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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 11 Febrero 2019 08:50

La Morelos, esas palmas que se mecían en mi Torreón

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Raúl Adalid Sainz

Recordar el hoy llamado "Paseo Morelos" es irme a la infancia, o a esos domingos adolescentes con los cuates, (con la raza para estar en tono lagunero) y caminar o andar dando vueltas en coche por la avenida. Todo con un objetivo: ver chavas, o a la musa de la que te habías enamorado.

 

"Pero que hermosa mujer la que pasea por Torreón, por la avenida Morelos y la Calzada Colón", así reza el corrido de Torreón de Alberto González Domene.

Y es que la mujer lagunera es hermosa. En esos tiempos setenteros y ochenteros uno las veía en esas tardes noches de domingos por la Morelos.

Nos juntábamos los amigos. A veces a alguien le prestaban el coche. Poníamos "Radio Exitos" en la voz de la locutora María Elena García y a oír rolas dando vueltas por la avenida de aquel camellón con palmas largas en su tronco café y coronadas en medusas de cabellera verde. Cantar a todo pulmón oyendo a José José, a Pablo Abraira, a Super Tramp, a Queen y de repente sonrojarte porque viste a tu chica caminar o andar en coche ahí por la Morelos. Oír de repente el estribillo de la canción de Camilo Sesto que te despertaba del ensueño "Eres fuego de amor, volcán y tierra, por donde pasas dejas fuego", y nada más oír al amigo gritar el estribillo "Has vuelto Melina", y un golpe a la nuca "aliviánese bato ya lo pelará esa ruca".

Las noches culminaban en los tacos de "Meche", esos al pastor que estaban en el Paseo, entre Rodríguez y Acuña o un lonche mixto en "Los Chaparritos" de la Treviño.

La Morelos vivía el resto de la semana con una gran actividad comercial. Tiendas diversas, librerías, restaurantes, panaderías, hoteles, cafés, cines (el "Princesa" y "El Nazas") movimiento peatonal y vehicular, un verdadero corazón de Torreón. Cómo olvidar aquella santosmanía futbolera, me refiero a la primera, la del subcampeonato de 1994, tuvo su corazón en la Morelos.

Aún recuerdo el monumento a Pilar Rioja en la Colón y el inicio del paseo, ella en gesto dancístico flamenco con un brasiere con los colores del Santos. ¡Ah raza!

Recuerdo aquellas mañanas con mi libro o un periódico leyendo en el "Café de París" en los bajos del "Hotel Palacio Real", ahí entre abogados y señores diversos que iban como una costumbre a aquel café a platicar, con la consigna de arreglar el mundo.

Esa era la Morelos. Un paseo de enamorados, de súbita sorpresa al ver a la musa amada, de risas, de canciones, de tanta juventud. Ojalá estas nostalgias se renueven creando un paseo que sea un atractivo para las nuevas y maduras generaciones. Con restaurantes variados, cafés, antros para los chavos, microteatros (que están tan de moda en México y Madrid), vida diurna y nocturna. Sé que hay la inquietud y eso es bueno. Yo por lo pronto quise revivir historias que siguen latiendo al vaivén de las palmas de mi querido Torreón; esas altivas coquetas de La Morelos.

 

PD: Éste texto fue escrito en 2016. Hoy, año de 2019, "La Morelos", es un paseo peatonal por uno de sus dos carriles. Caminas alegremente (cuidándote de uno que otro arbitrario ciclista), y hay opción de restaurantes, bares, algún karaoke ameno para saciar al cantante que llevas dentro. Hay mesitas al aire libre de los variados cafés existentes y así dejar que el tiempo corra en la charla, en la aventura del mirar los ojos de la musa o del tomar una copa nocturna y volar al compás del mecer de las palmeras.

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

 

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