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  • Jesús Marín Fotografia
Viernes, 13 Marzo 2020 09:23

9 de marzo; la crónica de la desigualdad

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¿Cómo podemos cambiar el mundo si sólo la mitad de éste se siente invitado o bienvenido a participar en la conversación? Emma Watson 

Luis Eduardo Enciso Canales

En México la inequidad de género es una herida abierta que han dejado expuesta las mujeres al llevar a cabo el paro nacional llamado “Un Día Sin Nosotras”. El aumento de la violencia contra ellas ha sido el impulso que encendió la mecha y que finalmente ha detonado una gran indignación colectiva que ya está harta y que se expresó en un rotundo grito de ¡Ya basta!

La injusticia ha sido la piedra angular donde se ha forjado a golpe de asesinatos, vejaciones y de indiferencia uno de los movimientos sociales más importantes de la nueva era en el país, su tamaño he impacto solo fue una pequeña muestra de lo que una ciudadanía organizada y unida puede llegar hacer cuando las vías se han cerrado.

La consecuencia económica estima un saldo negativo promedio que alcanza los 40,000 millones de pesos, de acuerdo con información de estudios realizados por entidades bancarias como BBVA. El rango calculado previamente se estimó que sería de entre los 34,571 a los 43,500 millones de pesos. Este ejercicio denota el costo de que la población femenina no asista a sus centros de trabajo, que no realicen otras actividades cotidianas, lo que también incluye las labores sin remuneración o de empleos informales.

La protesta fue un balde de agua helada de realidad que implica la posición insustituible del rol de la mujer en la sociedad mexicana, en donde lo económico solo es una parte proporcional de la gran diversidad de aportes que hacen las mujeres. El 9M no solo puso en jaque al presidente de la republica sino también a todo el sistema político, la decisión de hacer algo para frenar la ola de violencia contra ellas y la alza en los feminicidios que solo el año pasado alcanzo 1,010 asesinatos han impactado frontalmente la popularidad de AMLO que en los últimos meses su índice de aceptación cayo del 79% al 59%.

Para encontrar un referente histórico similar habría que remontarse al 24 de octubre de 1975 en Islandia. Aquella jornada, conocida como “El Día Libre de las Mujeres”, el 90% de las islandesas decidió no asistir a sus puestos de trabajo para exigir igualdad. Este movimiento permitió que cinco años después que Vigdis Finnbogadottir se convirtiera en la primera mujer del mundo en ser elegida presidenta de un país. En México la falta de acceso de la mujer al poder político ha sido un freno para su desarrollo, ya que solo aparecen contempladas en el discurso, pero no en la verdadera inclusión a posiciones políticas relevantes. 

De las 32 entidades federativas; 31 Estados y la Ciudad de México, tan solo dos mujeres gobiernan en este país, apenas en 1979 tuvimos a la primera mandataria estatal con Griselda Álvarez Ponce de León que gobernó Colima, de ahí a la fecha solo nueve mujeres han llegado a dirigir algún Estado de la república, pero de estas mandatarias, dos fueron interinas y el resto sí hizo campaña política y logró vencer a sus competidores en las urnas.

De los más de 2,400 municipios que existen en el país, las mujeres gobiernan 132 ciudades mexicanas, ocho capitales estatales y tienen bajo su responsabilidad a 11.6 millones de habitantes, lo que representa el 10% de la población total del país. A casi 58 años de haberse reconocido el derecho de las mujeres mexicanas para votar y ser elegidas, su participación en los Ayuntamientos es todavía muy limitada, tan solo el 5.4% de los municipios son gobernados por Alcaldesas, las cámaras y los congresos estatales son otro cantar, y aunque ahí hay más presencia de mujeres el esquema se manejan como “bancadas” las cuales tiene un coordinador que en la mayoría de los casos es hombre y el resto solo sirve de comparsa o para subir iniciativas hechas a modo y previamente revisadas u autorizadas.

Mientras las mujeres sigan sin poder acceder al poder real, las políticas públicas continuarán siendo sólo reactivas y no la consecuencia de un diálogo entre iguales, que permita que ellas; decidan e incidan, para poder achicar la brecha de la desigualdad que es la base de toda inequidad, las acciones de los gobiernos hoy en día solo son paliativos revestidos de discurso “incluyente”, pero si esto fuera real simplemente el 8M y el 9M no hubieran tenido razón de ser.

De nada sirve toda la estructura creada por el discurso de género si los feminicidios, la violencia contra ellas y la injusticia continúen formando parte de la realidad de este país. Es de llamar la atención que los medios y las redes sociales han magnificado y priorizado las imágenes de las pintas y los desmanes de la marcha feminista por encima del histórico acontecimiento, esto habla que existe un temor fundado de los poderes políticos y fácticos de que esto se convierta en un gran tsunami transformador, pero ya inició y se ve difícil que se pueda revertí, ese espíritu de unidad y de lucha se percibe indomable, que el impacto de esta movilización no nos espante, todo movimiento social conlleva caos, desorden y hasta violencia, pero recordemos que este es el resultado de una violencia superior que está orillando a las mujeres, sus familias y a la ciudadanía a marcar un hasta aquí.     

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