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  • Jesús Marín Fotografia
Domingo, 23 Septiembre 2018 20:02

El gran atributo del artificio de la escena

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(La Boda de los Pequeños Burgueses)

 

Raúl Adalid Sainz

En la quietud acelerada de la ventisca lluviosa fui trastornadamente cobijado en la reflexión crítica de una magnífica obra de teatro: "La Boda de los Pequeños Burgueses", de Brecht, en una magnífica adaptación de Antonio Zúñiga y dirección que revela vida por parte de Luis De Tavira y el propio adaptador del texto.

 

Un grupo de actores que crean verosimilitud construida con responsabilidad escénica. Un espacio que habla, que se transforma en distintos ámbitos. Un texto de grandes ideas, de confrontación a la realidad mexicana: a nuestra estructura de orden social, al matrimonio, como base social capitalista, a nuestro falso moralismo, a nuestra ética que se cae a pedazos, a la farsa auténtica en que nos hemos convertido como sociedad. El dinero como satisfactor predominante. El espíritu en total bancarrota. El éxito sustentado en el bluff, la notoriedad, la falsedad. La mentira como diablo rector del universo. El vacío del engaño, como condena que se ignora. 

Todas estas linduras que somos como sociedad actual, están reflejadas, sustentadas y aterrizadas en el lenguaje escénico. Traducidas en signos y comportamientos. El espectador es invitado, partícipe activo, a este ágape crítico y agridulce de nuestro diario pulsar.

La barbarie nos ha tomado por asalto, sólo la conciencia a ello podrá redimirnos a una futura esperanza.

Aún vivo la matanza general de todo por la oscura presencia del narco en la obra. Pero como uno de los actores dijo por el micrófono que sirve para amenizar la boda: Esto sólo es una representación, allá afuera está la realidad.

Es nuestra responsabilidad construir nuestra propia boda con la vida. Esa fundamentada en el amor responsable a nuestro entorno. Al ver esta obra uno sale del teatro con una respuesta, no sale como uno entró. El teatro cumple entonces su verdadero cometido social: De confrontación y posible renovación. La obra deja el vilo de la esperanza, eso a nosotros nos deberá corresponder construir. 

Algo y mucho hemos hecho mal. El exagerado narcisismo hipócrita de éxito, de olvido al ser, nos han sepultado. Lo peor es que la mayoría naufraga en la inconsciencia de la ignorancia ignorada del vacío hacia la nada.

Lo siguiente escrito es un sentir, una apreciación a un hecho vivo, eso poco hermoso que nos queda de comunicación en el aquí y ahora del verdadero presente de reunión humana: El teatro.

Mis felicitaciones y agradecimiento a este talentoso grupo creativo en todas sus áreas.

Teatro El Galeón, hasta el 30 de Septiembre.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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