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Jueves, 19 Marzo 2020 13:55

MITOS Y NOVEDADES EN LA HISTORIA DE MÉXICO 

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La última gota que derramó el pozo de petróleo

Jesús Vázquez Trujillo

A finales de 1937, los trabajadores mexicanos de las compañías petroleras asentadas en México, comenzaron a realizar manifestaciones, huelgas y paros laborales en protesta por las malas condiciones salariales que tenían, pues sus compañeros extranjeros tenían un mejor salario que ellos, a pesar de que despeñaban el mismo trabajo. 

Dichas condiciones laborales existían desde los tiempos del presidente Porfirio Díaz, en cuyo gobierno los estadounidenses e ingleses descubrieron el petróleo. 

En cierta ocasión un grupo de trabajadores mexicanos le preguntó al presidente Díaz, ¿Por qué los trabajadores extranjeros percibían un mejor salario que ellos? 

A lo que el general Díaz contestó sarcástica y despectivamente: Si las prostitutas estadounidenses e inglesas ganan más, es porque trabajan mejor. 

Ante esa tajante contestación, a los trabajadores no les quedó más remedio que resignarse y seguir trabajando. La postura de los trabajadores mexicanos era justa, por lo que hicieron llegar sus reclamos ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje. 

El organismo laboral, emitió un laudo a favor de los trabajadores mexicanos, exigiendo a las compañías extranjeras condiciones de trabajo igualitarias para mexicanos y extranjeros. 

Sin embargo, las empresas se negaron a cumplir el laudo emitido por la autoridad laboral, por lo que buscaron tramitar un amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, aunque los trabajadores mexicanos también hicieron llegar sus quejas ante el supremo órgano judicial. 

Y por orden directa del presidente Lázaro Cárdenas, el presidente – magistrado Julio Santos Coy, emitió un fallo favorable a los trabajadores mexicanos. 

Su resolución fue transmitida por radio a nivel nacional. 

¡La Suprema Corte de Justicia de la Nación, no protege ni ampara a los intereses de las compañías petroleras extranjeras! 

Como era de esperarse, los empresarios extranjeros no estaban dispuestos a aceptar y cumplir con el mandato del Supremo Tribunal, así que, el jueves 17 de marzo de 1938 a las 10:00 horas, acudieron a Palacio Nacional a entrevistarse con el presidente Lázaro Cárdenas. 

Dicha entrevista entre los empresarios y el presidente transcurrió en un ambiente tenso e incómodo para ambas partes, pues los empresarios se negaban a pagar la cantidad tan exorbitante que solicitaban los trabajadores nacionales. 

Además de que no deseaban igualar sus condiciones de trabajo a las de los trabajadores extranjeros, pese a que el general Cárdenas les garantizaba que él mismo pagaría las erogaciones que los empresarios tuvieran que hacer al cubrir las demandas salariales de los trabajadores mexicanos. 

Además de que ya no habría huelgas, ni paros laborales. “Señor presidente, ¿Quién nos garantiza que sí cumplimos las demandas de los trabajadores mexicanos, todo volverá a la normalidad?”.

¡Se los garantiza, el presidente de la República! Ante esto los empresarios se voltearon a ver entre sí y rieron discretamente. 

Los empresarios petroleros habían desafiado al presidente Lázaro Cárdenas, al dudar de su palabra. 

Ante la insolencia de los empresarios extranjeros, el general Cárdenas tuvo que disimular su disgusto, solamente empezó a “juguetear” con la pierna derecha de su pantalón, mientras mostraba ante los empresarios una seriedad sepulcral. 

Acto seguido, el general se puso en pie y sin hacer escándalo alguno abandonó el salón, dejando solos a los prepotentes magnates. 

Fue en ese instante, que el presidente Lázaro Cárdenas tomó la decisión de expropiar la industria petrolera. 

A las 22:00 horas del día siguiente, viernes 18 de marzo, el presidente Lázaro Cárdenas a través de un mensaje radiofónico a nivel nacional, anunció al pueblo de México su resolución de expropiar la industria petrolera. 

Sin embargo, un año después el 1 de octubre de 1939 a un mes de estallada la Segunda Guerra Mundial, y comprendiendo que México carecía de la tecnología necesaria para explorar, extraer, refinar y procesar el petróleo, el presidente envió al Congreso de la Unión una iniciativa de reforma al artículo 27º constitucional.

Para permitir la inversión privada tanto nacional como extranjera por partes iguales, en el sector energético mexicano, con la condición de que la renta petrolera (el ingreso obtenido por la explotación del hidrocarburo), pasara íntegramente a las arcas federales, es decir la federación le cobraría a las empresas extranjeras, por explotar el petróleo mexicano.

Desafortunadamente, a excepción de los países del Eje. Toda la comunidad internacional, volvió a dudar de la palabra del presidente Lázaro Cárdenas del Río. 

 

 

El presidente Lázaro Cárdenas, leyendo el decreto de expropiación de la industria petrolera. Viernes 18 de marzo de 1938

 

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