Create a Joomla website with Joomla Templates. These Joomla Themes are reviewed and tested for optimal performance. High Quality, Premium Joomla Templates for Your Site

  • Jesús Marín Fotografia
  • Banneruachorizontal
  • Novenoaniversariolaotraplana
Viernes, 01 Octubre 2021 10:21

Fractalidades

Valora este artículo
(0 votos)

Salvador Hernández Vélez

Nora Leticia Rocha, una coahuilense inquebrantable, orgullo de Coahuila

Nora Leticia Rocha nació en Monclova, Coahuila, el 18 de diciembre de 1967. Hace unos meses Óscar Pimentel González me propuso que la Universidad publicara el libro que narra la vida de la atleta. En el marco de la Feria Internacional del Libro de Coahuila presentamos el libro “Una mujer Inquebrantable”, de Margarita Solano Abadía. Lo comentamos la joven Alba Angélica Solis Vargas, Antonio Argüelles Díaz-González, la autora y el que esto escribe. Angélica se inicia en el atletismo, Toño Argüelles es un nadador de aguas abiertas que recibió el premio al Hombre del Año de la Asociación Mundial de Natación en Aguas Abiertas en 2015 y volvió a repetir la hazaña en 2017 y en 2018, recibió el certificado de Récord Guinness al ser la persona de mayor edad que completa el reto de los Siete Mares, Margarita la escritora se confesó que “ella no corre ni siquiera atrás de un cheque” y un servidor que senderea. Fue una muy emotiva presentación.

 

Cuca, la mamá de Nora, una mujer muy trabajadora, disciplinada “hasta morir” y de una determinación inquebrantable, desde niña afrontó día a día los vericuetos de la vida para sacar ella sola a sus hijos adelante. Nora Leticia, su hija, siguió los pasos de su mamá, pero de otra manera, corriendo en las pistas, haciendo uso de la fuerza de sus pies. Desde muy pequeña soñó con ser corredora y lo logró, con creces, y enfrentando un sinnúmero de obstáculos, que nunca la doblaron.

Doña Cuca, nos dice Margarita Solano, era una mujer de templanza, de mano dura y frases como órdenes: “hay que levantarse”, no hay tiempo para entregarse a la pereza. “Hay que sufrir para merecer”. Ella además de trabajar para poder comer, cuidar, educar a sus hijos y hacer frente a la vida, levantó su propia casa de adobe, empezó con un cuarto donde alumbraban la noche con un quinqué. Nora comenta que el matriarcado de los Rocha es firme y las reglas de mamá son sagradas y duras, es como una roca que lleva años sin que nadie la mueva un centímetro de su entorno. Doña Cuca es un gran ejemplo de empoderamiento femenino.

En Monclova “la bella”, la primera maestra de educación física y deporte de Nora, fue Chayito. Pero cuando Nora le pide permiso a su mamá para entrenar con ella, así lo narra la autora: “¡Ni lo mande Dios! A mí no me gustan esas cosas, eso es de huevones; es una pérdida de tiempo, sabes que tenemos muchas cosas que hacer en casa, ¡por favor olvídalo!”. De igual manera pensaba mi papá. Cuando veía gente corriendo, decía esa es una actividad de huevones, deberían ponerse a trabajar.

Sin embargo, Nora empezó a entrenar y siendo muy joven se inscribió en una carrera de tres kilómetros que se organiza desde hace muchos años en su querida Monclova. Y a partir de esa primera carrera se dedicó a correr en cuanta competencia se presentaba. Y siempre ganaba. Luego se encontró con Marcos Rodríguez, entrenador de atletismo, un deportista amateur que apoyaba a los atletas de su pueblo, con él aprendió las bases para luego trasladarse a la Ciudad de México.

Al principio Marcos Rodríguez no estaba convencido de entrenarla, creía que una joven de 18 años no podía adquirir la disciplina que esos entrenamientos exigían. “Levantarse temprano, entrenar dos o tres horas seguidas, hacer calentamiento de extremidades, trotar y caminar de forma escalonada, correr distancias cortas y más largas. Sudar, cansarse y seguir de pie”.

Pero Nora no cejó, de los tres kilómetros iniciales, pasó a cinco, a diez, y nunca se escuchó de ella una queja por cansancio o agotamiento. Nora era una mujer nacida para triunfar. Con la perseverancia que la caracterizó desde pequeña, cuando vendía gorditas y refrescos junto a mamá, cuando las circunstancias lo exigían entrenaba el doble o el triple. Y enfrentó todos, los sacrificios, para alcanzar los sueños; el más grande en la vida de Nora fue separase momentáneamente de su hija. Y se fue a entrenar con Rodolfo Gómez a la ciudad de México. El atletismo “no es un deporte recreativo, es de sacrificio”. Le decía su entrenador.

Pero Nora Leticia, “La Saeta Rubia”, tenía una meta que lograr, participar en los Juegos Olímpicos de Sidney, Australia, en el 2000.

Nora Leticia ganó el oro en Winnipeg 1999. “La Saeta Rubia”, también detuvo el reloj de los mil 500 metros planos por veintiún años, una marca atlética, un sueño que la inmortalizó.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Desarrollado por Netstream © 2018 La Otra Plana