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  • Jesús Marín Fotografia
Sábado, 01 Febrero 2020 11:02

EL AMOR: LA DIFÍCIL VOCACIÓN DE ESTAR EN EL OTRO

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Sólo el amor alumbra lo que perdura. Silvio Rodríguez

 

Emanuel Alvarado

Con esta columna doy continuación a la trilogía en que me propuse abordar tres de los mayores valores en los que creo: la Amistad, el Amor y la Fraternidad. En cuyo número siguiente terminaré, a pesar de existir tantos otros temas de los que quisiera hablar. Pero haré una pausa al resto y voy a concluir con esta tríada.

 

Alguien, una mujer a la que quiero mucho, me enseñó con estas simples palabras el profundo sentido del amor: “Amor es... lo que se siente, no lo que se ve, es preocuparse por el otro, amarlo sin condiciones y a pesar de sus defectos”. También, otra mujer, me enseñó que “todo lo que necesitan los niños es amor”. Mi madre me enseñó el heroísmo que conlleva el amor. Y mi padre me dio —y me sigue dando—lecciones de amor todos los días de su vida.

De la mano de un escritor que nos impartió un taller de narración, recién comenzaba mi carrera literaria, aprendí que la humanidad se mueve bajo tres grandes pulsiones: el humor, el hedor y el amor. Y si incluso pudiésemos hablar de una filosofía del amor tendríamos en Platón a nuestro gran erudito cuando decía: «conocer y alcanzar la idea de la belleza porque es lo único que es bello en sí mismo y por sí mismo».

Podríamos decir que el amor es una sola cosa y muchas sus manifestaciones; o, podríamos decir, de manera coloquial, que hay muchos tipos de amor. Pero desde mi consideración sólo existe una forma del amor y consiste en el hecho de que todos sus actos resultan absolutamente buenos y positivos. Cualquier otra forma que no respete esta condición es un amor equívoco, “parcial”, fragmentado o dividido y revuelto con otras fuerzas de las emociones y los más diversos, buenos y malos, sentimientos.

El amor es la idea de la belleza, cuando éstas se alcanzan a comprender, a vivir, a encarnar, y forman parte de nuestra vida, de nuestro ADN, entonces se pueden contemplar las profundidades del alma, se puede conectar con la Naturaleza, con otro ser humano. Se pueden comprender los misterios de la vida, del caos, del Todo, de la muerte. El sentido de lo circunstancial, de lo “divino”, y puede entonces, sólo entonces, reconfortarse el espíritu con las pequeñas alegrías de la existencia.

El amor propio pasa por ser la primera condición para cruzar a buen puerto la vida. El amor a los demás, como servicio y dignidad, pasa por ser la más clara muestra de afecto al prójimo. El amor filial, de amigos, de compañerismo, pasa a ser la más exquisita forma de la solidaridad humana. El amor hacia los padres y hacia los hijos. Hacia los hermanos y hermanas. Todas esas formas son tan válidas como necesarias… Y parecen ensayos previos al amor conyugal, al de pareja, al amor por otro como si de uno mismo se tratara; al amor compartido en unión.

No he conocido a ningún ser humano en mi camino por el mundo cuya búsqueda no sea el hallazgo de una pareja ideal, perfecta, armónica y duradera en cuanto a la eternidad determinada que tenemos. El amor de pareja, por grande que sea el amor de unos hijos, unos padres y de varios amigos, no se sustituye por nada y muchas veces representa la diferencia entre sentirse solo o acompañado. Es por ello que esa imagen binaria aparece y reaparece y es una constante en la cultura.

Toda forma de amor es sublime; pero el amor de pareja, el amor erótico, el amor sensual, el amor sexual, seguirá constituyéndose como la forma idealizada del amor. Como el amor completo, el amor más poderoso porque no media la sangre ni la amistad. Sino que es la voluntad la que impera, es la razón como última fase la que predomina; ahí es donde aparece el verdadero sentido, la verdadera vocación de enamorarse. Se ama por voluntad propia a otro ser, por determinismo, por la simple y sencilla razón de que entendemos y sentimos que es un compañero que nos complementa. Porque es la persona que nos hace perfectamente habitable el mundo, porque en él o en ella hallamos cuanto buscábamos y necesitamos para ser felices.

 

©Emanuel Alvarado, 2020

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FB: @EmanuelAlvaradoEscritor 

 

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