de niña al respecto. 

Nadie me dice que escuché quizá a una futura Elena Garro de la dramaturgia. Por qué no. Tuve el gusto además de leer a los alumnos un capítulo de mi libro "Historias de Actores". La historia de su paisana Elpidia Carrillo.

La siguiente estación fue Angahuan. Enclavado en la meseta purépecha. Zona boscosa. Ahí, en la noche de inauguración, los niños vieron cortos de caricaturas y enseguida cortometrajes para todo público. El lugar de proyección: La plaza central.

Al día siguiente, por la mañana, ofrecimos talleres. Elvira Richards y un servidor vivimos una clase fabulosa de sensibilidad artística. Dimos el taller a niños purépechas muy receptivos, atentos, partícipes y cariñosos. Los temas a explorar: Concientización del espacio, juegos de expresión corporal, estimulación de la imaginación, y creación de una pequeña obra de teatro. 

El argumento fue: El bosque como una oportunidad de vida. Su nacimiento, su presencia, su asesinato, y una segunda oportunidad para él y para nosotros. Les dije parafraseando un texto que realicé como actor de la obra teatral "El Corazón de la Materia": "El bosque no es de nadie, nosotros somos del bosque". Una parte de la obra sucedía en Cherán. Aún recuerdo las risas de esos niños. Su cariño. Su candidez de recibir con amor lo entregado. Eso no tiene nombre en el agradecimiento que Elvira y yo recibimos.

Las siguientes estaciones de la meseta purépecha fueron Arantepacua y Cherán. Enmarcados por esos bosques y por el cariño de los oriundos se realizó la misma labor. Cine sin cines, en las plazas, talleres, risas, disposición, entrega, pasión. Y la solidaridad del trabajo comunitario: Pasar la noche en Arentepacua con gente del lugar que amablemente nos abrió las puertas de su casa. Cruzar el umbral hacia la humildad.

Todo terminó en Cherán. Sitio de magia solidaria. Ahí donde no hay más ley que la de usos y costumbres del lugar. Magia Purépecha en "Flor de Canela". Sí, así como esa pirueka (canto tradicional purépecha) que cantaba en "El Corazón de la Materia", ya mencionado. A Cherán lo conocí primero por imaginación en la labor creativa actoral. Al conocerlo físicamente la noche del primero de junio me hermané con él para siempre.

Retornamos a Morelia la mañana del dos de junio enmarcados por esos bosques que son un canto de vida llena. Aún llevo tu olor a pino. Tu esencia verde en mis ojos. Tu bailar de ramas en mi ritmo de latir.

Gracias a este festival por darnos la oportunidad de encontrar a gente deseosa de vivir lo que a uno le gusta: la manifestación artística. Gracias a esos moradores por todo lo enseñado. Gracias porque sentir que aún podemos cambiar el mundo con voluntad, aún es posible. Gracias porque aún podemos asombrarnos con la risa y el cariño de un niño purépecha, que posee lo que nosotros hemos perdido: la capacidad de ser feliz con lo pequeño, con la vida misma en su total desnudez de sencillez.

Gracias a todos los compañeros con quienes compartí esta fundamental aventura y que será de más valor al paso constructor humano de la memoria.

Por todo México debería de transitar el ejemplo del "Festival del Cine sin Cines de Michoacán". Un vibrar de trabajo en una verdadera transformación espiritual. Este mayo del 2020, Elpidia Carrillo, ya anunció el quinto festival, que visitará otras comunidades michoacanas.

PD: Un agradecimiento muy grande a Víctor y Ambrosio, nuestros choferes conductores por los caminos de México y Michoacán. Dios los bendiga siempre.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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