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  • Jesús Marín Fotografia
Miércoles, 05 Diciembre 2018 08:54

Zarzuelas, operetas, óperas, aún recuerdo esa época de gente de teatro de cepa

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Raúl Adalid Sainz

Sería el año de 1985, cuando recibí una invitación para ser parte de una compañía itinerante de zarzuela. Misma que era comandada por el productor y director teatral, Roberto Chávez Trowe. La zarzuela a escenificar era la mítica: "Luisa Fernanda", de Federico Moreno Torroba y la opereta, "La Viuda Alegre", de Franz Lehár. "Luisa Fernanda", zarzuela referente en el repertorio del género, por haber sido un éxito en España y en México. La compañía de Plácido Domingo padre y Pepita Embil, establecidos en México, difundieron el género musical- dramático, grandemente. "Luisa Fernanda", se convirtió en un clásico referente a representar.

 

Los lugares primeros a llevar las escenificaciones eran Durango y Torreón. Me cumpliría el sueño de trabajar en mi tierra por primera vez. Poco antes de salir de Torreón para estudiar actuación profesional, decreté en silencio, afuera del Teatro Isauro Martínez, que un día actuaría en ese impresionante recinto.

La dicha se me cumplió. Los géneros musicales de opereta y zarzuela son muy bellos. Se actúa, se canta, se baila. Los temas generalmente son populares-costumbristas, en la zarzuela, y más fabulados en la opereta. Se canta con orquesta en vivo. Hay un despliegue de producción en vestuario, utilería y decorados. Aún no olvido aquella escena de la, "Mazurca de las sombrillas", gran momento de "Luisa Fernanda". Ah España, ay Madrid, llevados a mi tierra lagunera.

Los géneros no me eran desconocidos, mi padre era un adorador de la zarzuela. Dos eran sus predilectas: "Los Gavilanes" y "La Verbena de la Paloma".

Fueron funciones muy bellas. Viajábamos en camión. Ensayábamos llegando a los lugares. Actores y cantantes de gran compromiso con su quehacer. En esa primer gira recuerdo a la gran actriz cómica española Sarita López, a la soprano Graciela Saavedra, al tenor-barítono internacional, que apenas comenzaba: Jorge Lagunes. Cómo olvidar la dirección musical del gran maestro Emilio Pérez Casas.

Al siguiente año tuvimos una gira más extensa: Guadalajara, Aguascalientes y Durango. Tres eran las obras seleccionadas: La ópera española "Marina", y las operetas: "El Conde de Luxemburgo" y "Molinos de Viento". Recuerdo que salimos en tren rumbo a Guadalajara. Llegamos molidos. Ya sabrán las displicencias de aquel transporte. Yo veía a aquellos actores y cantantes felices, cansados sí, pero sin protestar. Su despliegue en el escenario era de un gran amor. En la capital tapatía actuamos en el Teatro Degollado. Una catedral para entregarnos. Yo gozaba oyendo a los tenores, barítonos, sopranos, a los cómicos, y aquella música hermosa en vivo. Meses atrás había estado el gran Plácido Domingo cantando en el Degollado tapatío, su estela y eco aún permanecía.

Dentro de la ópera "Marina", tenía un pequeño papel, "El Marinero", caray era ópera y me atreví a cantar. El director musical, Emilio Pérez Casas, gran maestro del tenor Fernando de la Mora, me decía: "Como no sabes música por nota, te tienes que guiar por tu oído. Será tu radar. Cuando me veas dirigiendo a la orquesta, ni me veas, tu guíate por los compases". Así lo hicimos. Me habían escogido para semejante empresa, porque según el maestro tenía mucho sentido musical. Bendito Dios todo salió bien.

Tenía veintitrés años. Salido de estudiar mi carrera de actor y trabajar en estas obras era toda una enseñanza.

Viví el profesionalismo de aquellos actores de cepa. Amantes del teatro. Gozosos. Alegres. Unos bohemios hermosos. Gente de mucho talento, mucho. Aún recuerdo el potencial del gran actor-cantante, Jorge Del Río, en "Molinos de Viento" y "El Conde de Luxemburgo", el despliegue sensible actoral-musical de Carlos Aguilar, la gracia de galán de Leopoldo Falcón, aquella simpatía de la gran actriz española Sarita López, la voz del tenor Don Jorge Lagunes en "El Conde de Luxemburgo", y un gran grupo de actores, bailarines, coreógrafos. Y el entusiasmo de aquel amante del género: el director y productor Roberto Chávez Trowe.

Éramos muy jóvenes, muchas ilusiones, y muy, "Gavilanes", de hambre de ser. Con mucha, "Agua, Azucarillos y Aguardientes", en las venas para vivir eternamente la pasión del escenario.

Dios bendiga a esos grandes quijotes compañeros de la duela, de la pasional y madrileña zarzuela, de las notas musicales en vivo, de la ficción elaborada con todo compromiso.

Hoy la zarzuela, la opereta, parecen no vivir, pero siguen sonando salerosas en el corazón de la memoria, así caminando despacito, con paso garboso, por la Calle de Alcalá de mi bello Madrid.

Gracias eternas a Tere Lagunes por haberme invitado a ser parte de aquel inolvidable grupo de zarzuela y operetas.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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