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Sábado, 25 Septiembre 2021 13:08

UNA CONSUMACIÓN ARREGLADA

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Luis Alberto Vázquez

1820, año trascendental en la historia del mundo occidental. Tras la pesadilla de las guerras napoleónicas, los monarcas europeos absolutistas se enfrentan al espectro del liberalismo y aterrados ven el fracaso del “Concierto Europeo”; un acuerdo conservador que, como toda alianza tradicionalista en la humana historia termina en infortunio rotundo. Los Estados Unidos de América se consolidan como nación expansionista extendiéndose a territorios continentales y ultramarinos.

 

El otrora poderosísimo imperio español, aquel en el que “no se ponía el sol”, está ajado; tres de sus virreinatos se emancipan (Río de la Plata, Nueva Granada y Perú a punto) solamente le queda la inmensa Nueva España, en la cual desde 1808 se han suscitados diversos movimientos libertarios. Muertos Primo de Verdad; Hidalgo, Morelos, Mina; amnistiados Bravo y otros insurgentes, solamente continúan alzados Guerrero, Guadalupe Victoria, Mier y Terán y otros líderes locales que juntos no suman ni cinco entusiastas rebeldes, pero mal armados, hambrientos y harapientos; el Virrey le enfrenta con veinte mil hombres perfectamente armados, alimentados y adiestrados.

Lo más terrible sucede en la propia Metrópoli; Fernando VII ha sido obligado a jurar la constitución de Cádiz por tropas españolas liberales y su muy limitado poder lo comparte con las cortes; ahora el “soberano” es el pueblo. Todos los habitantes del imperio son iguales; se establece la libertad de cultos y los virreyes desaparecen como tales al igual que la Santa Inquisición. Cuando un pueblo empodera sus derechos, ya jamás podrá ser privado de ellos.

Cuando en la Nueva España se conoce esta nueva realidad, reina terrible conmoción; unos festejan, pero otros la rechazan y en lo obscurito deciden evitar su aplicación. Un instigador con poder económico, el ex inquisidor Matías Monteagudo, convoca a desesperados potentados eclesiásticos, políticos, mineros y comerciantes que ven hundirse sus intereses a unir fuerzas para evitar el liberalismo. Propone convertir a México en la capital del imperio español trayendo a Fernando VII como monarca absoluto y manteniendo el caduco régimen de privilegios, castas y poder eclesiástico. Esta idea no es inédita; el conservadurismo es incapaz de crear alternativas novedosas; él sólo sabe copiar; no es utópico =tradición e innovación son antónimos=.  Años atrás Juan VI y la familia real portuguesa habían fijado en Río de Janeiro la capital del imperio Lusitano, trayéndoselo a América tras huir de Napoleón Bonaparte.

Este cónclave concupiscente de notables reunidos en el templo de la Profesa crea una alianza opositora, suma y alía incluso a antiguos enemigos contra los liberales. No busca una transformación libertaria, su programa Va por Monarquía Absoluta intenta separar Nueva España de España; no para que México sea un país independiente, sino para conservar ellos privilegios y fueros; los que más tarde destruirán ese pacto porque a cada grupo solo les interesa sus propias prebendas. Parafraseando a Manuel Acuña “… la intriga inmortal como la manipulación, cambia de formas; pero nunca muere”.

1821. Febrero 24: el jefe militar designado por los conspiradores de la Profesa, Agustín de Iturbide, proclama el “Plan de Iguala”; enarbola la bandera tricolor y declara la separación de México de España. 

Agosto 24: Córdova, Veracruz; el último jefe político superior Juan O´Donojú, gobernador de la provincia de la Nueva España. (ya no virreinato ni él virrey), firma acuerdos sobre la independencia. Muchos mariscales realistas pronto se suman a dicha arenga; también se logra incorporar a varios insurgentes como Vicente Guerrero, constituyéndose el “Ejército Trigarante”.

Septiembre 27: una tropa singular, formada principalmente por soldados exvirreinales que antes perseguían y liquidaban a los insurgentes, hoy desfila con algunos de ellos por las calles de la ciudad de México asegurando la consumación la de independencia.

Paradojas de dicha culminación: 

Iturbide cumple ese día 38 años y el primer gobierno independiente instaurado por él, “La Junta Provisional Gubernativa”, está compuesta justo por 38 miembros.

Lo más inverosímil de esta “Consumación arreglada” es que podemos fácilmente percibir hacía dónde se dirige ese acuerdo maquiavélico: el 15 de septiembre de 1808, para evitar que Primo de Verdad y Francisco Azcárate, precursores de la independencia lograran su cometido, fue tomado el palacio virreinal por los “Patriotas de Fernando VII”; bajo el caudillaje del terrateniente Gabriel Joaquín de Yermo (RIP 1813) y sus adeptos Santiago Echeverría y José Martínez Barenque. Entre los conspiradores de la Profesa volvemos a encontrarlos fusionados a Juan José Espinosa de los Monteros; Manuel de la Bárcena; Antonio Joaquín Pérez Martínez y Robles, obispo de Puebla; Juan Cruz Ruiz de Cabañas obispo de Guadalajara, Manuel de la Sota Riva, José Yáñez y, lógicamente a Matías Monteagudo. 

Ahora estimados amigos, los invito a buscar en el acta de independencia de México esos nombres anteriormente citados y/o de sus hijos. Curiosamente verán que coinciden en un gran porcentaje ahí y también entre los 38 miembros del primer gobierno mexicano.

Todo lo anterior me recordó la frase de Charles Baudelaire, el poeta maldito: “La más hermosa de las jugadas del diablo es persuadir a todos que no existe”.

• Dr. Luis Alberto Vázquez Álvarez, Ph.D. lagunero, catedrático del Tec de Monterrey, amante de la historia, la filosofía y la música. Luchador por la dignidad humana

 

 

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