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  • Jesús Marín Fotografia
Sábado, 30 Marzo 2019 11:30

Cuenca ‘lenguaraz’ estilo 4T

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Carlos Alberto Arredondo

Tropezarse con la lengua es inevitable para todo político incapaz de asumir el tránsito de la etapa de campaña a la del ejercicio del poder. Dicho tránsito implica, sobre todo, abandonar el discurso orientado sólo a obtener el aplauso del público.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador, como es evidente, ha decidido, al menos hasta ahora, permanecer en “modo candidato” y eso implica ir por el país largando discursos diseñados a modo para cada público e inflamando expectativas.

Un episodio más de esta historia ocurrió el martes pasado cuando, desde Frontera, Tabasco, el titular del Ejecutivo le envió un mensaje ominoso a la industria láctea asentada en el norte de México: su gobierno impulsará medidas para frenar la producción de leche en el semidesierto coahuilense.

No hay equívocos ni interpretaciones malintencionadas en este señalamiento.

Las palabras textuales de López Obrador fueron: “Vamos a impulsar una cuenca lechera, porque ya no se puede seguir produciendo la leche en las zonas desérticas, donde no hay agua”.

Enseguida, como parte de sus acostumbradas lecciones de lógica, clarificó el significado de la expresión zonas desérticas: “¿Qué es la leche? Fundamentalmente agua. Imagínense estar produciendo leche en La Laguna… por eso se están contaminando los mantos acuíferos en La Laguna, con problemas ya hasta de arsénico, porque no hay agua; y nosotros tenemos aquí el Usumacinta y tenemos la vocación productiva”.

Los acólitos del Presidente -el súper delegado Reyes Flores entre ellos-, piden ahora “no caer en falsos debates” y no “desinformar” a la comunidad a partir de lo dicho por López Obrador en su natal Tabasco, a propósito… ¡de la conmemoración del 500 aniversario de la Batalla de Centla!

Esta última acotación es relevante porque pone de manifiesto la verdadera raíz del problema: la determinación con la cual el titular del Ejecutivo asume la misión de ir por la vida soltando ocurrencias.

Y aquí, por cierto, salta una más de las inconsistencias endémicas del discurso presidencial. López Obrador presume de conocer la historia, pero parece ignorar la de su propio terruño… o al menos la soslaya de manera conveniente.

Porque si conociera la historia sabría entonces del fracaso de proyectos emprendidos en el pasado en Quintana Roo (1981), Yucatán (1984) y Tabasco (1972), justamente para impulsar la producción de leche en gran escala en esas regiones del país.

El académico Manrrubio Muñoz Rodríguez, investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, señala en un artículo publicado en 1990 la razón por la cual los proyectos antes citados no tuvieron éxito:

“Estos intentos han fracasado porque la estrategia para integrar las regiones del trópico a la estructura económica nacional se ha basado en la intervención estatal, con ambiciosos proyectos de desarrollo impuestos desde arriba y prácticamente sin la participación de los productores. Asimismo, se ha tratado de trasplantar en forma mecánica los sistemas de producción intensivos prevalecientes en el altiplano, en lugar de generar sistemas apropiados a las condiciones del clima tropical”.

En contraste, Mario Cerutti y Eva Rivas Sada, académicos de las universidades Autónoma de Nuevo León y de Monterrey, respectivamente, consignan en su artículo “La construcción de la cuenca lechera en la Laguna”, cómo el impulso para su creación y consolidación surgió de los productores y nunca dependió de la “tutoría” gubernamental.

Se trata de dos visiones contrapuestas: la una se inspira en el paternalismo sempiterno de los populistas; la otra en la responsabilidad y el tesón de los individuos a quienes el Estado sólo apoya generando las condiciones necesarias para hacer fructificar su esfuerzo. Una fracasa, la otra tiene éxito.

Por ello, lo expresado por López Obrador en Tabasco sólo demuestra, una vez más, el preocupante grado de improvisación de esta administración, encabezada por un individuo empeñado en asumir el papel de experto en todología, razón por la cual, o no tiene asesores capaces, o no los escucha.

Porque si el Presidente tuviera un mínimo de conocimiento sobre la creación, desarrollo y sostenimiento de una cuenca lechera, o tuviera algún asesor medianamente informado sobre el tema, sabría por lo menos lo esencial: esto no es un asunto sólo de tener agua en abundancia.

Justamente por eso, porque no se trata sólo de agua, fue posible crear, en el semi desierto del norte, la cuenca lechera más importante del país y, según no pocos especialistas, la más importante del mundo si se toma en cuenta su producción respecto del espacio físico ocupado por ésta.

Por cierto, la competencia no está mal. Si existen inversionistas interesados en arriesgar su dinero para desarrollar no una, sino una docena de cuencas lecheras en el país, bienvenidos. Lo inadmisible, lo antidemocrático, es impulsar y financiar de manera artificial, desde el poder, proyectos para amenazar el esfuerzo de una región. Porque lo dicho por López Obrador en Tabasco es eso: una amenaza a la industria lechera de la Región Lagunera.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

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