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Jueves, 08 Octubre 2020 12:13

2020 LA NECESIDAD DE LA MÁSCARA

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Dra. Zeyda Cisneros Gómez

     En el tercer milenio, la máscara utilizada para guardar el anonimato y así ejercer el control social, aparentemente dejando de lado su propósito original: "proteger y materializar", lo que encajaba dentro de cierto contexto cultural.

Hoy la máscara ofrece otras satisfacciones, necesidades y aún obligaciones. Continúa vigente como símbolo de una comunidad con carácter distintivo, didáctico, sanitizante e incluso moralizante. Actualmente puede ser la transparencia que descubre la realidad que somos todos: ocultos y revelados; aunque al final, acudiendo al acto de resurección, el ritual (protocolo) en el principio está más presente que nunca ante la expectativa del futuro incierto para darnos la oportunidad de seguir siendo parte de una nueva normalidad alentando el sueño de una mejor humanidad.

     Bien o mal la máscara forma parte de nuestra condición humana, nos transforma a nosotros mismos y nos ayuda a crear una persona ficticia: la máscara teatral nos ha ayudado a trascender algunas limitaciones, también propias de la condición humana para sacar las imágenes más profundas de nuestro interior.

También puedes leer: https://issuu.com/revistametropolis/docs/metr_polis_no.136_septiembre_2020

     Cuando comparamos la máscara del chamán con la de un astronauta y su "armadura" espacial, encontramos la esencia similar al entender que para ambos significa exactamente lo mismo: una protección.

     En las sociedades que conservan en culto chamánico los motivos y actitudes ante la vida se explican a través de una creencia profunda de los espíritus. La comunidad convencida del peligro que siempre acecha, exige al chamán que se ponga la "armadura" y enfrente la batalla contra las fuerzas espirituales; entonces se realiza el ritual en el que la máscara es la "protección" del sacerdote. 

En nuestras sociedades industrializadas, también hemos adaptado el uso de la máscara, por ejemplo, cuando negociamos con competidores o fuerzas que amenazan nuestra supervivencia; aunque nuestras máscaras son de otro tipo: las de combate militar, las deportivas, las usadas para viajar al espacio, las que protegen de gérmenes y las del autor de actos terroristas. Sin duda son distintas, como diferentes son los desafíos que nos ayudan a enfrentar estos "rostros hechos" para protegernos hoy, al existir en plena posmodernidad. Y recordarnos que debemos, como especie, preservar y perpetuar la vida.

      " Llevo mascarilla en público, no para mí, sino para ti. Quiero que sepas que soy lo suficientemente educado como para saber que podría ser asintomático y aun así transmitir el virus. No, no " vivo con miedo" del virus, solo quiero se parte de la solución no del problema.

     Usar una máscara no me hace débil, asustado, estúpido... Me hace considerado.

     Cuando pienses como te ves, lo incómodo que es o lo que otros piensen de ti, solo imagina a alguien cercano a ti: un padre, una madre, hijo, abuelo, hermano, tía... Ahogándose con un respirador. Entonces pregúntate si podrías haber hecho más por ellos. Simplemente es respeto hacia los demás".

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