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  • Jesús Marín Fotografia
Sábado, 02 Marzo 2019 09:24

La (desinformada) secretaria Sánchez

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Carlos Alberto Arredondo

Algunas cosas, advierte con tino la sabiduría popular, son imposibles de ocultar. Y en tal catálogo figura, de manera destacada y por obvias razones, la incompetencia.

Con independencia de la veracidad del dicho, la incompetencia en el sector público representa uno de los motivos históricos de agravio de la sociedad mexicana, pues la burocracia –de todos los órdenes de gobierno– nunca se ha caracterizado por el rigor en sus procesos de reclutamiento y selección.

 

Y como bien lo demuestra la evidencia a la vista, el remedio para la endémica incompetencia del servicio público claramente no está en la simple alternancia de siglas y colores partidistas en el poder, pues los vicios de nuestra clase política son transversales a todos los partidos.

No es de extrañar por ello, la acumulación de señalamientos de incompetencia –y otros vicios– enderezados contra buena parte del gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En adición a la crítica obligada por tal hecho, la improvisación en el gabinete presidencial resulta preocupante porque sus integrantes toman decisiones capaces de afectarnos a todos y, en consecuencia, los errores cometidos en ese proceso se traducen en costos para los ciudadanos.

La improvisación y la incompetencia son inadmisibles, desde luego, en todas las áreas del servicio público. Pero si en alguna dependencia resultan especialmente preocupantes, esa es la Secretaría de Gobernación (Segob), cartera estratégica a cuyo cargo se encuentra la seguridad interior del País.

Justamente por ello merecen atención y análisis particular dos declaraciones realizadas en la semana por la titular del área, Olga Sánchez Cordero, a quien parece haberle quedado muy grande el puesto.

La funcionaria confesó el lunes, a propósito de la enésima “consulta democrática” promovida por la cuarta república, el desconocimiento del Gobierno federal respecto de la oposición popular a la construcción de la termoeléctrica de Huexca, Morelos.

La declaración se antoja inaudita porque, ¡para eso está la Secretaría de Gobernación!: para contar con información precisa, completa y veraz respecto de todos los sucesos capaces de perturbar el normal desarrollo de la agenda pública del País.

Pero doña Olga no se conformó con eso y, ya metida en gastos, en un arranque de abusiva ingenuidad –Carlos Monsivais dixit– decidió tirarse a lo profundo y decir, ¡agárrese de la silla!: “no teníamos ni siquiera conocimiento de la inversión”…

La expresión anterior habría quedado perfecta en una historia de Condorito y le habría permitido al dibujante trazar su acostumbrado ¡Plop!, mientras el personaje central de la tira cae de espaldas.

El segundo episodio se registró cuando, al explicar las razones para meter reversa en la decisión de retirar los recursos a los albergues para mujeres víctimas de violencia, la secretaria incurrió en un pecado recurrentemente señalado por su jefe para fustigar a sus enemigos políticos: buscar un chivo expiatorio.

“Yo quiero informarles que el que hizo este anuncio absurdo de los refugios fue un funcionario de tercer o cuarto nivel. Ni siquiera tenía conocimiento el señor secretario, porque yo hablé personalmente con los dos secretarios: de Hacienda y Salud y la noticia la coló una gente que interpretó una circular y canceló así, motu proprio, el tema de los refugios. O sea: ni conocimiento tenía”, dijo textualmente doña Olga.

La declaración de la ministra en retiro sirve para tener clara una cosa: la desinformación y la ausencia de control de los titulares de las áreas no se restringe a la Secretaría de Gobernación: también se extiende a las de Hacienda y Salud, lo cual retrataría una tendencia preocupante.

Las confesiones de la secretaria Sánchez Cordero sólo admiten una de dos explicaciones: o es muy ingenua, o simplemente carece del perfil para ocupar un puesto en el cual deben tomarse continuamente decisiones relevantes, actividad para la cual resulta indispensable estar bien informada.

Pero la incompetencia, es importante señalarlo, no es la única debilidad exhibida por la titular de la Segob, quien ha probado encarnar varios de los defectos de la burocracia, presuntamente erradicados de la función pública por el actual Gobierno de la República, entre ellos la propensión a mentir.

Esto último quedó probado en el caso del “muy austero” departamento adquirido por doña Olga en Houston, Texas, y cuya existencia pretendió ocultar primero, para luego culpar a un funcionario menor de su vocación personal por la opacidad, tal como lo documentó el portal Animal Político.

Incompetencia, improvisación, ausencia de honestidad, cinismo para achacar sus pecados a terceros. Eso es lo exhibido hasta ahora por la secretaria Sánchez Cordero y otros integrantes de un gobierno al cual, a contracorriente de la expresión con la cual pretenden ser reconocidos, apenas puede considerársele una “transformación de cuarta”.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

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