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Martes, 17 Noviembre 2020 10:31

El Hombre de Negro

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(Un sencillo homenaje al actor Jorge Alcorcha en su adiós)

Raúl Adalid Sainz

Aquel hombre con la mirada en los ayeres de todos los ayeres caminaba como una sombra por las calles de Torreón. Su figura era el canto de todos los cantos. Qué insinuaba aquella mirada. Qué pensaba mientras caminaba. Son los misterios de las almas que llevan en sus pasos a su "Sancho" y "Rocinante".

 

Así caminaba ese actor las calles. Su nombre: Jorge Alcorcha. Un dador del teatro. Un juglar de la memoria. Un romero que parecía saber todos los cuentos.

De dónde era ese Jorge que mató al dragón de todos los miedos. Era seguramente de una patria llamada ficción. Poco sabía de él. Quién podía saber de él. Supe ayer por un cortometraje llamado, "El Hombre de Negro", que había estudiado en el "Instituto Nacional de Bellas Artes", la carrera de actor. Debutando con el mítico Alejandro Jodorowsky. "Cada Quien su Vida", de Luis G Basurto, fue la puerta del inicio profesional. Otra más con el arcano teatral chileno Jodorowsky: "Moctezuma II", esa tragedia honda que es el centro de nuestro universo mexicano, fruto de la pluma del gran Sergio Magaña. Ahí Jorge Alcorcha compartió escenario con el gran Ignacio López Tarso, Ofelia Guilmáin, María Teresa Rivas, Narciso Busquets, y Aurora Clavel. Caminos desconocidos del gran Jorge que hacía del silencio secreto su alhajero.

Ese corto documental visto ayer, con motivo del deceso de Jorge me hizo ver a un hombre con los dentros de quijote. El teatro perturbó la tangible realidad para quererla tornar ficción por el camino de la aventura del hechizo. Del poder mágico del encantamiento.

Sí, ayer vi a un Alonso Quijano por las calles de Torreón, ese que dejaba el atuendo negro para embestirse en las galas del personaje a vivir.

Una pena de escaramuza sentimental lo hizo vestirse de negro. Un duelo de un corazón en dolor. Una mueca de risa trabajando como payaso por los teatros callejeros. "Cayó de hambre en un escenario", decía una compañera suya del grupo "Payasitos", la fuerza de su amor al teatro lo hizo levantarse. "Era un regalador de amor", decía su colega de él. Jorge incentivo almas para el teatro. Llevaba el asombro a quienes no lo tenían. Regalaba lecturas, enseñanzas, el culto de vida llamado cultura. Su amor imposible se llenaba de aventura. Se consideraba un actor en formación. Ese que nunca acaba porque si se agota comienza su fracaso. El oxígeno de todo actor que se aferra al asombro como chispa irradiante.

Ese caminante vio muchos senderos. Ciudad Juárez, Saltillo, México, cuentan las lenguas que hasta al otro lado del Bravo llevó su canto teatral.

Jorge en ese corto documental se denominó un farsante. Pero no el que engaña vilmente. Para mí, induciendo la imaginación, se denominaba así, por buscar con sus personajes engañar a la realidad cubriéndola con el velo de la ilusión, con el encanto de la ficción. Cual "Don Quijote" oyendo a "Sancho": "No son gigantes señor, son molinos". "Siendo actor puedo alucinar, dar vuelo a la imaginación", dijo Jorge entusiasmado en ese corto de dieciocho minutos.

El final es maravilloso. Es el actor en el centro del escenario. Un cenital de luz lo baña, lo cubre. Es sólo el actor iluminado. El resto del escenario está en penumbra. El actor está serio, de repente sonríe satisfecho. Ve el imponente recinto de butacas y arquitectura majestuosa del Teatro Isauro Martínez torreonense, escucha, ve el trazo de la vida, "ha sido un suertudo", como él se denomina, ha hecho lo que ha querido, el hombre que apostó todo a una carta: la actuación. De repente escucha el canto del cisne. El más bello canto. Su propio canto. Es hora de marchar. Sale del halo de luz y se dirige a la oscuridad misteriosa del camino. Aquel histrión ha terminado satisfecho la faena.

Este es un humilde homenaje que hago a un actor. Dicho así con mayúsculas. Jorge Alcorcha era un Quijote. Un encantado de ficción. Qué calcarían sus pasos por las calles de Torreón. Son los silencios de quienes sueñan historias del tiempo, quizá los secretos que nunca tienen contestación. Quizá las respuestas estén en el corazón de aquellos que Jorge tocó con sus hechizos de vida. Con sus cuentos contados por todos los juglares. Muchos gritarán: “¡hazme un sitio en tú montura y llévame a ser contigo, contigo pastor! ", así como amorosamente dijo el poeta León Felipe.

 

Nota: El corto documental "El Hombre de Negro", dirección de Joss García, guion de José Luis García, se puede ver por la plataforma de Filminlatino. Mis felicitaciones a todo ese equipo por haber visto en el trabajo de Jorge Alcorcha una oportunidad de comunicar el entusiasmo de vivir dando, sirviendo y soñando.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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