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  • Jesús Marín Fotografia
Viernes, 17 Agosto 2018 07:34

LA CIUDADANIZACIÓN

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Emanuel Alvarado
Para abordar el tema que da título a esta columna; es decir, la participación ciudadana en los procesos sociales inherentes a su desarrollo, tomaré como ejemplo el logro del proyecto-programa que se lleva a cabo todos los miércoles en la ciudad de León, Guanajuato (pero de los que hay muchas réplicas en todo el mundo), encabezado por Erick Cisneros: “Ponte las ruedas, saca la bici”. Que, con al menos ocho años de existencia, ha llegado ya a las 400 rodadas nocturnas. En las últimas hemos sobrepasado los mil participantes, recuerdo las primeras en que eran un puñado, luego un centenar y así fue creciendo a lo que es ahora: una tradición y una imagen ya común del paisaje urbano leonés, pero incluso es más: es motivo de alegrías grupales, historias de amor y de noviazgo, convivencia familiar, y, sobretodo, organización y participación ciudadana.

La gente sale de sus casas o permanece en sus balcones y saluda al paso del contingente, algunos echas porras, pero me sorprende mucho el hecho de que la gente sonríe en un gesto de complicidad, cada que nos ve pasar sus rostros dicen: ¡Qué bueno que tomen las calles!, ¡qué bueno que se apropien del espacio público! Y una vez a la semana, durante un par de horas, los ciclistas somos los amos y señores de las calles (al menos en el tramo en que nos custodian los agentes de tránsito que van a la vanguardia y cerrando la columna con motocicletas y patrullas).

Para organizar esos recorridos el colectivo tiene una reunión de planificación y Tránsito recibe la notificación semanal y una orden para cubrir el evento. El colectivo mantiene un grupo de Facebook con casi 10 mil usuarios y agrupó a un conjunto de voluntarios que son los encargados de la seguridad, y van cerrando las calles y conteniendo al parque vehicular para dejar el paso libre a la caravana de ciclistas. Aunado a ello debo mencionar que muchos asistentes llevan equipo para inflar o parchar llantas y algunos con conocimiento de mecánica hasta llevan equipo para reparaciones comunes (el técnico de la agencia a la que llevo mi bici acostumbra a ir). Lo anterior genera una hermosa camaradería y un sentimiento de solidaridad tremendo. Y como es común en asistencias regulares, nos vamos conociendo y entablando ciertas relaciones (hay quienes, como yo y mi hijo, siempre nos colocamos a la salida y a la llegada en el mismo lugar y saludamos a otros que más o menos hacen lo mismo que nosotros: ubicando a otros).

Ponte las ruedas, saca la bici. Es un colectivo que tiene juntas de planificación, que asisten a conferencias, a congresos, a talleres sobre la bicicultura, la seguridad y la tecnología de la bicicleta. Y además se unen a otra muchas causas y temáticas: derechos humanos (manifestándose a bordo de las bicis), Día de Reyes (juntando juguetes y entregándolos), Día de Muertos (disfrazados y caracterizados). Logrando mucho más que sus principios: la sustentabilidad del planeta y la idea de una vida saludable a través de la ejercitación física y alimentación de calidad. Provoca otras reflexiones sobre la vida y la labor social del individuo.

Los usuarios de esta iniciativa ciudadana acuden en todo tipo de bicis, desde hechizas hasta las de fábricas famosas a nivel mundial, del fierro al aluminio y fibras de carbono; frenos de todo tipo, incluso de disco (mi aspiración y próxima adquisición) y contrafrenos de pedal. Aquí se respira tal unión y comunión entre la bicicleta y el ser humano que le dan un sentido de pertenencia y solidaridad a todos cuanto acuden a este llamado colectivo.

Nos cuidamos unos a otros, nos procuramos seguridad. El peligro contante son los automovilistas. Apenas ayer, de todas las rodadas a las que he ido, sucedió algo desagradable, un señor ya maduro, de 65-70 años quedó mal parado en un alto, se ganó la rechifla del contingente que comenzó con un fuerte insulto: ¡puto, puto, puto…! Y él, enojado y fuera de sí, amenazaba con aventarnos el coche… Mal por el grupo… pero… y qué se puede esperar de un conductor que amenaza con arrollar a ciclistas…

Estas rodadas son un espacio que da lugar a la convivencia múltiple, donde hay de todo y para todos, lo mismo gente con mascotas o con hijos que ya andan a toda prisa en bicicletitas, con bebés, escenas de corazones nobles, desde el que lleva un equipamiento especial para un hijo (de estructura de aluminio y seguridad a bordo, como el papá que lleva al hijo en diablitos, en una parrilla sentado, o incluso parado sobre el cuadro, entre el ciclista y los manubrios).

Es por ello que debemos apurar la llegada de más y más iniciativas de participación ciudadana; entre más nos tardemos más retrasaremos nuestro desarrollo social. Los mejores países para vivir incluyen entre su composición ciudadana una enorme participación en todo tipo de organizaciones, tanto de ayuda humanitaria como de trabajo comunitario, pasando por derechos humanos, derechos de las minorías, equidad, inclusión y un largo etcétera que abarca prácticamente todos los órdenes sociales, incluidos los políticos, sustentables, educativos, artísticos y culturales.

Colaboremos y unámonos a las organizaciones no gubernamentales, a las asociaciones de la sociedad civil, a las asociaciones civiles, formemos parte de colectivos, vivamos esa otra forma de redes sociales que siempre han estado desde que la humanidad es humanidad: cercanos, hombro con hombro, mirándonos a los ojos, uno a uno, físicamente. No digo que dejemos el mundo virtual, pero no dejemos de lado la forma tradicional de relacionarnos y conservemos el famoso dándonos la mano. No abandonemos algo tan elemental como permanecer juntos en la acción y en la convivencia, que es otra forma de compartir la vida y que no tiene precio.

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FB: @EmanuelAlvaradoEscritor

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