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  • Jesús Marín Fotografia
Sábado, 06 Abril 2019 09:21

Trump está en campaña (contra México)

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Carlos Arredonso Sibaja

Hace cuatro años, cuando el actual presidente de los Estados Unidos irrumpió en la escena política, lo hizo armado con un discurso al cual todo mundo se apresuró a calificar de erróneo, inconveniente y previsiblemente condenado al fracaso pero todo mundo se equivocó.

 

Mr. Trump dejó claro, en unos pocos meses, la precisión con la cual había leído a la sociedad norteamericana y, sobre todo, la exactitud de su diagnóstico respecto de la vocación de sus compatriotas por el conservadurismo, el ultra nacionalismo y la xenofobia, así como el potencial para convertir tales características culturales en un manantial de votos.

Así, contra todo pronóstico, el neoyorkino fue dejando en el camino al resto de los aspirantes republicanos a la nominación presidencial, primero, para después derrotar a Hillary Clinton en los estados clave para hacerse con los votos electorales necesarios para convertirse en presidente.

Desde el principio fue muy claro el eje central del discurso trumpista: la identificación de la línea fronteriza con nuestro país como la fuente de todos los males padecidos por la sociedad norteamericana. Y aquí nuevamente resalta su habilidad comunicacional para sintetizar los sentimientos de sus conciudadanos: el problema se llama inmigración ilegal y tráfico de drogas.

Como consecuencia lógica del diagnóstico, la solución a los problemas de la sociedad norteamericana está indefectiblemente vinculada a la fórmula con la cual se administra/protege/resguarda/asegura la línea fronteriza entre ambas naciones. Y para garantizar la seguridad, ¡nada tan eficaz como un muro!

Definido el tono del discurso, ya sólo hacía falta repetirlo de forma incesante y, de ser necesario, radicalizarlo. Así, con cada posicionamiento de rechazo lanzado desde nuestro país -o desde cualquier trinchera- a la idea del muro, Trump sólo debía hacer una cosa: ofrecer la construcción de un muro más alto.

El resto es historia pero también es presente, porque el señor Trump se encuentra nuevamente en campaña, ahora en la búsqueda de un segundo mandato.

Pero no sólo eso: el Trump de la campaña de 2019 no es el mismo de la campaña de 2015, sino uno todavía más envalentonado y seguro de sí mismo, pues tras poco más de dos años de ejercer el poder -y cosechar en el camino una miríada de críticas y un nuevo alud de diagnósticos de fracaso- sigue gozando de la popularidad suficiente como para enfrentar el reto de las urnas y hacerlo con posibilidades de éxito.

A despecho de sus detractores, el piso bajo los pies del mandatario estadounidense es más sólido hoy, si se le compara con el de hace cuatro años, pues ha sobrevivido a todo incluso a sí mismo.

Por ello, a nadie debe extrañarle la reedición de la exitosa fórmula gracias a la cual conquistó su objetivo. Y menos aún debe extrañarnos su adecuación al momento actual, es decir, a la nueva campaña electoral en la cual se ha embarcado ya el principal inquilino de la Casa Blanca.

La reedición de la fórmula implica, como ya lo hemos visto, reiterar el discurso xenófobo, pero en una versión aún más virulenta.

Y no podría ser de otra forma, pues el candidato de 2019 debe hacerse cargo de un hecho concreto: su promesa de construir un muro en la frontera común permanece incumplida, pese a su insistente solicitud de fondos para tal propósito y al uso de todos los recursos a su alcance para presionar al Congreso de los Estados Unidos y obligarle a entregárselos.

Por ello Trump ha iniciado su nueva campaña incrementando la apuesta: si no es posible construir un muro, entonces la frontera será cerrada Y si la frontera no puede cerrarse, como quedó claro en la semana, entonces habrá de imponerse altos aranceles a las importaciones de autos construidos en México.

Y si ese argumento se cae mañana, él regresará pasado mañana con una nueva idea con la cual doblegarnos y hacernos pagar por el muro, tal como lo ofreció desde el principio.

¿Encontrará en algún momento un mecanismo para lograr su cometido? Si lo pensamos en términos de obligar a México a financiar el desquiciado proyecto del muro, la respuesta al cuestionamiento importa poco, pues el objetivo real es el triunfo electoral en las todavía lejanas elecciones de 2020.

Sin embargo, resulta indispensable entender las diferencias existentes entre el arranque de campaña de 2015 y el de 2019. Quien se lanza hoy al ruedo electoral es el Presidente de los Estados Unidos y no sólo un excéntrico magnate armado con una colección de bravuconadas de las cuales podemos burlarnos y hacer memes.

El discurso de hoy está preñado de los mismos prejuicios del de hace cuatro años, cierto. Pero quien lo pronuncia es el hombre más poderoso del mundo y eso cuenta y cuenta mucho.

Trump está en campaña. Y esa campaña implicará atacar constantemente a México durante el próximo año y medio. Nosotros deberíamos tener una estrategia para impedirle noquearnos en el camino hacia la definición de este proceso electoral.

@sibaja3

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