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Viernes, 04 Octubre 2019 08:42

GUASÓN

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Una película impactante en su estética, tratamiento sonoro y en sus repercusiones, cuyo protagonista, Arthur Fleck, es un payaso de pelo verde, traje rojo, camisa verde y chaleco amarillo que, sin premeditarlo, se alza como un icono anti capitalismo y anti sistema, en una Ciudad Gótica que simboliza a la perfección la decadencia del imperio americano. Brillante filme que se alza como uno de los estrenos indispensables del presente año y entrega un trabajo actoral excepcional de Joaquin Phoenix, metido en piel y alma en la mente fracturada del Guasón

Víctor Bórquez Núñez

El protagonista de Guasón (Joker) es un tipo herido, abusado desde la infancia, que sufre la humillación y el maltrato de los habitantes de una sociedad en decadencia que, no por mera casualidad, sobrevive un paro de los recolectores de la basura, situación que la ha transformado en una ciudad sucia, plagada de ratones. En su físico esmirriado y en sus heridas internas, es un tipo que está a punto de estallar, dando origen a uno de los personajes más siniestros que se enfrentarán a Batman, años más tarde.

 

Ese Guasón que parte como payaso triste y se alza como icono de la locura desatada es el polémico protagónico del estupendo filme dirigido por Todd Philips, un anti héroe absoluto, cuya maldad futura tiene un origen concreto y entendible: él es un actor fracasado, un hijo abusado, un tipo que trata de lograr -sin conseguirlo- algo bueno en qué trabajar y que va cayendo en una espiral delictual que mina su débil base psicológica.

“Guasón” es un filme que angustia por su crudeza, que parte dando un fuerte golpe a los espectadores desconcertados con la madurez y brillantez de su puesta en imágenes.

El problema central es que Arthur Fleck sueña con ser un comediante y prueba suerte en un stand up, pero nadie entiende su humor y las burlas y pifias no se dejan esperar. Se supone que él debería ser gracioso para convertirse en un comediante, pero arrastra una extraña enfermedad: no logra contener los excesos de risa en los momentos más inoportunos y, además, un evidente deterioro mental que tiene raíces más profundas de las que creemos.

Por tales circunstancias, Arthur se gana la vida como payaso en eventos y diversas presentaciones y hasta llega a promover rebajas en la puerta de una tienda, donde comenzará su desgracia.

Como corolario simbólico, Arthur debe subir día tras día una empinada escalera que conduce al departamento que comparte con su madre, un lugar sucio, a mal traer, donde se esconden demasiados secretos y en donde casi siempre predomina la oscuridad. Esa escalera recalca todo lo que debe sufrir día a día, el esfuerzo que debe hacer para llegar hasta la cima, aunque ello implique internarse por los caminos del Mal.

Con un inteligente montaje, el director nos va internando por el laberinto mental de Guasón, sorprendiéndonos con la pesadilla que vive y con las fantasías que se inventa como una manera de poder sobrevivir en un ambiente decadente, violento y grosero.

Y lo alarmante es que es el propio protagonista que busca ayuda, sin encontrarla, clama por respuestas que nadie le entrega y pide ternura en las personas menos indicadas, donde un enano termina siendo el único ser que alguna vez le tendió la mano, un ser tan herido física y emocionalmente como él.

Para entrar en la mitología del cómic, la película transcurre en una ciudad dominada por el déspota y multimillonario Thomas Wayne -el padre de Bruce, luego Batman-, quien se postula como alcalde. Guasón se enfrenta a este tipo poderoso con la ilusión de encontrar la clave de su existencia y recibe un golpe de respuesta: sabremos que este dato no es menor, ya que está en ciernes la enemistad del Guasón con Bruce-Batman.

Pero el acento no está en el itinerario típico de las películas de superhéroes de moda, nada de eso. Al director Todd Phillips le importan otros temas: el nacimiento de un ser demente, fruto de su constante agonía en una sociedad ahogada en su propia basura (literal y metafórica). Es un drama terrible, potente, sin retorno y sin concesiones a nadie, ni siquiera a los fanáticos de la saga de Batman.

Curiosamente, las relaciones directas de este filme están en el universo del director Martin Scorsese, en especial con dos de sus obras maestras: “Taxi Driver” y “El rey de la comedia”, todo esto subrayado por la presencia del mismísimo Robert De Niro, como uno de los personajes clave con que se enfrentará el Guasón.

Mención aparte es la impresionante performance de ese gran actor que siempre ha sido Joaquin Phoenix: él está presente prácticamente en cada una de las tomas y su trabajo actoral es tan apabullante que implica transformación física, trabajo de desplazamiento y manejo de la forma en que mira a la cámara, transmitiendo emociones tan genuinas que esta película se apoya y debe su estatura a su muy notable interpretación, superando desde luego las de César Romero, quien le dio vida al Guasón en la serie de TV; Jack Nicholson en el Batman de 1989 y el desaparecido Heath Legder, quien lo dotó de un potente realismo psicológico.

En su inteligente estructura, “Guasón” es una evidente crítica a la deshumanización del sistema capitalista deshumanizado, un homenaje al cine de Martin Scorsese, con reminiscencias también a la potente “Atrapado sin salida”, de Milos Forman (1976), la película supera con creces la simple denominación de “cinta de superhéroes”, que no lo es, y se alza como un drama lleno de significaciones que, no por nada, se ganó el aplauso de la crítica y el León de Oro a Mejor Película de Venecia.

@VictorBorquez

Periodista, escritor y Doctor en Proyectos de Comunicación

 

 

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