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Viernes, 24 Julio 2020 11:04

Poder por poder

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Miguel Francisco Crespo Alvarado

Más allá de cómo definamos conceptualmente el poder, su ejercicio contemporáneo implica la capacidad para llevar a los hechos aquello que desea la voluntad. Si el tan denunciado individualismo domina en la actualidad, los actos de poder son entonces la expresión volitiva de alguien en particular y concreto.

 

Se va volviendo poderoso quien consigue que la realidad se asemeje más a lo que sus anhelos, bueno o malos, determinan. Los medios para lograrlo son el dinero, las relaciones, la fama y los altos cargos de la función pública o en algunas grandes corporaciones privadas.

El problema es que nadie tiene el suficiente poder como para que la realidad sea completamente a su antojo. Se pueden tener muchos medios y todavía no conseguir que el mundo se presente al gusto personal de quienes lo dominan. Como consecuencia, en más de una ocasión, los individuos se tornan insaciables en la persecución de más medios que les otorguen más poder, bajo la ilusa idea de que, de esa manera, conseguirán cerrar la brecha entre lo que quieren y lo que pueden.

Algunos, persiguen esos medios empleando las formas legales y morales establecidas en la sociedad en la que habitan. Pero son los menos. La mayoría se da muy rápidamente cuenta de que las reglas y los preceptos éticos les estorban, así es que utilizan parte del poder adquirido para anular las restricciones y hacerse de más medios de manera más rápida y eficaz. De todas formas, nunca les es suficiente.

Si buscamos las causas profundas de la violencia, la corrupción, la contaminación ambiental o cualquier otro de los males que nos aquejan en la actualidad, vamos a encontrar un ingrediente común: la búsqueda desmedida e insaciable de los medios que otorguen mayor poder a quienes no se resignan a que el mundo sea de una manera distinta a su voluntad.

Lo peor de todo es que, esos que por ejemplo roban más de lo que pudieran gastar cinco generaciones completas de su familia, pierden la capacidad para disfrutar el nivel de incidencia sobre la realidad que ya tienen y que suele ser muy superior al que posee la inmensa mayoría. Algo similar les sucede a quienes logran demasiado poder político: dejan de estar ocupados en transformar lo que sí pueden de la realidad para, en su lugar, obsesionarse con la idea de tener un mayor control.

Muchos de quienes gobiernan en la actualidad fracasan en sus gestiones porque dedican más tiempo a acrecentar su poder que el que utilizan en promover los cambios que decían desear cuando estaban lejos de su posición política actual. Les termina ocurriendo lo que les pasa a aquellos que buscaron acumular riqueza y que se mueren sin llegar verdaderamente a disfrutarla; sólo que les sucede más rápido, porque el poder político es todavía más pasajero que la vida. Nadie consigue gobernar eternamente, porque no hay medios suficientes para comprar tiempo.

 

Doctor en Ciencias Aplicadas. Director del GIISI S.C. Miembro fundador de la Escuela Latinoamericana de Pensamiento y Diseño Sistémicos. Integrante del Consejo de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción de Coahuila.

 

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