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  • Jesús Marín Fotografia
Miércoles, 12 Diciembre 2018 13:41

‘La Exageración’

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(Sin teatro es imposible vivir: Anton Chéjov)

 

Raúl Adalid Sainz

"Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece", así lo dice Borges, y es cierto. La memoria resucita ayeres olvidados.

"La Exageración", es una obra teatral que habla de ese amor irrefrenable al teatro. El actor que ama su ejercicio, es un preso amante irredento del escenario. Este lugar es su casa. Los personajes: Los ecos de Dios que se susurran.

 

La memoria en transmisión verbal del actor teatral son murmullos inconexos de Shakespeare, de Chéjov, de Muller, de tantas y tantas voces inventadas por quién sabe qué dramaturgos.

Esta metafísica es interpretada maravillosamente por el querido actor Mauricio Davison. Histrión referente en la historia de nuestro teatro mexicano.

A Mauricio lo recuerdo como actor de Juan José Gurrola. Aún vivo su interpretación de Howard Hughes en la obra "Espejos". Su "Baal" de Brecht, a dirección de José Luis Cruz.

Lo conocí personalmente en el año 1991, en una malograda obra que no alcanzó a estrenarse, "Los Biombos", de Jean Genet. Terminamos haciendo una pastorela de José Joaquín Fernández de Lizardi, con dirección de José Luis Cruz.

Mauricio interpretaba al demonio. Una angelical y gauchesca actuación para aquel simpático chamuco. Las pastoras caían rendidas ante los encantos tanguescos de Davison. Nos divertimos como enanos.

El lunes 10 de diciembre de 2018 vi la actuación de Mauricio en "La Exageración", de David Olguín, a dirección del mismo David, y acompañado Davison en la actuación por la joven actriz María del Mar Náder Riloba.

Una obra que viaja a las entrañas del teatro mismo. En especial al mundo del actor y su confrontación con él mismo y con su realidad. David Olguín escribe un gran texto que muestra lucidez y conocimiento en la materia a tratar.

Una discusión se presenta entre los dos actores. Él, un viejo actor que representa el teatro mexicano que creó una vanguardia referencial de prestigio. Ella, una actriz joven con toda la angustia y la ira de vivir un mundo que parece alejado de la profundidad, de la verdad del acontecer del ser humano. 

Actores jóvenes a los que no les queda otro remedio que ser paladines de las series televisivas, y ser carne de cañón del desempleo, ante tanta demanda actoral y el muy poco mercado de trabajo. Esto frustra a cualquier ser. El negro ácido del desempleo. 

La rabia de no poder ser una contemporaneidad potente, misma que se aleja del mirador de la verdad del teatro por considerarlo no comercial. Sin embargo ella es distinta a su generación y ahí reside su conflicto. Una romántica en tiempos no propicios.

La discusión entre los dos actores adquiere matices dialécticos. Sólo la solidaridad, el amor a los sueños compartidos los unirán y les darán respeto a sus respectivos tiempos, afortunados y desgraciados. 

Al terminar la función fui a darles un abrazo a los actores por la gracia de vida ofrecida. Conocí a María del Mar, le di un beso agradecido, abracé en el cariño inmenso de un reencuentro bendito a Mauricio Davison. Deiciseis años de no verlo. 

Saludé al gran ser que es David Olguín, le dije: "Esta obra es un canto del cisne". Recordé al actor de la obra Chejoviana con la interpretación de Mauricio. Coincidí en el camerino con un actor muy querido, mi gran compañero de aventura teatral, Arturo Ríos.

En fin, ese lunes de noche en El Teatro El Milagro, se dio un encantamiento teatral. La duela escénica de madera en luz de trabajo, matizada con el polvo de los teatros de bolsillo, me hizo escribir este texto agradecido. La escenografía e iluminación es de Gabriel Pascal.

Gracias, Mauricio, gracias María del Mar, gracias David, gracias Gabriel Pascal, por esta vida en hechizante exageración.

"La Exageración", Teatro El Milagro. Próximo lunes 17 de diciembre, a las 20:30 horas, última función.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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