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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 10 Junio 2019 10:01

El Metro, esos vagones que son escenarios

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Raúl Adalid Sainz

Toda la vida, desde que llegué al antiguo DF, he sido pasajero del llamado "Sistema Colectivo Metro". De eso ya hace algunos ayeres. En los vagones uno percibe el pulsar de esta ciudad. El ritmo de vida de cada gente, sus condiciones económicas, el ánimo, muchas veces. Uno es testigo oyente de historias, partícipe de miradas que se cruzan, y espectador activo del humor involuntario que llega a suceder. 

 

En una ocasión, yendo sentado en un asiento individual de la línea verde que va de Universidad a Indios Verdes, no iba muy lleno el vagón, a medios chiles, diría yo; se subió uno de los múltiples vendedores ambulantes que proliferan y anunció a voz en cuello: "Como una única promoción, Los Estudios Walt Disney, me han ordenado poner en sus manos, a sólo diez pesos, la película de más éxito, "Tierra de Osos", aproveche, sólo diez pesos". 

Mi risa fue instantánea, no pude dejar de imaginarme al tipo vendedor en los estudios del creador de "Mickey Mouse", dándosele instrucciones precisas para que en la "línea 3" del metro pusiera a la disposición del usuario esa gran producción de los osos de Disney. A la fecha me sigo riendo de esa fenomenal y surrealista secuencia de viaje. 

Pero volviendo al correr de pasajes de este tren. Es muy distinto viajar de mañana, mediodía, tarde o noche. Ahí se siente, como dije, el corazón de la ciudad, el aceleramiento inmoderado y apretujado, en cantidad de pasajeros, de la mañana, como dijo Chava Flores, "en un hormiguero no cabe tanto animal", el asentamiento del mediodía, el "relax" de la tarde y el agotamiento total del regreso nocturno a los hogares. 

Un director de teatro, de cine, de danza, o musical, fácil obtiene aquí una clase de tempo-ritmo y tono. Para un actor es un zoológico de los más variados personajes a observar, a sentir y a imaginar. Mi admirado actor cinematográfico, Damián Alcázar, cuenta que es un asiduo pasajero, pues ahí encuentra material invaluable de observación. 

Es que el metro de la ciudad de México es una metáfora de la vida, un microcosmos reflejante del vivir del país. Habría que pensar seriamente en hacer la película del metro, ese que se susurra en los murmullos de la sepultada Tenochtitlan. Aún es una asignatura pendiente. 

No sé por qué, esta temprana mañana recordé el título de la película, "El último Metro", del francés cineasta Francois Truffaut. Definitivamente creo que ya me hace falta mi café que me haga regresar a esta singular tierra de osos en promoción. 

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México-Tenochtitlan

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