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Jueves, 19 Noviembre 2020 23:27

STATU QUO

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Juan Cuitláhuac Avalos Méndez

¡Gracias!

¡Muchas gracias! Creo que es el calor, o que somos norteños, directos, o lo productivos que pretendemos ser. Tal vez son las prisas, o el querer sobresalir, llegar primero, el querer hacer rendir el tiempo porque, según nos han dicho, el tiempo es oro. La cosa es que, por una cosa o la otra, los laguneros hemos ido dejando de tener hábitos de gentileza que nos han caracterizado.

Así como una camioneta bajando una pendiente con carga mal amarrada que se va desparramando toda, así mero. Entre otras cosas, a veces pedimos las cosas sin decir por favor, exigimos las cosas de manera descortés, nos desesperamos con quienes nos atienden y dejamos de agradecer.

En temas como el de la salud, es muy frecuente ver cómo la gente, sobre todo en los sistemas de seguridad social pagados en partes por trabajador, empresa y gobierno, hay una demanda de exigir casi tronando los dedos, a veces diciendo frases como: ¡por mí comes!  Aún cuando sabemos que muchas veces el deterioro de nuestra salud no se remedia con una visita al hospital y es más bien causado por nuestros nefastos hábitos que llevan a nuestro organismo al límite.

Aunque sé que los sistemas de salud públicos distan mucho de ser ejemplares, eficaces y eficientes, creo que mucho cambiaría si practicáramos la empatía y sobre todo el agradecimiento. Decir gracias, enaltece el espíritu, es muy humano, armoniza, es un acto de humildad y de reconocimiento que quien está frente a ti está brindándote algo de la mejor manera que le es posible. 

Hay un ejercicio budista que me gusta mucho y consiste en imaginar o reflexionar, por ejemplo, cuando vas al súper a comprar tu mandado, todos quienes participaron en hacer posible que puedas adquirir algo de lo que llevas. Por ejemplo, al pagar en la caja unas manzanas, agradecer a la cajera que te está cobrando, al señor que te empaca, pero también, al muchacho de las verduras al que le preguntaste por ellas, al que las acomodó en la mañana para que estuvieran frescas, a quien las descargó en la bodega de la tienda, al chofer que las llevó del centro de distribución a la tienda, a la persona que las llevó al centro de distribución y así hasta a quien las sembró.

A veces damos las cosas por sentado; si veo una fruta en la casa, la tomo, la muerdo y ya. Si tomo el camión en la parada de un ejido, lo tomo, me quejo de la unidad, de lo lejos, del calor, de lo caro, pero nunca me imagino lo que hubo detrás para que fuera posible que una ruta pasara por ahí.

Me platicaron hace tiempo en el ejido Las Huertas de Gómez Palacio, como fue que lograron que el transporte público pasara ya que antes no lo hacía y tenían que caminar varios kilómetros para tomarlo. Esos son ejemplos pequeños que tenemos de lo que día a día gozamos y tenemos y no valoramos.

Como la pareja amante que está a nuestro lado que siempre nos acaricia y besa pero que ya no lo vemos como algo extraordinario. Sorprendámonos, vivamos el día a día, cada momento, cada detalle, cada sonrisa. Si no hay sonrisa, imaginemos por que la persona no está en su mejor ánimo, pero siempre, siempre, agradezcamos.

Tal vez al agradecer, vamos a crear una cadena en la cual la persona que no valora su trabajo, sienta un nuevo orgullo al hacerlo. Tal vez un agradecimiento por un plato de sopa, por una casa limpia, por un “chivo” a la semana, por una flor, por respirar, por poder movernos en nuestra Comarca, tal vez eso pueda hacer una diferencia y una transformación de nuestra realidad.

A lo mejor con tan poco logramos mucho y está en nuestras manos, en la punta de nuestra lengua hacerlo. Por mi parte, agradezco este día que pude respirar, besar a mi esposa en la mañana, pasear a mis perros, ir a trabajar, poder moverme por mi propio pie, bromear con mis hijos, recibir a mi hija y su novio, comer, seguir trabajando, pensar, escribir estas ideas, compartir mi sentir, sentirme vivo.

Hoy y este año agradezco en particular a los trabajadores de la salud, de primera mano he visto cómo no se han rajado, con jornadas extenuantes, un peligro latente, sin vacaciones, sin fines de semana, quienes cuidan, dan indicaciones para pacientes, limpian, reparan, dan de comer y administran las instalaciones para atender a los enfermos en general y a los enfermos de esta pandemia, gracias por todo lo que nos dan, más allá de sus salarios y empleo, su vocación es inconmensurable. 

¡Gracias, muchas gracias!

 

PD. Decidí llamarle a la columna statu quo a sugerencia de mis amigos Julián Parra y Luis Solares, ya, mejor así!

 

JCAM

T @juancuit

FB JuanAvalos

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