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Miércoles, 22 Julio 2020 22:16

IN PRINCIPIO ERAT VERBUM

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Conocimiento y sentimiento van de la mano: neuroeducación

"La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser". Hesíodo

Simón Vargas Aguilar

¿A qué se debe que algunas niñas o niños aprendan a leer y a escribir antes que otros? ¿Depende de la capacidad neuronal, de la influencia de los padres de familia o de la enseñanza docente? Dar respuesta a estas preguntas no es sencillo, ya que el proceso de lecto-escritura y en general de aprendizaje escolar conlleva una serie de factores que influyen; hoy, por ejemplo, gracias a la ciencia y a la división de la corteza cerebral establecida por el neurólogo Korbinian Brodmann, se ha determinado que existe un espacio específico del cerebro donde el grafema se convierte en fonema, es decir, el símbolo escrito se transforma en un sonido específico; sin embargo, esto aunado a la ciencia, el apoyo en casa y la estrategia docente determinan la facilidad y celeridad con que el niño asimilar conocimientos.

Es así como a pesar de que cada individuo tiene su propio ritmo de aprendizaje, hoy la neurociencia y el aprendizaje se han unido para dar paso a la neuroeducación, que en palabras de uno de sus mayores exponentes el catedrático de la Universidad Complutense y de la Universidad de Iowa, Francisco Mora, ésta es una nueva visión de la enseñanza basada en el estudio del cerebro, y a la par integra conocimientos de psicología, sociología y medicina, pero sobre todo sitúa la dupla emoción-cognición como la principal forma de enseñanza y adquisición de conocimientos.

Con el paso de los años y el avance tanto en la ciencia como en la tecnología diversas áreas de nuestra vida han sufrido transformaciones importantes y la educación no se ha quedado atrás; actualmente, para obtener mejores resultados es necesario que el educador además de entender el proceso personal del alumno y su contexto social (entre otros elementos) acompañe las estrategias con un componente esencial: la pasión o emoción.

Y es que contrario a lo que por años se ha creído el proceso emocional juega un papel fundamental tanto en la enseñanza como en el aprendizaje, y es que gracias a la neuroeducación hoy sabemos que si bien el cerebro es complejo, los científicos han concordado en que éste asimila mejor si se involucra la sorpresa, la curiosidad o incluso el amor.

Paradójicamente, en un mundo cada vez más impactado por la tecnología, la educación emocional se convierte en un punto de anclaje necesario; no se trata de dejar de lado la geometría, la historia o las matemáticas, sino trabajar en que cada una de las asignaturas sea enseñada desde un ángulo donde la emoción se convierta en la protagonista o bien desde una perspectiva donde la memorización comience a quedar relegada y por contrario se favorezca la transmisión de conceptos a través de experiencias; porque los niños y adolescentes podrán omitir una fecha o una fórmula matemática pero pocas veces se olvidarán de aquello que los hizo sentir dolor o felicidad.

Es importante hacer hincapié que la educación se ha revolucionado y basta con recordar que mucho de lo que aprendemos se hace a través de un modelo vicario, es decir somos capaces de adquirir patrones y conocimientos mediante la observación del comportamiento de otros individuos, esto es realmente significativo ya que de acuerdo al artículo: Educational neuroscience: progress and prospects publicado por el Centro Nacional para la Información Biotecnológica (NCBI por sus siglas en inglés) el cual forma parte de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos; “aprender es sólo una mínima parte de la educación, ya que el término tiene múltiples realizaciones para el cerebro y al menos se han identificado ocho sistemas que interactúan, desde un sistema para memorizar momentos específicos, hasta uno que recaba y retiene procedimientos para las actividades de aprendizaje que realizamos con frecuencia, y a menudo de manera inconsciente, como atarse los cordones de los zapatos, leer o conducir un automóvil”.

Los seres humanos somos complejos y más que ser racionales estamos cargados de elementos abstractos, de contextos personales, familiares y sociales que se mezclan constantemente y día con día, es por eso que en un escenario tan difícil como el que vivimos, el conocimiento tiene que ir más de la mano del sentimiento y menos de la repetición, pero sobre todo debemos comenzar a enfocarnos en la enseñanza basada en emociones asertivas.

Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación. 

Lagunero. Consultor en Seguridad, Justicia, Política y Educación. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Coahuila. Cuenta con diplomados en Seguridad Nacional y Análisis Político por la UIA y el ITAM. Es egresado del Programa de Alta Dirección de Empresas AD 2010-11 del IPADE Business School. Columnista en La Jornada, Eje Central, La Silla Rota y La Otra Plana.

 

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