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  • Jesús Marín Fotografia
Miércoles, 26 Septiembre 2018 10:25

Mi paisano lagunero

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Raúl Adalid Sainz

"¿Cómo le va paisano?", "bien paisanito, aquí vamos jalando la carreta". Así nos saludábamos mi querido amigo de Torreón y yo cada vez que nos veíamos en ese café Vips de Plaza Tepeyac, al cual acostumbrábamos ir.

Nos saludábamos, dije en tiempo pasado, porque ya no veré en lo físico a mi querido amigo del café.

 

Nuestra amistad comenzó hace muchos años. Oí que cierto grupo de amigos con los que iba, lo "choteaba", diciéndole que era de Torreón. La costumbre capitalina de burlarse de la provincia. Mi paisano aguantaba "vara", como decimos en Torreón, estoico. 

En esa barra de café, oía la palabra "Torreón". Un día vi sólo a mi paisano y para iniciar conversación le dije: "Perdone: ¿usted es de Torreón? Sí, me dijo iluminado, "es que yo también soy de allá, y escucho que sus amigos le hacen mención de la tierra", mi paisano asentía con risa, esa sonrisa del inevitable qué le vamos hacer si son así. A partir de ahí nuestra amistad comenzó.

Siempre en el café. Lugar adonde tengo la costumbre de ir a leer desde hace mucho tiempo. Es una sentencia impuesta desde que tenía 22 años. Siempre leyendo en distintos cafés. Mis lecturas a veces entorpecían que mi paisano y yo conversáramos. "Usted siempre leyendo paisano, no, no lo interrumpo". Pero muchas veces dejaba mi lectura y charlábamos. Torreón era uno de nuestros temas, quizá La Laguna de antaño, pero también la nueva, esa a la que mi paisano añoraba volver.

Platicábamos de lo que era ser emigrante en esta gran ciudad. El decidir buscar mejores horizontes. Mi paisano me hablaba que había manejado trailers. Se casó con una mujer del DF, e hizo su capital y su familia aquí en la gran Tenochtitlan. A partir de ahí, mi paisano siempre vivió añorando un día regresar a su Torreón.

Las agujas del reloj se detenían. Siempre le hacía mención a mi coterráneo, de algo de nuestra tierra. Un chiste, un detalle, que las muchachas de Torreón, que "El Santos". Su rostro se iluminaba. "Usted lo que necesita es irse a vivir a Torreón paisanito, allá se le van a olvidar sus males", le decía yo con una sonrisa de aliento. 

Con mi paisano el acento lagunero nos volvía. Eran como ecos que el desierto nos hacía repetir acá en la gran tierra tenochteca. Dos cantos cardenches en busca de la nostalgia perdida y ganada con la ausencia.

Así era mi amistad con mi paisano. Verlo me era viajar a mi Laguna. Mirarlo era viajar a más de mil kilómetros de distancia. Mi paisano recordaba su cabrito que se comía con tortillas de harina en "La Majada". Me hablaba de unos desayunos riquísimos en "Los Adobes". Me contaba de su colonia Moderna. Allá donde un día él vivió.

Nos tomamos una foto. El día que el Santos jugaría la final, esta última en que nuestros guerreros jugaron en Torreón contra Toluca. "Somos campeones paisanito", decíamos sonrientes y orgullosos al coronarse nuestros guerreros en el infierno toluqueño.

Ayer que "Beto", cariñoso camarero del Vips, me dio la noticia del adiós de mi paisano sentí tristeza. Ese sentimiento que da no volver a ver a la persona. Es como si un remolino, esos del desierto, se hubiera llevado en la polvareda a mi paisano. La ausencia, siempre la ausencia. Es lo que nos duele de la muerte.

Mi querido paisanito, usted ya está en su Torreón, desayunándose su machacado con huevo que tanto pedía en el Vips. Ahora sí el machacado y sus tortillas de harina serán de a de veras.

Ya lo logró paisano. Triunfó en la Ciudad de México y ahora cumple sus sueño de volver a su Comarca Lagunera.

Por cierto paisano, nunca le pregunté su apellido, sólo sé que se llamaba Pedro. "Pedrito", como todos le decían cariñoso en ese Vips de Plaza Tepeyac, donde muchos lo vamos a extrañar.

"¿Cuándo nos vamos a Torreón paisano?" "Ya me anda paisano, ya me anda". Ya no volveremos a decir eso. Pero en ese espacio del Tepeyac, cada vez que vaya, resonará Torreón en el recuerdo vivo, sí, así como un canto de desierto en medio de la gran urbe de vidas y sonidos.

¡Hasta siempre, paisanito querido!

 

PD.- Mi paisano es el señor a la derecha en la foto, en medio su servidor, y "Chava", otro buen amigo del café.

 

Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan

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