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  • Jesús Marín Fotografia
Sábado, 14 Julio 2018 10:01

Sólo por una noche

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Marcos Durán Flores
El cine Diana de Monclova fue mi refugio cinematográfico durante mi niñez. Ubicado en la calle de Allende, en el “Diana” vi los estrenos de muchas películas, algunas de ellas para público adulto, pero siempre me las arreglé para escabullirme del boletero. Ahí descubrí la que para nuestra generación fue la primera película de “La Guerra de las Galaxias”, de George Lucas. Vi también la cinta ganadora del Oscar, “Kramer contra Kramer”, la historia de un matrimonio decidido a destruirse y cómo lo logran; “King Kong”, “Terremoto”, “Tiburón” con los primeros esfuerzos del genio de Spielberg y “Taxi Driver” del gran Scorsese.


Pero lo que recuerdo con precisión casi milimétrica, fue la noche del 13 de julio de 1978 cuando acompañé a mi tío Jaime Durán al estreno en México de “Fiebre de Sábado por la Noche”. En Estados Unidos el estreno fue en diciembre de 1977, pero entonces no existía la globalización y debíamos esperar meses para poder ver y disfrutar las grandes producciones de Hollywood.
“Fiebre de Sábado por la Noche” es para sus más feroces críticos la quiebra cultural de la década, pero para la mayoría se trataba de un relato memorable de la cultura pop, la inauguración de todo un movimiento: el de la música disco con las pistas de baile iluminadas por el neón y las bolas de espejos.
Y es que el auge de la música disco, en la década de los años setenta, tuvo un enorme impacto cultural.
La gente la escuchaba en la radio, la bailaba y hasta llegó a afectar la moda. Sus raíces fueron múltiples, pero todos tenían un vaso comunicante: la pobreza, la depresión general y la monotonía que sentía una generación que no visualizaba la prosperidad económica de otras épocas; jóvenes que tuvieron que lidiar con el desempleo y la desesperanza.
El retrato de un mundo oscuro, uno que había perdido la inocencia y que despertaba apenas de la barbarie de Vietnam. Una sociedad que aún no se reponía de las promesas incumplidas y los sueños truncados de los movimientos sociales de finales de los sesenta que, como todo, terminaron corrompiéndose.
Así la música disco se convirtió en un movimiento tan estruendoso y masivo porque surgió de las clases bajas, donde muchos se veían en los zapatos de Tony Manero, el personaje que interpretaba John Travolta, un joven que buscaba una oportunidad para salir de la monotonía, para olvidar, aunque fuera sólo por una noche los trabajos sin futuro y la realidad brutal que se imponía durante el día.
Las noches de disco eran la oportunidad para huir de un mundo sombrío, del presente sofocante. Entrar a la disco era el boleto para escapar del aburrimiento, la violencia y la degradación que imponía la crisis económica global. En la disco, como dice el dicho, todos los gatos son pardos y se convertía en el único sitio, en donde el glamour y las luces brillaban para todos. Afuera de la disco, se dejaban las clases sociales; adentro la pista de baile los volvía iguales.
Del movimiento disco nadie en su sano juicio puede negar que junto a ABBA, Barry White, Donna Summer, KC & The Sunshine Band, Kool & The Garng, Earth, Wind and Fire, Boney M, Gloria Gaynor, Blondie, Patrick Hernández, The Trammps, Village People, los Bee Gees encabezaron ese movimiento, y para muestra están Night Fever, Stayin Alive, You Should be Dancing, More than a Woman, If I Can’t Have You, y Tragedy, íconos de la música disco.
Los Bee Gees dominaron la escena musical de los lejanos años setenta, vendiendo más de 200 millones de discos, y hoy son parte del Salón de la Fama del Rock & Roll. Por mucho tiempo, el álbum de la banda sonora de la película “Fiebre de Sábado por la Noche” fue el disco más vendido hasta que Michael Jackson y Thriller les arrebataron esa distinción.
Ayer que me enteré que un jueves 13 de Julio de hace 40 año se estrenó en México la película “Fiebre de Sábado por la Noche”, se me agolparon los recuerdos de Monclova de los años setenta. Recordé a mis tíos y sus amigos alistándose para irse a la disco J&G, la más famosa de la época. Pantalones acampanados de poliéster blanco, camisas de seda, zapatos de plataforma y el pelo largo. Al volver de la disco, los escuchaba platicar de sus conquistas, sus peleas y de anécdotas simpáticas. Al fin el mundo los aceptaba como sus iguales, aunque esto fuera sólo por una noche…

@marcosduranf

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