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  • Jesús Marín Fotografia
Lunes, 31 Diciembre 2018 14:39

DOGMA DE FE

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Tiempo nuevo

 

Marcos Durán Flores

Muchos creemos saber qué es el tiempo. Es el tic-tac de un reloj, el sonido de una alarma, el calendario en la pared. El concepto de tiempo nos parece evidente, una hora se compone de minutos, un día de horas y un año de días. Pero rara vez pensamos en su naturaleza fundamental y pocas veces nos hacemos la pregunta de ¿Qué es lo que los relojes están midiendo? Miden algo invisible y que va siempre hacia adelante con una fuerza constante que jamás se detiene, una especie de río en donde no se puede tocar la misma agua dos veces, porque el flujo que ha pasado nunca pasará de nuevo.

 

El tiempo es uno de los mayores misterios en la naturaleza, una ilusión que sabemos que está ahí pero que no podemos ver, sentir, saborear, tocar ni oler; aunque experimentamos su paso naciendo y viviendo constantemente empujados y tirados por él.

Entonces, ¿cómo es que ejerce tal poder sobre nuestras vidas? La respuesta sigue siendo imposible de contestar.

Pero, ¿Es quizá algo que sólo se mide en nuestra mente? Hasta ahora, la ciencia no ha encontrado el área del cerebro dedicada a la percepción del tiempo. Así que cuando usted lea esto, probablemente piense que este momento exacto -el ahora- es lo que está sucediendo y es real y que por mucho que podamos recordar el pasado o anticipar el futuro, vivimos en el presente. Así es el tiempo y lo que leyó hace unos momentos ya es el pasado. 

Así de escalofriante es esta búsqueda, este viaje de implicaciones alucinantes, que nos confirma que seguimos sin comprender el mundo que nos rodea y que seguimos en una insondable oscuridad.

Pero en un intento por hacerlo, los humanos hemos creado calendarios y relojes para contar los días y las horas, elementos del espacio-tiempo que nos dan acaso un poco de conciencia acerca del propósito que tenemos en este planeta; un esfuerzo por entender esta aparente eternidad, aunque nada es para siempre, ni siquiera el tiempo.

Lo extraño es que nos hemos vuelto expertos en medir el tiempo, pero no en aprovecharlo. 

Por eso sentimos que la vida se nos va en un suspiro, y los años y las épocas las vemos pasar en un instante. Esta percepción aumenta con los años, cuando la vida nos da menos nuevas experiencias y más rutina. Y como los humanos sentimos que vivimos construyendo futuros recuerdos como modo para medir el tiempo, tenemos la sensación de que el tiempo vuela.

Es por eso que tarde, muy tarde nos damos cuenta que el tiempo avanza y que en su marcha inexorable, no hay vuelta atrás. Imposible volver sobre nuestros pasos para enmendar errores y excesos, tampoco para disfrutar de triunfos y alegrías del pasado, quizás solo para añorarlos. Hoy, el futuro devora al pasado y se nos hace tarde, y en este complicado entramado, resta disfrutarlo al máximo ya que cada día que vivimos, es también uno menos de vida. Así que lo razonable sería aprovechar nuestro corto paso por aquí y vivirla con intensidad, pues le aseguro que de esta no saldremos vivos. Así que, como escribiera el soñador de pelo largo: “Prefiero querer a poder, palpar a pisar, ganar a perder, besar a reñir, bailar a desfilar y disfrutar a medir. Prefiero volar a correr, hacer a pensar, amar a querer, tomar a pedir. Antes que nada soy partidario de vivir”.

En mi caso, sé que ha transcurrido ya más de la mitad de mi vida, así que no dispongo de más tiempo para nada ni para nadie que no suponga nuevas emociones, amor, lealtad e interés mutuo y que este sea honesto, libre y sincero. No puedo perder más mi tiempo con nada ni con nadie que signifique frialdad, indiferencia o mentiras, tampoco para frivolidades ni nada que comprometa mi ser.

El 2018 ha sido uno año especial en mi vida: Nació Alejandro Peña Durán, mi segundo nieto, un niño hermoso que desde el primer momento robó nuestros corazones. Finalizó una etapa laboral que me dio muchas satisfacciones y emprendimos en familia, proyectos de vida que no sin muchas dificultades han prevalecido, pero que necesitan de todo nuestro esfuerzo y dedicación para que sigan adelante y nos permitan vivir (en su más amplio sentido) con dignidad.

Al final, lo único que sé es que tengo clara la misión de nuestra permanencia en este lado del cosmos: Ser libres. 

Yo les deseo a todos por estas latitudes lo que alguna vez escribiera el gran Mario Benedetti: Que la gente viva feliz, aunque no tenga permiso. Que el 2019 sea un buen año.

 

@marcosduranf

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