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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 01 Abril 2019 10:08

Quién Teme a Virginia Woolf

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(Todos somos George, Martha, Nick y Honey)

 

Raúl Adalid

Cuando sales del teatro estrujado, zarandeado emotivamente, con la conciencia despierta, alerta, precautoria, interrogante a lo que has caminado, es que la experiencia teatral ha cumplido un objetivo mayor.

 

Así viví la extraordinaria puesta, “Quién Teme a Virginia Woolf”, el inquietante espectáculo de Laura Almela, Daniel Giménez Cacho, Pedro De Tavira y Ana Clara Castañón. El texto es del gran dramaturgo norteamericano Edward Albee. La traducción de Víctor Weinstock.

La relación rota de matrimonio entre George y Martha. Dos seres desgastados por la vida. Naufragando en la dependencia alcohólica y de necesidad enferma de ambos. Incapaces de salir de su propia trampa de dolor y de fracaso mental y emotivo. Sus juegos perversos los llevarán a un hundimiento mayor hasta tocar el fondo.

Los otros visitantes a este pantano serán Honey y Nick. Pareja joven que asisten a una reunión en casa de George y Martha después de una fiesta universitaria donde laboran los dos varones. George y Martha poco a poco los envolverán en una serie de lúdicas perversiones llamadas juegos. Nick y Honey serán testigos partícipes de la destrucción pública de la pareja de cincuentones. La joven pareja irá viendo errores presentes de su relación en el espejo terrible de vida de George y Martha. Lo peor es que vislumbrarán su próxima vida de pareja en el desgaste codependiente alcohólico y emocional del matrimonio veterano.

El montaje es un viaje al submundo, al desgarrador enfrentamiento humano con su animalidad destructiva, con su dolor y miedo profundo, con su revancha a la vida, con el gritar la miseria atacando al prójimo. Edward Albee no tiene concesiones. Ahí reside la grandeza de este texto clásico del realismo norteamericano. Una tragedia moderna donde un problema ético y moral está más vivo que nunca. El texto nunca envejece. Los seres humanos estamos condenados a repetir los vicios de carácter; los valores, los sueños, los deseos, confrontados con la vida. Las huellas de la derrota marcarán rumbos. El alcohol una fuga necesaria y de rumbo directo al inframundo del dolor.

El espectáculo, porque en realidad lo es, esta fiesta macabra del especimen humano, es recreada magistralmente por los cuatro histriones. La dirección es conjunta. Lo cual produce una serie de interrogantes. ¿Cómo fue el proceso de trabajo? La actoralidad es soberbia. Laura Almela está maravillosa. Recreando en diversos matices, en distintos planos de realidad su enorme dolor. Las máscaras de pasaje en viaje a su inframundo son consternantes. Un nudo en la garganta. La solvencia de Daniel Giménez Cacho es manifiesta. Parece que no sucede nada pero el actor, su personaje, viven un sacudimiento interno notorio. Pedro De Tavira hace un gran trabajo. Su paso primero envestido del lado mustio y correcto revelará paulatinamente a un animal terrible que ha guardado con esmero su precautorio disfraz de científico universitario. Extraordinaria la evolución actoral de Pedro. Mi querida Ana Clara Castañón, está sublime en su trabajo de Honey. El paulatino viaje de duda existencial de su personaje se irá acentuando al paso de las macabras horas alcohólicas en casa de George y Martha. Muy buen trabajo de inmersión emotiva de la talentosa Ana Clara.

Salí del “Teatro El Milagro”, con la vida atorada. ¡Qué viajes tan potentes y escalofriantes puede producir el teatro cuando está hecho con todo rigor organizativo! Cuando hay trabajo conjunto que se traduce en talento, pasión y dedicación.

Sólo queda decir gracias Laura, gracias Daniel, gracias Pedro, gracias Ana Clara.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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