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Jueves, 07 Enero 2021 10:13

La generación perdida de la década de los setentas 

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A la generación de Derecho la Ibero 1988-93 A mis compañeros de la Preparatoria La Salle generación 1988 

 

Carlos Humberto Huerta Ochoa 

Nací en la comarca lagunera en los últimos sesenta y un días del año de mil novecientos setenta. Iniciaba una década marcada por la guerra de Vietnam, el movimiento hippie, el consumo de marihuana, los grandes movimientos sociales urbanos, la liberación femenina, la píldora anticonceptiva y el último long play de los Beatles como banda bajo el título “Let it be”, el último mundial de Pelé, el inicio de vigencia la Ley Federal del Trabajo, la muerte de Agustín Lara y Lázaro Cárdenas, el ascenso de un gobierno de izquierda por la vía electoral en la persona del Doctor Salvador Allende Gosens en la hermana República de Chile.

 

Durante nuestra infancia nos tocó la transición de televisión a color y a control remoto, una década después, las caricaturas con súper héroes de Marvel y DC Comics tanto en televisión como en historieta. Nuestra adolescencia y juventud nos alcanzó en la mitad de la década de los ochenta y prácticamente todos noventas hasta la llegada del siglo veintiuno. 

Y es en este siglo cuando me pregunto ¿Dónde quedaron mis contemporáneos mexicanos para tomar las decisiones en los asuntos públicos más importantes del país? ¿Dónde quedó el enlace generacional entre los protagonistas y testigos de la guerra fría con relación a la llamada generación X, de quien se esperaba una autentica transformación dentro del tercer milenio? 

Hagamos un ejercicio de cómo el traspaso del poder en México sigue una suerte muy similar a Estados Unidos de Norteamérica. Luis Echeverría Álvarez (1922) período 1970-76, José López Portillo y Pacheco (1920), sexenio 1976-82; Miguel de la Madrid (1934) gobierno (1982-88) Carlos Salinas (1948) dominio (1988-94) Ernesto Zedillo (1951) administración (1994- 2000) Vicente Fox Quesada (1942) gerencia (2000-06) Felipe Calderón (1962) era (2006-2012) Enrique Peña Nieto (1966) lapso (2012-2018) y Andrés Manuel López Obrador (1953) transición a partir de 2018. 

Mientras tanto en la Unión Americana: George H Bush (1924) periodo 1989-1992, William Jefferson Clinton (1946) 1993-1996 y 1997 2000, George Walker Bush (1947) 2001-2004 y 2005-2008; Barack Hussein Obama (1962) 2009-2012 y 2013.2016, Donald John Trump (1945) 2016-2020) y Joseph R Biden Jr (1942) a partir del 20 de enero de 2021. 

Si se habrá dado cuenta, amable lector, en ambos casos hay una brecha generacional no cubierta o bien, un retroceso generacional en ambos casos. En el Estado Mexicano es notorio dicho rompimiento pues a la llegada al poder del llamado gobierno del cambio con Vicente Fox retrocedieron diez generaciones atrás prácticamente; y entre Peña Nieto y Andrés Manuel trece generaciones. 

En el caso estadounidense el tema es aún más retrograda pues entre Trump y Obama la brecha es de diecisiete generaciones y con Biden en relación al último presidente demócrata se aleja a veinte años.

No, esto no es un denuesto hacia los adultos mayores ni tampoco una burla a la gerontocracia elegida popularmente, porque al final del día son ciudadanos en ejercicio de sus derechos a ser elegidos y son las mayorías ciudadanas quienes los llevan a esos cargos públicos. Pero yo digo. ¿Acaso no corresponde el paso de la estafeta a generaciones posteriores? 

Con este cuestionamiento no quiero caer en el terreno de la radicalización en el sentido de que a mayor edad mayor experiencia y mayor juventud más codicia. La madurez o inmadurez en esta vida somos libres de trabajar constantemente en la primera o permanecer abrazados de la segunda solo por notoriedad. 

En estos primeros cincuenta años de mi existencia he visto a mis contemporáneos destacar en ámbitos sociales, económicos y académicos, imprimiendo su sello personal en su vocación de servicio, como en sus negocios, además de entregados a sus familias que decidieron forjar o continuar tanto en una primera como en segunda oportunidad. 

Sin embargo no veo entre los sedicentes liderazgos políticos setenteros que me motiven a sentirme representado por ellos en por los menos dos o tres temas de prioridad para la Nación Mexicana, léase Mario Delgado (1972) Alejandro Moreno (1975) y Marko Cortés(1977), pues los veo muy distantes de los ideales de los grandes iconos de las instituciones políticas que comandan, o bien de los precursores de su filosofía institucional, no veo ni reflejo ni la sombra de un Valentín Campa, Demetrio Vallejo, o Heberto Castillo; menos aún la sapiencia, congruencia y contundencia de un Efraín González Luna, Salvador Nava, Manuel Gómez Morín o Manuel Clouthier del Rincón; así tampoco el renacer un viejo con alma de joven como Don Jesús Reyes Heroles, o bien destellos independentistas y esperanzadores de una transición al cambio de régimen como lo fue el planteamiento de Luis Donaldo Colosio. 

Se nota que los liderazgos actuales le apuestan en un grito desesperado en alianzas contra natura, motivo de una brújula extraviada que los regrese a su esencia para retomar el rumbo. Pareciera nostálgico recordar aquella rola de mi época de estudiante en bachillerato de Miguel Mateos y el grupo “ZAS” titulada “Cuando seas grande” y la interrogante que planteaba en su estribillo: “Nene, nene ¿Qué vas a hacer cuando seas grande? ¿Estrella de Rock and Roll, Presidente de la Nación? ¿Nene que vas a hacer cuando alguien apriete el botón?

El problema no es “el botón” ese hace muchos años se detonó y no solo tiene que ver con la pandemia, tiene que ver con dos factores los excesos del liberalismo económico, los excesos de la mano de apatía en los asuntos públicos, comenzando desde los hogares, pasando por las escuelas; la apatía de dar por hecho que por osmosis se transmiten los valores éticos, el respeto a la dignidad humana y la cultura del trabajo y la solidaridad para con el necesitado. 

No pierdo la fe ni la esperanza de algún representante de mi generación, llegue a asumir estas altas responsabilidades en él y en los máximos cargos de responsabilidad pública en mi amado país para verdaderamente unir a todos los mexicanos y concientizar a las posteriores generaciones del rol de deberán asumir en un futuro inmediato. 

Llámense milenials o centenials. Me descarto para las cuestiones electorales, pues ya he trabajado mucho en ellas en tres institutos políticos y he descubierto que no tengo imagen electoral, pero sí otras aptitudes jurisdiccionales y administrativas para sumar lo que me corresponda, aunque me tarde otros diez lustros más y en ello exhale mi último esfuerzo. Decía el cura José María Morelos “morir es nada cuando por la Patria se muere”. 

 

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