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Sábado, 21 Marzo 2020 10:00

DOGMA DE FE

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Detente

 

Marcos Durán Flores

Durante un examen rutinario a Steve Jobs, fundador de la empresa Apple le fue detectado un cáncer de páncreas. Los médicos que lo atendían le sugirieron una operación con amplias posibilidades de éxito pues la detección temprana estaba de su lado. Jobs decidió atacar el cáncer con medicina alternativa, una dieta vegetariana y un tratamiento de acupuntura. Un año después, finalmente optó por operarse, pero el tumor había crecido y se había extendido a otros órganos vitales. Steve Jobs, un hombre que había dedicado su vida al conocimiento científico y al desarrollo de la tecnología, siguió creencias que impidieron salvar o extender su vida.

 

Hace años hemos sabido gracia a los resultados de la Encuesta sobre Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología, que más del 70 por ciento de los mexicanos confía más en sus creencias que en la ciencia. Que las “limpias”, la homeopatía, la quiropráctica y la acupuntura, son alternativas adecuadas en materia de salud y que 4 de cada 10 habitantes en México está de acuerdo en que “algunas personas poseen poderes síquicos”.

Alarmante es el conocer que más de la mitad de los encuestados considera que los científicos tienen un poder que los hace “peligrosos” para el País en lugar de las personas que puedan aportar sus conocimientos y compromiso para plantear las soluciones que requiere la nación.

Millones mexicanos dejándose llevar por la emotividad y desechando la ciencia y la investigación, un reflejo de la baja educación en México. Esas mismas creencias que nos impiden distinguir el impacto que la ciencia pudiera tener si es que fuera utilizada.

Un ejemplo contundente de ello ha sido el crecimiento de la expectativa de vida en el País que no se debe a milagros o creencias, se debe a la ciencia. De 1980 y 2005, la vida promedio de los mexicanos creció 9.2 años al pasar de 66.2 años a 75.4 años promedio. En 1930 la esperanza de vida en México era de 33.9 años.

Así, queda claro que para la gran mayoría de los mexicanos la fe y ciencia se mezclan. Y es que, aunque todo humano tiene dos partes compuestos de razonamientos y sentimientos, hoy día las creencias se ponen por encima la ciencia y la tecnología que hoy pueden transformar y mejorar nuestro entorno. 

Lo mencionó porque en medio de la crisis del coronavirus que necesariamente nos va a pegar y con todo a los mexicanos, el presidente Andrés Manuel López Obrador se da el lujo de bromear con el tema afirmando que varios amuletos –que sacó de su cartera–le brindan protección contra "sus enemigos".

"El escudo protector es como el “detente”, ¿Saben lo que es el “detente”? El escudo protector es la honestidad, eso es lo que protege, no permitir la corrupción dijo. Miren, este es el “detente", explicó al tiempo mostraba la estampa del Sagrado Corazón. Luego, durante ese mismo día se dio a conocer que un 37% de los mexicanos aprueba la forma en que AMLO está atendiendo esta crisis de salud.

Así que no resultará extraño que casi 4 de cada 10 mexicanos, no vaya a entender que el coronavirus ha matado hasta ahora a 3.405 personas en Italia, 3.242 en China y que el número de casos confirmados en el mundo, se ha duplicado en menos de dos semanas, a más de 200,000. Así que olvídese de eso del distanciamiento social vaya a ser posible en México porque millones entre nosotros creen que el coronavirus no existe, no nos llegará o si acaso llega, no nos pasar nada.

Ante esto, les puedo asegurar que las creencias en ocasiones son confundidas con la ciencia, pero muy pronto se topan con la verdad. La objetividad de la ciencia muy pronto opaca a la subjetividad de las creencias. Siguiendo al corazón más que a la razón, millones de mexicanos ponen en riesgo su salud, siguen los dictados de personas que les predicen su futuro y se encomiendan a figuras y santos esperando los milagros que Dios otorga a través de la ciencia. 

Respetando a la religión, ya veremos si un “detente”, nos va a poder salvar de una crisis respiratoria, como sí lo hará un respirador artificial. Es cierto que la religión nos ayuda a reconfortar y dar fuerza al espíritu, pero hasta ahí. Por eso es preocupante que hoy esté más presente que nunca la afirmación del científico inglés Thomas Henry Huxley que dijo: “El nacimiento de la ciencia no fue la muerte de la superstición”.

 

@marcosduranf

 

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