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  • Jesús Marín Fotografia
Sábado, 22 Diciembre 2018 08:45

La secretaria Galimatías

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Carlos Alberto Arredondo

La semana se la llevó –al menos en términos noticioso– la flamante secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, debido a su, por decir lo menos, “exótica” idea de dictar, desde el Gobierno Federal, no solamente la política salarial del sector público… ¡sino también del privado!

 

Todo mundo lo sabe a estas alturas: luego de largar la más reciente ocurrencia –estupidez sería probablemente un término más adecuado– del gobierno de la transformación, doña Irma Eréndira no perdió la oportunidad para evidenciar también su capacidad para la deshonestidad intelectual acusando a los medios de haberle fabricado una fake news, es decir, de propalar dichos no correspondientes a sus declaraciones.

Al intentar “aclarar” cómo “no había dicho” lo sí dicho durante su comparecencia ante el Senado de la República, la secretaria Sandoval recurrió nuevamente al galimatías, método discursivo a través del cual, todo hace indicar, prefiere comunicarse.

Pero vayamos al principio. Reproduzcamos las palabras textuales de doña Irma Eréndira para ver si en ellas encontramos motivo para la crítica o, como ella parece esperar, se demuestra la necesidad de ofrecerle disculpas por la injusta metralla recibida en la semana.

“Es el Estado y su nueva ética pública… que estamos construyendo entre todos… el Estado con sus poderes, el que debe definir los criterios básicos de la justicia social y en este caso de los salarios y los ingresos y los honorarios que reflejarán la justicia social; no el mercado”.

La anterior fue la frase introductoria utilizada por la secretaria Sandoval para llegar al punto. Fue, digamos, su argumento de apertura; el basamento teórico-conceptual desde el cual parte para construir la idea de una política pública disruptora: el Gobierno como garante del cumplimiento de las responsabilidades del sector privado en la construcción de la justicia social, a partir de las directrices de la cuarta república.

“Yo creo que así como desde el Poder Ejecutivo estamos invitando a los otros poderes a analizar y a sumarse a alguna política de austeridad republicana, también tendríamos que invitar al mercado a sumarse a esos mismo salarios”, dijo enseguida.

No parece haber lugar para la interpretación. Las palabras de la secretaria Sandoval son muy claras: invitar al mercado “a sumarse a esos mismos salarios”. Y si quedaba duda, la precisión siguiente la despeja:

“Y esto no quiere decir poner en riesgo ni meternos en la discusión de las ganancias… Pero los salarios del mercado, o los ingresos del mercado, quizá sí se tendrían que ajustar. O sea: no tenemos que brincar desde el Estado los funcionarios, los senadores y los jueces y los magistrados, a llegar a los salarios del mercado. Más bien los salarios del mercado, los honorarios y los ingresos del mercado tendrían que ajustarse a una nueva moralidad y a una nueva ética pública de salarios justos”.

No hay duda pues: la idea de la señora secretaria es muy clara y puntual: “los salarios del mercado, los honorarios del mercado y los ingresos del mercado tendrían que ajustarse a una nueva moralidad y a una nueva ética pública de salarios justos”… es decir, a la política dictada desde la titularidad del Poder Ejecutivo por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

El detalle más llamativo de la exótica propuesta no es, sin embargo, plantear el desatino de “ajustar” los salarios del mercado según el capricho del señor Presidente, sino la precisión relativa a no “poner en riesgo ni meternos en la discusión de las ganancias”.

Veamos: si la “cuarta transformación” no está en contra de las ganancias producidas por el mercado, sino sólo del molesto detalle relativo a cómo la generación de tales ganancias produce, de forma natural, un mercado de altos salarios (es decir, genera una competencia por el talento), el planteamiento de la homogeneización salarial (hacia abajo) no podría ser más absurdo.

Porque si la “invitación” al mercado es a no pagar altos salarios o, al menos, a no pagar salarios más altos a los establecidos en el sector público… ¡los empresarios e inversionistas no podrían estar más de acuerdo y se les haría tarde para apoyar la presentación de una iniciativa mediante la cual se hiciera obligatoria la regla!

Porque si las ganancias van a quedar intactas y las empresas deberían pagar menos a sus altos ejecutivos, eso implicaría mayores ganancias para los dueños e inversionistas del sector privado, pues una disminución de salarios se traduce, en automático, en una disminución de los costos.

Un pequeñísimo detalle se fugó de la lógica austero-republicana de la secretaria Sandoval: su propuesta implica diseñar e instituir, desde el Gobierno de la República, una política para garantizar una mayor acumulación de riqueza en unas pocas manos.

En otras palabras, la política según la cual el Gobierno de la República pretende combatir la desigualdad social es… ¡profundizando la desigualdad!

Pero bueno, como debemos irnos acostumbrando, la salida sencilla fue recurrir al pretexto de moda: todo fue una fake news.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

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