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Viernes, 30 Agosto 2019 00:27

ALGO QUE VALE LA PENA LEER

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Llegar a ser anciano

ALBERTO BOARDMAN

Hace algunos días se celebró en nuestro país el día del abuelo. Desde hace tiempo, la sociedad ha dejado de otorgar el verdadero valor y sentido que merece la palabra “anciano”. Hoy, según corrientes de pensamiento que pretenden dar moral y luces a los antiguos significados, han decidido permutar el concepto de anciano, por el de “personas de la tercera edad” o “adultos

mayores”. Con lo que desde mi humilde opinión, lejos de posicionarlos en el estatus honorario que merecen, se les despoja de las antiguas glorias e investidura de otrora gozaba esa etapa de la vida.

Ser anciano o una persona senil, no deben considerarse términos despectivos. Por el contrario, en la antigua Roma los “senes” integraban en su mayoría el Senado, órgano de sabiduría y trascendencia en la comunidad. De ahí deriva la palabra senectud o senil. En las tribus indígenas de cualquier parte del mundo, el anciano fue siempre una figura esencial en la toma de decisiones, puesto que resultaba lógico consultar a quien había vivido más momentos que nadie y conocía los posibles resultados.

Reivindicar a nuestros ancianos debería ser considerado por las actuales generaciones como un elemento de esperanza, ante un presente y futuro dominado por la inestabilidad y las malas decisiones. ¡Claro!, la excepción confirma la regla, puesto que no todo anciano es sinónimo de sabiduría y buen consejo, como por ejemplo, el caso de algún presidente actual.

Gabo decía que los años que vivió con su abuelo fueron los más constructivos de su vida, y que después ese período no le había vuelto a ocurrir nada interesante. Shakespeare, argumentó que los viejos desconfían de la juventud, porque ya han sido jóvenes.

Y ahora que toco la literatura, ¡recuerdo que la intención de la columna era recomendar libros cuyos protagonistas fueran abuelos!, me perdí en la defensa del punto y queda la recomendación para la próxima.

Por lo pronto, si en unos veinticinco años tengo oportunidad de llegar a esa edad, buscaré a toda costa convertirme en un “digno anciano de barba blanca”; y digo barba, porque la cabellera no está garantizada.         

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

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