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Miércoles, 29 Julio 2020 14:17

El estado del Estado

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José Luis Guadarrama

Deplorable es el “estado” del Estado. Y vaya que el presidente de la República se convirtió en juglar de su propio juego. Su gobierno se convirtió en el espectáculo y la simulación. ¿Cómo va aquel dicho? “No escupas para arriba, porque te puede caer en...”, el resto se conoce. Un gobierno carente de identidad propia. Un ejecutivo que busca imitar a ex presidentes de naciones hermanas, como es el caso de Evo Morales en Bolivia o Lula da Silva en Brasil. Con la diferencia del fallido “copyntento”.  

 

Otro asunto que causa fastidio es que Obrador no puede aparecer a cada rato en noticias, unas seis veces por días: es el Presidente de la República. Ni siquiera es el vocero de la presidencia. Es el mandatario federal, y tiene que hablar (y también comportarse) a la altura, aún en condiciones especiales, una vez por semana, resumiendo los logros o fracasos de su administración. Definitivamente no es un gran orador, y no hay castigo por no serlo, pero la repetición y la pausa lo vuelve...irritable e intolerable.

Quisiera poder enlistar cada uno de los logros del actual gobierno. Decir en cada punto que todo lo que prometió en campaña marcha con fluidez y el país está creciendo en todos los ámbitos prometidos. De verdad quisiera por lo menos opinar algo bueno del actual gobierno. Hago el más mínimo esfuerzo por encontrar algo significativo y sentir un poco de empatía por el “populismo obradorista” (que de populista e izquierdista no tiene nada). Porque nos guste o no, AMLO es nuestro presidente. Aquellos ‘bautizados’ (por él) como fifis o chairos que votaron o no por él -y que están jugando su pasatiempo preferido: la división social- son nuestros vecinos, compatriotas, seguramente amigos o compañeros de trabajo. 

La venta del avión: NO. La creación de empleos: NO. La baja en la delincuencia y el crimen organizado: NO. El trabajo conjunto con los mandatarios estatales para la lucha contra el coronavirus: NO. El pan y circo como distracción, imitación de la captura de Elba Esther Gordillo como fue en su momento en el gobierno pasado, pero hoy con Emilio Lozoya: SÍ. El aumento en el costo de la gasolina y los insumos básicos: SÍ, SÍ y SÍ. Y así podría pasarme toda la columna enumerando el malogro morenista. Pero no nada más eso nos perjudica, sino también la división en el mismo partido marrón. Los unos contra los otros. ¡Patético! 

Pero ojo, no toda la culpa es de él. La fijación del mexicano es “por lo que tiene el otro o lo que hace el otro”. Y he aquí los resultados. Eso nos llevó a la desgracia de tener al presidente que tenemos. Pero aún más, a los miles y miles de votantes que, gracias al sistema, se encuentran cegados de una realidad inexistente. 

¿Cómo es posible que un individuo tan arrogante, soberbio y envidioso como lo es López Obrador, haya prendido mecha entre nosotros los mexicanos? Al igual que su mujer, la “académica”, los une la soberbia y los carcomidos y perjudicados somos nosotros.

Si tan solo nos detuviéramos unos minutos a evaluar y pensar un poco la situación, no habría confrontación. ¿Quién le dio el derecho de poder nombrar a los unos y unas y los otros y otras?

Tal vez lo único que lo que lo hace diferente a él y a su gobierno es la pésima forma de hacer gobierno. Obrador lucubra, no dirige. No es líder, ni jefe, ni mucho menos -que menos- un guía espiritual o un mensajero de Dios. Es un personaje conservador, poco visionario y carente de mundo. 

No hay rumbo. Pero... en fin, el oficio es: contar las cosas.

 

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