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Jueves, 28 Febrero 2019 11:54

MITOS Y NOVEDADES EN LA HISTORIA DE MÉXICO

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Los valientes, no asesinan 

 

Jesús Vázquez Trujillo

El 19 de enero de 1858, el licenciado Benito Juárez asumió por ministerio de ley la Presidencia de la República. 

Sin embargo, no pudo instalarse en Palacio Nacional pues casi inmediatamente tuvo que salir huyendo de la ciudad de México, que había sido tomada por los conservadores. 

 

Don Benito y su gabinete se vieron obligados a emprender un largo peregrinaje por toda la República para poner a salvo al gobierno federal. 

Mientras los ejércitos liberales sostenían encarnizados combates con las tropas conservadoras. 

El 1 de marzo de 1858, el presidente Juárez y su comitiva logran llegar a la ciudad de Guadalajara donde finalmente instalan la capital de la República. 

El coronel Landa estaba encargado de la seguridad personal e integridad física de don Benito Juárez, para lo cual comandaba un pelotón conformado por 300 soldados. 

Mientras tanto, las tropas liberales comandadas por el general Mariano Escobedo son derrotadas por el ejército conservador al mando del general Luis Gonzaga Osollo en Salamanca, Guanajuato. 

Al llegar la noticia de la derrota liberal a Guadalajara, el coronel Landa decidió traicionar al presidente Juárez y brindarle su apoyo al general Félix Zuloaga. 

Obviamente, al pasarse al bando conservador Landa lo hizo con toda la escolta cuya misión consistía en proteger la vida de don Benito. 

Es por ello que el día 14, aprovechando que tenía bajo su custodia al presidente Juárez, vio una magnífica oportunidad para fusilarlo. 

Cuando el presidente salía de su despacho, las tropas del coronel Landa, lo toman prisionero y lo encañonan. 

Sin embargo, el presidente no se inmutó permaneció estoico en pie frente al pelotón esperando que dispararan. 

Es en ese momento, cuando el ministro de Hacienda, don Guillermo Prieto que le llevaba unos documentos al presidente para su revisión. 

Alcanzó a observar lo que sucedía, e inmediatamente se interpuso entre el piquete de soldados y el presidente Benito Juárez, prácticamente don Guillermo lo cubrió con su cuerpo. 

Al tiempo que se ponía como “escudo humano” de don Benito, Prieto alzó la voz y les dijo a los soldados. 

¡Abajo los fusiles, los valientes no asesinan! ¿Quieren sangre?, ¡Pues bébanse la mía!

Los soldados quedaron sorprendidos ante la elocuencia y la vehemencia contenida en las palabras de don Guillermo. 

Así que sin decir ni una sola palabra, bajaron sus armas y se retiran de la estancia presidencial. 

Pasado el estupor, el presidente Juárez no puede contener las lágrimas y abraza fuertemente a don Guillermo Prieto, quien visiblemente conmovido derramó unas cuantas lágrimas. 

Una vez tranquilizados, el presidente Juárez le dijo a Prieto: 

¡Don Guillermo, usted no solo ha salvado la vida e integridad del presidente, si no también ha salvado a la República!. 

 

Guillermo Prieto salva la vida del presidente Benito Juárez, 14 de marzo de 1858.

 

 

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