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Sábado, 18 Enero 2020 12:28

LA AMISTAD: EL DIFÍCIL OFICIO DE SER EN LOS OTROS

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La felicidad radica en envejecer y estar

rodeado de unos cuantos amigos estimables

George Washington

 

Emanuel Alvarado

Hoy daré comienzo a una trilogía de columnas hermanadas entre sí, pero independientes temáticamente. Es una tríada que tiene que ver con valores en los que creo profundamente: la Amistad, el Amor y la Fraternidad. Mismas que publicaré consecutivamente en mis próximas colaboraciones.

 

 

Cuando era adolescente leí esta frase del presidente Washington que coloqué como epígrafe y que por sí misma encierra casi todas las consideraciones que se tienen sobre el valor de la amistad. Asimismo, hace poco asistí a una exposición sobre la cultura japonesa y me llamó mucho la atención un adagio que expresó un ponente: “en Japón se dice que «en cosa de amistad veinte años son pocos» según una idea milenaria”.

 

Es muy difícil que alguien pueda dudar del buen juicio que tenía George Washington, considerado el padre de la nación estadounidense y uno de sus mejores presidentes. Gran estratega militar y un reformador liberal. Y de manera global, es de igual dificultad dudar del buen juicio de los japoneses como nación; posiblemente la más desarrollada del mundo en muchos aspectos sociales.

 

Puse los ejemplos de un presidente norteamericano y una nación oriental para abordar, y reconciliar, dos visiones del mundo y de la vida aparentemente divididas ideológicamente, porque me parece que al final de cuentas todos los seres humanos tenemos la misma búsqueda de siempre: encontrar el sentido de la vida.

 

En su definición, la amistad es la relación de afecto, simpatía y confianza que se establece entre personas que no son familia. Se le pueden agregar o no más cosas, pero esencialmente se trata única y exclusivamente de eso. El afecto significa que se le tiene aprecio y afición (gusto, interés y placer que se realiza, practica y cultiva). La simpatía es producto de un sentimiento, generalmente instintivo, de cariño o inclinación hacia una persona o hacia su actitud o comportamiento, que provoca encontrar agradable su presencia, y desear de todo corazón que las cosas marchen bien en su vida; incluso suele aparecer una fuente de angustia, preocupación y dolor cuando vemos y sabemos que las cosas no marchan bien en la vida de quienes consideramos nuestros amigos y hacemos lo posible por ayudar y contribuir a mitigar sus propias penas y pesares, sean de la índole que sean. La confianza es, por sí misma, la mayor muestra de amistad, sin ésta es inconcebible que exista una verdadera amistad entre dos o más personas; es la base substancial sobre la que se fincan las amistades. Es la esperanza firme en el otro, un voto de seguridad, un seguro incluso de vida, de secretismo, fidelidad, lealtad y seguridad. Porque la confianza quizá sea el mayor bien que podemos depositar en alguien más.

 

Recuerdo que en el primer cuento que escribí, siendo aún casi un niño, titulado «Los dos amigos» en alguna parte de la trama uno de ellos dijo: “—No estoy depositando en ti el patrimonio de mi familia, que es todo cuanto poseo de fortuna. No es el oro ni las joyas lo que atesoro; lo que te estoy entregando es mi confianza”.

 

Todos sabemos cuán difícil es poseer amigos, dice la cultura popular que se pueden contar con los dedos de una mano, o de ambas, en el mejor de los casos. El otro elemento que suelo agregar a la definición es el interés. Los amigos tienen también intereses, comunes o particulares, que les pertenecen a uno, al otro o a ambos. Y no es malo, también se llaman talentos, cualidades, habilidades y son parte del porqué trabamos amistad con tal o cual persona.

 

No es fácil tener verdaderos amigos. No si media algún interés. Los genuinos a veces incluso son tan modestos que ni son capaces de llamarse como tales. Quien tiene un amigo ha encontrado un verdadero tesoro. La amistad es uno de los grandes valores y probablemente lo que más llegamos a apreciar a lo largo nuestra existencia. Cultivarla, por estos tiempos aciagos, se vuelve esencial para alcanzar una vida plena para hallar los motivos que nos conmuevan a salir y respirar.

 

©Emanuel Alvarado, 2019

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FB: @EmanuelAlvaradoEscritor

 

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