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Martes, 16 Junio 2020 13:18

Esa mañana iría a conocer en Madrid el gran "Guernica" de Picasso

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(Bitácora de un viaje a España con mi padre)

Raúl Adalid Sainz

Era la mañana de sol de frío en Madrid. Mi padre me levantó temprano. Compartíamos habitación en aquel romántico y mítico hotel madrileño llamado "Hotel Pereda". Los veinte años de mi edad me hacían dormir como un lirón. Mi padre me urgió: "Vámonos a ver "El Guernica". He de confesar mi ignorancia, en la regadera me preguntaba: "qué será eso".

 

Tomamos el camino por "La Gran Vía" hacia el "Parque del Retiro", pasando por la gloriosa Puerta de Alcalá. Durante el camino mi padre me habló que, "El Guernica", era un regalo del genial pintor malagueño Picasso a España, este cuadro se donaría al pueblo español al triunfo de la democracia. La pintura se encontraba en Nueva York. Aún recuerdo que mi padre me decía que la obra artística vendría a España cuando el "chaparro" cayera. "El Chaparro", así le decía mi viejo despectivamente a Francisco Franco. Las ideas republicanas de mi progenitor siempre fueron un ideal en su camino. Así que iba feliz a contemplar esa obra artística fruto del triunfo libertario y crítico a casi cuarenta años de dictadura de Franco.

1982, un enero de primeros días en que mis ojos contemplaron esa fuerza pictórica del inmenso Pablo Picasso. Un lienzo ancho de claro-oscuros, con símbolos que marcaban el horror vivido en el pueblo vasco de Guernica. Un bombardeo alemán como un escarmiento a Franco para que decidiera apoyar a los nazis en la segunda guerra mundial.

El cuadro expresaba el crimen, la barbarie, la sinrazón humana, el cruento dolor humano ante la catástrofe. Picasso a los cincuenta y cinco años pintó ese cuadro. Su indignación, su consternación era evidente. Más que analizar los elocuentes símbolos para mí fue sentir una atmósfera plagada de incertidumbre: ¿Qué es el ser humano? Aún recuerdo ese toro negro desgarrado, cercenado. Triángulos, cubismo en alarido. El estilo de Picasso que hablaba desde los dentros. Desde su profunda indignación.

Ese cuadro quizá ha sido una constante de recuerdo atroz de lo que la pintura ha significado para mí. Esa impresión es indeleble. El cuadro artística y estéticamente tocaron mi emocionalidad.

"Casón del Buen Retiro", sala aledaña al Museo Del Prado madrileño. Ahí vi esa monumental obra. Hoy "El Guernica" se encuentra en "El Museo Reina Sofía". A menos de un año de su regreso newyorkino a España contemplé el regalo del gran Pablo a España.

Esa mañana de Madrid de Frío en sol nunca la olvidaré. Afuera estaba expectante ese sabio Parque del Retiro que parecía contemplarnos. Tomamos camino hacia el viejo Madrid, ese llamado el barrio literario. Sitio de Quevedo, de Lope de Vega, de Tirso, de Calderón de la Barca, del mexicano Juan Ruiz de Alarcón. Llegamos a un viejo restaurant y calentamos el espíritu comiendo una sopa de cocido madrileño, un buen guiso de codorniz y un remate en café exprés con un buen brandy Magno. Al salir del restaurant la tarde caía y yo veía el Paseo del Prado matizado en el gran Hotel Ritz, más adelante el vetusto correo en edificio blanco y esa monumental fuente de "La Cibeles".

Madrid es una señora majestuosa, pensaba, una señora juguetona que te invita a jugar como los gatos que preparan la noche. Un kiosko nos dio posada y tomamos al aire libre, "un machaquito", una bebida tipo anís maravillosa para eso de mitigar el frío. Ahí un paisano mexicano nos hizo reír, nos dijo más o menos así: "Estos gachupines me han tratado maravillosamente y lo mejor es que aquí el pedicure es muy barato", soltamos la carcajada por la puntada. Mi viejo y yo estábamos felices; ¿y cómo no íbamos a estarlo? Gozábamos Madrid, su historia vieja, y esa sabia vital de sentir que estás enormemente vivo. Que vives como padre e hijo la vida.

Esta historia por España y por mi Madrid, continuará.

 

Nota: En la fotografía Pablo Picasso y su "Guernica".

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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