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  • Jesús Marín Fotografia
Martes, 02 Octubre 2018 10:35

DE MALAS VIBRAS A LA DESESPERANZA

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Emanuel Alvarado

A todos nos ha pasado, eso es seguro, que una, dos o tres personas, juntas o por separado, nos quitan la tranquilidad, nos roban nuestra calma y nuestra paz. Si como decía Amado Nervo: “No les regales tu tiempo”, porque el poeta sabía de la importancia que el tiempo tiene por ser la vida misma y la propia vida; esa idea la promueve también Pepe Mújica, el presidente uruguayo (tengo por convicción, a la usanza estadounidense, continuar llamando presidente, en tiempo presente, a los mandatarios que han sido buenos. Es por ello que Don Benito Juárez García, será siempre el presidente Juárez), cuando refiere que el tiempo es vida.

 

Y ese robo de vida es más cruento cuando viene de gente que se estima o se quiere o se ama. Es un duro golpe saber que personas a las que tú tienes por listas y apreciables caen a los abismos de la estulticia y la sinrazón, en la vorágine del descrédito, lo ilógico y francamente la estupidez. Dice un comediante mexicano, Franco Escamilla, al que hay que escuchar con cuidado (y con criterio contextualizado, sin olvidar nunca que él trabaja exclusivamente por dinero), que “uno intenta razonar con esos animales…” Pero el intento resulta infructuoso. Es imposible dialogar con quien no escucha, y sobretodo, con quien no razona.

Debo admitir y confesar que hace una semana me encontré de frente con semejantes adefesios, con esa clase de especímenes indeseables de toda sociedad culta, de toda comunidad decente, y de toda ambición por tener un mundo feliz y mentalmente saludable. Me llovió sobre mojado, me tupieron duro, fue una semana de angustia intelectual. ¿Cómo es posible que sean así? ¿Cómo es posible que no comprendan las palabras y la intención significativa? (Samuel Ramos). Me preguntaba con impotencia y angustia ante esas malas vibras hasta llegar a la desesperanza en el ser humano.

Sufrí graves ofensas verbales y por escrito, me acosaron multitudinariamente y sin conocerse entre ellos, por separado, como bajo un plan siniestro. De un momento a otro estaba rodeado de improperios y maledicencia a borbotones, como feroces volcanes se volcaron contra mí ellos, ellas, los sinsentido, los irracionales seres como reflejo del estresado mundo en que vivimos, en que viven para ser preciso. Se colaron hasta mi cocina para armar un tremendo desaguisado que me robó la calma de monje en que procuro vivir, la tranquilidad de la que gozo en mi vida diaria porque desde muy temprana edad me dedico al cultivo del ser, a desmarañar los entresijos de la vida y las circunstancias que nos rodean para intentar el logro del despertar de mi consciencia individual, y participar con ello del despertar de la consciencia colectiva.

La sociedad sigue ataviándose de violencia, y al aparecer se han vuelto una cosa común las agresiones por doquier y a toda hora y momento. De niños a viejos, todos traen la espada desenvainada. Todos están tratando de dar el primer golpe, de ganar alegando, agrediendo, discutiendo, gritando, peleando y enojados terriblemente con la vida. Casi nadie se escapa, yo jamás he estado en peligro ante nada de la Naturaleza, sólo he sentido miedo ante otro ser humano, sólo he sido agredido por seres humanos. Jamás el agua o el lodo o la tierra, nunca el aire o el fuego, los peces, los mares, los ríos, las lagunas. Nunca un insecto o una planta me han hecho daño; sólo los seres humanos han sido violentos conmigo.

La histeria inunda los espíritus humanos cada vez más mezquinos. En el fondo todos están demostrando la frustración, la soledad, el anarquismo y la soledad que el materialismo y el consumo desmedido están dejando; porque sus huellas son evidentes, evidencian todos los vacíos y toda la vergüenza que los hombres y las mujeres sienten de sí mismos. Las vidas de todos se están yendo por la coladera. Ya (casi) nadie sabe de lo correcto, de la prudencia, de lo educado que deberíamos ser. Creo que nos estamos (se están) perdiendo en el hoyo de la nada. Se están cayendo a un abismo sin fondo y sin futuro.

Me alejé de todas esas personas (una de ellas en Argentina, el resto en México, la histeria no reconoce nacionalidades), las borré de mi vida con un clic, las arrojé a un costal de olvido, fueron bloqueadas esperando no volver a verlas por el resto de mis días. Hablé en cambio con gente invaluable para no asfixiarme, para asirme a una tabla que me salvara, que me devolviera a esa otra realidad que es la mismidad, porque el mundo por un momento me volvió la espalda, pero yo, una vez más, hallé en la amistad, en la conversación y en personas de buena voluntad la paz con que puedo escribir y compartirles esto. También gracias a la llamada oportuna de los editores de este diario que con sus palabras me regresaron a esa otra realidad que es la vida cotidiana.  

 

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FB: @EmanuelAlvaradoEscritor 

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