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  • Jesús Marín Fotografia
  • 7aniversariolaotraplanabanner
Domingo, 01 Diciembre 2019 11:42

Hubo un director teatral que plasmaba en el escenario poesía: Julio Castillo

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(Aquí un recuerdo a una puesta que fue memorable: ‘Armas Blancas’)

 

De mi libro " Historias de Actores", te comparto este gajo de vida. Lo puedes adquirir en la librería "Paso de Gato", junto al Teatro Coyoacán.

 

Raúl Adalid Sainz

Julio Castillo: hablar de ese señor es tomar primero un respiro. Es hacer un retiro espiritual. Es hacer un viaje por el mundo de la memoria. Es organizar ese mundo de imágenes poéticas en periplo que a la distancia cobran vida enorme. 

 

La retrospección inicia por aquellas escaleras que descendían al sótano del "Teatro de Arquitectura" en la UNAM. El hoy llamado "Carlos Lazo". La obra: "Armas Blancas", de Víctor Hugo Rascón Banda. Aquel inmenso lugar con olor a moho me trae uno de los más conmocionantes recuerdos de experiencia teatral. 

Aquel espacio hablaba, los objetos cobraban vida (en este caso las armas blancas.) Un espectáculo compuesto por tres obras cortas. Las tres terminaban en finales trágicos. La dirección de actores era magnífica. Con esta obra se rompió el mal mito que profería que la carrera de "Literatura Dramática y Teatro" no daba buenos actores. 

Julio Castillo creaba atmósferas que cubrían los espacios de un halo hechizante que hablaba, creaba metáforas escénicas, había un clima, un ritmo, un tono, un material perfectamente compuesto y organizado. 

Al llegar los espectadores a las gradas improvisadas, los actores de la primera obra (El Abrecartas) ya estaban en acción. Pequeños movimientos silentes que daban vida a la obra que ya había comenzado antes de dar tercera llamada. Una sinfonía estaba principiando. 

Cómo olvidar (en la obra referida) aquella imagen al fondo de escena con aquellos inodoros, tres burócratas leyendo revistas mientras defecaban, era la metáfora de una sociedad execrable ¡Que recuerdos! Aún veo a Gonzalo Blanco y Paco Bueno, actores de la obra "La Daga", en aquella regadera que se llenará de sangre, en un loco y sísmico asesinato. 

Veo aquella burócrata de Lupita Sandoval, la negra y larga cabellera de Lilia Sixtos, la memorable recreación del mudo de José Luis Domínguez. Pero ante todo: veo a un mago transformando un espacio, veo al teatro convertido en poesía, veo a ese Merlín escénico llamado: Julio Castillo.

El tiempo pasa y me digo: Que privilegio tuvimos aquellos que vivimos el teatro de vida que Julio nos ofrendaba. Ahí se conocía orgánicamente eso que llaman catarsis. Ahí se sentía a la realidad traducida maravillosamente en una ficción creativa.

 

Nota: La acentuación de la atmósfera lumínica fue del maestro Alejandro Luna. Un verso portentoso en ese memorable poema escénico. Julio Castillo dio fin a su poemario teatral en septiembre de 1988. QEPD.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de este México Tenochtitlan

 

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