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  • Jesús Marín Fotografia
Miércoles, 30 Enero 2019 19:49

Roberto Gavaldón un cineasta mexicano adelantado a su época

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Raúl Adalid Sainz

He querido escribir sobre Roberto Gavaldón porque al hacer consciente su quehacer grande cinematográfico, me di a la tarea de ver por orden cronológico algunas de sus grandes obras fílmicas.

 

Su gramática cinematográfica, rica en matices, me hace viajar en “La Barraca”, película filmada en 1945. Adaptación a la novela del español Blasco Ibáñez. La estética en sus variadas tomas es notable. Un mapa formal en emplazamientos, con una característica: Belleza y contenido. Un cine rural donde la maldición y la maledicencia de un pueblo están presentes. Un melodrama con dos fuerzas antagónicas en pugna: La difamación, el rechazo, contra la dignidad.

Las imágenes son una unión emotiva entre la naturaleza y el acontecer del hombre. La película significa el inicio de carrera formal de Gavaldón. Mostrando una crítica contra el que odia al forastero. Una mirada aguda contra la maldad e intolerancia humana. La toma a Domingo Soler en los surcos del campo es de una maestría notable, una imagen poética y potente. El ser humano dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias por su derecho a vivir en dignidad.

En 1946 filma “La Otra”, un guion del propio Gavaldón y la colaboración del gran escritor José Revueltas. Esta unión fílmica será fundamental en la carrera del cineasta. El buen quehacer cinematográfico estará sostenido por un guion que dará orden y contenido.

En esta película veremos una de las preocupaciones artísticas fundamentales de Gavaldón: La suplantación. Dos hermanas gemelas viven realidades opuestas: una es rica y halagada toda la vida, la otra una empleada, opacada por su hermana, vive en condiciones difíciles económicas. Por una buena ejecución verosímil en guion, la hermana pobre mata a su hermana privilegiada y decide tomar su personalidad. Los avatares de la vida de su hermana tomarán poder y marcarán la fatalidad de la suplantadora. Las tomas finales en la cárcel son la magnitud misma. La adversidad gigantesca. Los claro-oscuros y atmósferas darán clima, metáfora poética cinematográfica de la situación imperante. Dolores del Río llevada al melodrama mismo, pero bien dirigida por Gavaldón. Lo anecdótico y la explosión sentimental se sostienen.

En 1947 filma “La Diosa Arrodillada”. La fatalidad, la pasión, son duendes burlones que se apoderan de la razón de los personajes. Otro guion de Gavaldón y Revueltas. La narrativa cinematográfica es notable. Aunque no fue de mis favoritas. Nunca he sido admirador del trabajo de María Félix, protagonista de esta historia. Pero ese es asunto subjetivo de acuerdo a mis gustos actorales.

En 1950 dirige “La Casa Chica”. Una historia interesante, un melodrama bien construido. El ideal enfrentado con el deber, con los principios, con el chantaje sentimental. Una paradoja que tiene una víctima: el amor.

Un guion muy bien elaborado por Gavaldón y Revueltas. Muy buena química actoral entre Roberto Cañedo y Dolores del Río. Nuevamente la narrativa cinematográfica de Gavaldón reluce. El contenido profundo de la historia gana a lo anecdótico. El amor y los ideales de una pareja son la razón ante la sinrazón y el egoísmo.

En 1950 llegamos quizá a lo mejor de la cinematografía de Gavaldón: La tragedia rural; “Rosauro Castro”.

En el término de doce horas vemos el poder y descenso de un cacique. Rosauro Castro es la furia del poder que se desboca. Es el pecado de soberbia castigado por el cosmos. Un gran guion de Revueltas y Gavaldón. Con una toma de posición: Ninguna tiranía es eterna.

Magnífico trabajo actoral de Pedro Armendáriz. En México actualmente hemos perdido esos actores de esa gran fuerza viril. Cinematográficamente hay una toma interesantísima: La madre del candidato a la presidencia asesinado por Rosauro, enfrenta al cacique en la calle nocturna, afuera del velatorio de su hijo. “Tienes miedo de una madre”, dice ésta en la rabia y angustia, Rosauro recula con el caballo, ella dice en el dolor: “Asesino…asesino…asesino”.

Extraordinaria tragedia cinematográfica mexicana. El tema es lo fundamental, ya no lo anecdótico. Personajes complejos. Unidad de lugar, tiempo y acción. En menos de veinticuatro horas todo el devenir acontece. Así como en las clásicas tragedias griegas.

En 1951, Gavaldón logra una magnífica dirección con “En la Palma de tu Mano”. Un thriller melodramático que se sostiene. Muy bien construido por José Revueltas y Roberto Gavaldón. La noche es testigo de un casi crimen perfecto. Las pasiones, la ambición desatada. La conciencia que apaga el fuego incandescente. La narrativa cinematográfica es prodigiosa. Las atmósferas, las locaciones, son de una precisión que habla, que da clima. Una fotografía llena de detalles y matices formales de Alex Phillips. “Karin”, es un mago, personaje creado por el profesor Jaime, interpretado en el misterio por Arturo de Córdoba. Nuevamente los personajes que se adueñan de la voluntad y mente de la persona. Leticia Palma es cautivantemente hermosa y seductora con su Ada Romano. ¿Dónde quedaron ese tipo de presencias en la pantalla cinematográfica mexicana?

“La Noche Avanza”, 1952, un extraordinario thriller donde la narrativa se desarrolla notablemente. Otro gran guion de Revueltas y Gavaldón. La película cuenta la caída inesperada del astro de pelota vasca “Marcial El Amo”, interpretado espléndidamente por Pedro Armendáriz. Una crítica magistral a la falta de valores, al éxito y ambición, al dinero como trono principal de vida. La película en su última secuencia es la ironía. “Marcos” y su cartel publicitario, tirado en el piso, es orinado en la mañana por un perro. Es arrojado a la basura y vemos como fondo el “Monumento a la Revolución”.

Formalmente la película es impecable. Gran manejo del suspenso, de las atmósferas que son eco de la situación, la cámara es testigo y narra elocuentemente en el detalle. La noche es un personaje fundamental. Su presencia es constante e inquietante. Muy bien construidos e interpretados los personajes dentro de lo que es un melodrama. La exposición alta de sentimientos.

En 1952, Gavaldón hace una película que es una de mis consentidas dentro de la filmografía del cine nacional: “El Rebozo de Soledad”. El hombre que se haya a sí mismo. Que es fiel a sus ideales y principios. Ese que decide permanecer íntegro pese a todos los pesares. Aquel que es capaz de vencer al egoísmo, el que sucumbe y sale ileso y sabio del pantano mezquino. Estas parecen ser una de las búsquedas fundamentales de Gavaldón y de Revueltas. 

El amor a la humanidad, representado esto por el “Doctor Alberto Robles”, Arturo de Córdoba, y el “Padre Juan”, interpretado por Domingo Soler. Son referentes ambos personajes de la esperanza en el ser humano y en la vida. Dos seres maravillosos de nuestro cine. Aquí en esta cinta aparece una gran actriz que interpreta a Soledad: Stella Inda. Extraordinaria. Dos años antes esta soberbia actriz filmaba “Los Olvidados”, de Luis Buñuel, como la madre de Pedro.

Volviendo al “Rebozo de Soledad”, la fotografía que es un detalle maravilloso, es construida por Gabriel Figueroa. Hace de la imagen un personaje activo.

“El Niño y la Niebla”, de 1953, es una magnífica adaptación a la obra teatral de Rodolfo Usigli. Edmundo Báez y Gavaldón se dan a la tarea de adaptar cinematográficamente la obra Usigliana. Gran narrativa fílmica. Toda una superproducción. Película cara. Toda una gramática formal en tomas. La cámara cuenta en la precisión, monumentalmente, y en la intimidad.

Gavaldón narra en el misterio. La noche es un personaje que amenaza, que grita en la desesperación, en el miedo y en la soledad. Grandes atmósferas consigue esta película. La locura es un personaje que amenaza como fantasma a Marta, Dolores del Río, ganadora del “Ariel” por esta cinta.

Al final la fatalidad, personaje constante en el cine de Gavaldón, aparecerá contundente. Sólo hay una solución para la paz del alma: La humanidad y el amor. Muy buen trabajo dentro del melodrama de Dolores del Río y Pedro López Lagar, el niño Alejandro Ciangherotti es notable en su trabajo actoral.

En 1961 llega una película adelantada a su época: “La Rosa Blanca”. Cinta que va más allá en su crítica al voraz capitalismo representado por las compañías petroleras norteamericanas. Hoy que Venezuela sufre una amenaza de golpe de estado, la presencia gringa se postula como salvadores de la democracia y el respeto a la dignidad humana. Su verdadero fondo es el interés por el diablo venero del petróleo. Pues de eso habla “La Rosa Blanca”. El nacionalismo basado en el amor a las raíces, al trabajo, a la tierra como respeto de dignidad soberana. El voraz capitalismo se burla de los ideales, del humanismo. Lo que importa son los dólares.

Gran adaptación en guion cinematográfico de Gavaldón y Emilio Carballido a la novela homónima de Bruno Traven. Fotografía estupenda de Gabriel Figueroa. Once años vetada por el gobierno mexicano, por algo fue.

En 1963 Gavaldón hace una película extraña, melancólica, inquietante: “Días de Otoño”. ¿Qué es el amor? ¿Algo real? ¿Algo que inventamos? La invención de una vida mejor es la que concibe Luisa, protagonista de esta historia. Una provinciana triste, fantasiosa, con enormes deseos de amar y ser amada. El guion es adaptado cinematográficamente por Emilio Carballido y Julio Alejandro, a la novela “Frustración” de Bruno Traven.

Una vez más a Gavaldón le interesa la otra vida que concibe un ser humano para sí. Los sueños, el ser alguien floreciente dentro de la hojarasca caída del otoño. Luisa en su propia fantasía es engañada, dejada plantada por el galán que creyó le daría felicidad. La narración de fantasía de Luisa a cómo conoció a Carlos, su prometido, es recreada maravillosamente en imágenes por Gavaldón. 

Una ciudad de México devorante es el marco terrible que cubre a una alma frágil como la de Luisa. Ver a Pina Pellicer,(Luisa), corriendo en el desengaño de la no boda, por un puente peatonal de Periférico, vestida de novia, es acojonante. El ramo de novia cae en su triste gravedad al asfalto del cruel cotidiano automovilístico de la ciudad. Las luces de neón nocturnas son testigos melancólicos de las ensoñaciones no existentes de Luisa. Una vez más la noche avanza sobre los personajes atribulados de Gavaldón. Él hace de la noche una presencia que acompaña, que es casi un coro griego que comenta el devenir del personaje.

El personaje de Luisa es dificilísimo interpretativamente hablando, la espléndida actriz de grandes registros emotivos Pina Pellicer lo hace excelso. La fotografía de Gabriel Figueroa es un arte, una sugerencia a imaginar un mundo. Gran película de Gavaldón.

En el año de 1964 irrumpe folclórica, profunda e iluminada: “El Gallo de Oro”. Tres talentos literarios en el guion: Rulfo en el argumento, Carlos Fuentes y García Márquez en la adaptación a guion cinematográfico.

Una narrativa cinematográfica enmarcada de grandes planos, de close ups, de planos medios, de cámara que gira sobre los personajes. Atmósferas que hablan como ecos sugerentes. La gramática cinematográfica de Gavaldón corre en adelanto del narrar. Cuenta en esta película con tres grandes actores: “La Caponera”, Lucha Villa; “Benavides”, interpretado en la fuerza dramática de Narciso Busquets, y la honda actuación de Ignacio López Tarso para el gallero “Dionisio Pinzón”.

Gavaldón retrata magníficamente esta historia de azar y destino. De ferias como pulsar de suerte para muchos. El mexicano juega la vida a águila o sol. Nuevamente Gabriel Figueroa hace un poético y preciso trabajo fotográfico. Película a color. El estilo anterior experimentado sufre un cambio en impresión. Ni malo ni bueno, simplemente diferente. Un camino estético a explorar.

Dejo al final de este viaje cinematográfico para una de las grandes películas del cine mexicano: “Macario”, 1960. Una adaptación cinematográfica de Emilio Carballido y Gavaldón al libro homónimo del escritor alemán Bruno Traven. 

El pobre campesino Macario tiene un sueño: comerse un guajolote entero sin convidar a nadie. Casi lo logra pero tendrá que compartir con alguien muy especial: La muerte.

Un trabajo impecable narrativo de Gavaldón, conjuntado en la espléndida fotografía de Gabriel Figueroa. Nuevamente el trabajo de atmósferas es notable. Son presencias que atestiguan, que comentan. Las grandes tomas fotográficas contrastadas por los planos medios y de acercamiento son un poema visual cinematográfico. Taxco se adentra como tejido en las pupilas de los ojos. La narrativa formal posee contenido. Se logra el suspenso, el misterio, las distintas emociones que vive el universo de Macario.

La cinta cuenta con grandes interpretaciones, pero hay tres actores notables que son un referente para esta universal película: Pina Pellicer como la mujer de “Macario”, Ignacio López Tarso como “Macario”, y Enrique Lucero como “La Muerte”.

Película nominada al “Oscar” para mejor película extranjera. No ganadora. “Macario” y Gavaldón conquistaron el corazón perpetuo de muchos espectadores con este sueño hecho realidad de nuestro cine.

Este recorrido fílmico me lleva a decir en el vuelo hacia el pasado presente, que Roberto Gavaldón es un cineasta que hechiza, que hace al espectador sentir y pensar. Que lo emociona. Que lo transforma. Un talento adelantado a su tiempo.

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan. 30 de enero de 2019

 

 

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