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Martes, 03 Noviembre 2020 12:02

Hace seis años celebrábamos con Raúl Zermeño y Damián Alcázar

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De mi libro " Historias de Actores" te comparto esta página de la vida teatral.

(Historia de vida de "El Panfleto del Rey y su Lacayo", Hoy "La Monarquía casi Perfecta", de Cutberto López)

 

Raúl Adalid Sainz

El tiempo es como el viento que corre de prisa y no se detiene, es eso que llaman la vida.

Así echando la mirada atrás, hoy, hace cuatro años, celebrábamos el fin de la primera temporada teatral llamada hoy "La Monarquía casi Perfecta". Nombre original: "El Panfleto del Rey y su Lacayo". Pero que guarda el hecho de significativo. 

 

Varios puntos. Uno es que el querido maestro y director teatral Raúl Zermeño no nos acompaña más en la eléctrica figura de su presencia. Más sí en su sabiduría, rigor, en guía para despertar las emociones, la ruta de la ficción en la que debe creer a pie juntillas el actor una vez descubierto en organización lógica el camino. Raúl en ese sentido era de una precisión lumínica. Maestros insustituibles por su enorme cultura, inteligencia, talento, y disciplina sostenida en exploración constante. Capacidad poderosa para transmitir al actor, al alumno. 

El otro recuerdo a esa noche maravillosa del 3 de noviembre de 2013; fue la presencia de ese gran actor y ser humano llamado Damián Alcázar. Alumno destacado de Raúl en Bellas Artes y la Universidad Veracruzana de Jalapa. Ahí donde Raúl Zermeño marcó grandes momentos docentes y escénicos. Damián fue nuestro padrino por simbolizar la unión maestro-alumno. Esa misma unión que sentimos mi compañero escénico Tizoc Arroyo y un servidor por Raúl. Fue como de Damián, maestro y director escénico de ambos.

Esa noche de develación Raúl expresó la urgente necesidad de analizar, de observar hacía donde va nuestro país, cómo puedo hacer algo por él con el teatro. Ponderó nuestro trabajo por la pasión y el rigor. Urgió al teatrista a decir ¡Ya basta! Damian celebró la imaginación del trabajo, dijo: "Este es el camino". 

Lo recuerdo no con vanidad eso sería fatuo y poco provechoso. Lo señalo porque en tiempos de pocos recursos para la cultura cada vez se exige más que la imaginación sea la brújula conductora del barco teatral. El arte del teatro sólo necesita al ser humano y su construcción de mundos. El talento, la fantasía, el ordenamiento de la escena deben ir enfocados al despertar de riqueza en contenido no a la vacuidad que muchas veces provoca la falsa etiqueta del dinero. Nada debe parar los deseos de comunicar al corazón y mente del espectador. ¿Qué quiero decir y cómo lo voy a decir? Más o menos así diría ese gran maestro llamado Raúl Zermeño.

Aquella noche de develación, fue más un homenaje que Tizoc y un servidor le quisimos dar a Raúl. Estuvo gente que lo amaba, amigos, alumnos. Entre esos cariños filiales recuerdo a su compañera de estudios y amiga colega, la actriz Angelina Peláez, Luisa Huertas, Leticia Huijara, los actores Víctor Carpinteiro, Alberto Estrella, Juan Carlos Vives, Carlos Álvarez, Dunia Alexandra, Norma Pablo, el cineasta y amigo Juan Antonio de la Riva. Mucha gente querida.

Observo esa foto al pie de este escrito y veo aquella entrada a esa sala hermosa llamada "Xavier Villaurrutia", del Instituto Nacional de Bellas Artes. Veo las máscaras griegas de la risa y el llanto teatral, esas fases del estadío del correr humano; sí, porque el teatro no es más que el inconmensurable reflejo de la vida.

Esa foto me dice cariño, amor, ilusión, sueño levantado en la lucha, me dice el tocar el hombro del maestro, me dice la unión de compañero de sueños, me dice admiración, generosidad, me dice tantas cosas, y me dice también, que esa fue la última foto al lado del queridísimo maestro Raúl Zermeño.

La vida sigue Raúl y nosotros seguiremos escuchando las tantas lecciones aprendidas en pos de dar lo que tanto nos diste de luz.

Gracias a ese 3 de noviembre de 2013. Hoy el presente corre y nuestra obra "La Monarquía Casi Perfecta" (El Panfleto del Rey y su Lacayo) vive el latir de su sangre en su tercera temporada en el Foro Lucerna de la Colonia Juárez.

Nota: El escrito fue hecho el 3 de noviembre de 2015. Hoy cinco años después, en plena pandemia, revivo el texto por el hecho que el actor, el ser humano, muchas veces debe reconstruirse de sus propias cenizas. La luz de una estrella debe guiar la noche oscura para llegar a la tierra prometida de la esperanza, de la fe y de la luz creativa. Hoy cuando el barco parece perderse y nuestra fe se aferra cojonudamente a rescatarlo.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México-Tenochtitlan

 

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