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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 04 Febrero 2019 16:12

Recuerdo a una gran puesta en escena: "El Círculo de Cal", de Brecht, dirección Luis De Tavira

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Raúl Adalid Sainz

Ya de por si llegar a la Compañía Nacional de Teatro es un deleite. La calle de Francisco Sosa, en Coyoacán, es una caricia a los sentidos. "El Circulo de Cal", de Bertolt Brecht, es un festín de teatro, de música, de ironía, de descorrer un telón para mostrar la vida y revelar la médula, el corazón del caminar humano. 

 

Siempre con el sentido crítico de Brecht. Las canciones, las letras, los coros, conversan cual coros griegos el sentir de los personajes. Comentan la situación y el público hace distancia para tomar una posición crítica. 

Cuadros escénicos que conforman una unidad: el pueblo en confrontación con el abuso, con la injusticia. Autoridades políticas, militares, clases privilegiadas sin el atisbo de humanismo. La bondad, el alma, ganando la batalla final, como único rasgo de salvación humana. Hay una esperanza después de todo. 

Luis De Tavira confirma su madurez creativa. Su profundidad. Su conocimiento al autor. Su posición crítica al tema. Su brillante manejo del espectáculo amén de la dirección actoral, con una característica difícil de lograr: llegar al corazón y mente del espectador y confrontarlo, sacudirlo. 

La monumentalidad asombrosa de sus pasados espectáculos va en esta ocasión a la esencia, al formato pequeño de escenografía, creando atmósferas, ámbito, un estuche que guarda una preciada joya revelatoria.

El conjunto actoral es la síntesis de la preparación de un histrión, la precisión al máximo. Talentosos, solidarios, luchando por el tema, por la obra misma. Las cuatro horas y minutos de representación habían pasado. Las luces se encendieron. La ficción había concluido. 

Tomé Francisco Sosa nuevamente, estaba en la realidad, más seguía confundiéndola con la ficción. Esta aún reverberaba en mi interior negándose a dejarme. 

"El Circulo de Cal", giro en mi sueño esbozando una sonrisa de bondad, de esperanza, con el deseo enorme que un día un juez, como en la obra, haga justicia salomónica a este nuestro México.

Sí, el teatro mueve conciencias, es el espejo contundente que refleja la vida, donde el ser humano ve su grandeza, su miseria y su enorme fragilidad.

 

Texto escrito un febrero 3 de 2013, quise revivirlo porque quizá a una puesta en escena sólo podamos revivirla en la recreación de la memoria presente.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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