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Sábado, 12 Septiembre 2020 09:52

Malos hábitos

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Miguel Francisco Crespo Alvarado

La vida individual y colectiva está fundamentalmente orientada por los hábitos que se practican en la cotidianidad y cuya bondad o maldad está en función de su impacto en el largo plazo. Los buenos hábitos favorecen las posibilidades para una condición sana, mientras que los malos, muy probablemente deriven en graves problemas de salud. Hay que reconocer, sin embargo, que en esta vida nada, salvo la muerte, está garantizado. 

 

Formar y sostener buenos hábitos supone sacrificios, a veces muy importantes. En cambio, el desarrollo de los malos hábitos suele ser más sencillo. La diferencia es que los buenos demoran en mostrar sus beneficios, en tanto que los malos nos muestran su cara amable de inmediato, las desgracias que los acompañan aparecen en un futuro que, de momento, no se puede ver, incluso si otros nos advierten los peligros. 

Pocas cosas en esta vida son tan difíciles como romper con los malos hábitos. Una vez que éstos se han enraizado cuesta un mundo deshacerse de ellos y sustituirlos por buenas costumbres. A veces, incluso cuando se quiere, se está ya demasiado tarde para revertir los estragos ocasionados por haber sostenido vicios de manera prolongada. Aunque hay quienes afirman que nunca es demasiado tarde para cambiar. 

Nuestros gobiernos, los de antes y los de ahora (y con mucha probabilidad los próximos por venir) han desarrollado algunos malos hábitos. Por ejemplo, el de emplear los recursos del erario para hacer negocios personales o, como ocurre actualmente, para permitir que otros los hagan. Al sostener ese vicio le han causado un enorme daño a la salud financiera y económica de nuestra nación. Y es probable que ni les importe. 

Pero, tristemente, no son los únicos aquí que se portan mal. Como ciudadanos tenemos también hábitos terribles que de manera evidente no nos perturban y no tenemos pensado cambiar, como el de suponer que romper las reglas es sólo malo cuando lo hacen los demás. Porque, al igual que los malos políticos, nos sentimos el paladar que se deleita con lo que saborea en este momento sin que le angustie lo que estará sufriendo un poco más tarde el pobre del hígado, imaginando, erróneamente que se trata de otro cuerpo, de otra patria, de cualquier otro lugar.

Doctor en Ciencias Aplicadas. Director del GIISI S.C. Miembro fundador de la Escuela Latinoamericana de Pensamiento y Diseño Sistémicos. Integrante del Consejo de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción de Coahuila.

 

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