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  • Jesús Marín Fotografia
Martes, 17 Abril 2018 20:04

IN CRESCENDO

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EL PROTOCOLO DEL FINAL DEL CONCIERTO


(Tercero de cuatro)

 

Prometeo Murillo

El PÚBLICO COMO PARTE DEL CONCIERTO
Los conciertos de música clásica tienen siglos de realizarse. Vienen de una etiqueta europea, pero son, hoy por hoy, sucesos globales. Tropicalizados algunos -lo que significa que están adecuados a las necesidades locales de cada entidad- pero todos rinden tributo a la gran esencia de la buena música.

 

La gran mayoría de los conciertos son por la noche, luego de la actividad del día, un concierto es la gran oportunidad de restablecer el sentido y ecualizar las emociones de la semana.

No subestime su poder: Un concierto derrocha pasión como una fiesta brava; puede ser divertido, como cualquier circo; o intenso como un concierto de rock; efervescente como la mejor de las fiestas; impredecible como una película; complejo como el mejor libro.

El poder de la sala de conciertos lo puede llevar al éxtasis de la experiencia estética. Como público usted es parte de ese momento. Todo el esfuerzo detrás de los ensayos tiene como motivo buscar una aprobación final y esa, es la del público.

Al finalizar, usted tendrá la decisión de: Aplaudir cuando le guste y no aplaudir cuando sea lo contrario. El director hará una reverencia y saldrá de la sala casi inmediatamente. Volverá para seguir agradeciendo y si lo considera, destacará poniendo de pie a los músicos o las secciones que considere hicieron un trabajo extraordinario. Saldrá de nuevo, y volverá. Ese momento es El aplauso del director. La orquesta se mantendrá en su sitio hasta que el director los invite a pararse o en su caso salga ya en definitivo.

Ponerse de pie es como otorgar una oreja, una mención honorifica. Aplaudir más de un minuto es como darles cola y rabo, un cum laude. Cuando hay un momento especial o se sabe del gran esfuerzo implicado, es de buen gusto llevar flores, bouquets florales, ramos que el artista pueda recibir en el escenario.

Solo en Saltillo he visto que el público, por obra de la emoción y el cariño (quiero pensarlo), se suben al escenario, se meten al backstage con la impropiedad de quien invade cualquier área de trabajo. No lo haga. A los artistas se les felicita en la salida de camerinos. Si usted goza del privilegio de pasar a camerinos o backstage, hágalo con la prudencia y certeza de que ahí también hay reglas y protocolos.

En especial si se trata de una orquesta infantil o juvenil, la paciencia de los padres y familiares se ponen a prueba este tipo de protocolos. Una foto, una selfie, un autógrafo en el programa, son excelentes souvenirs de un concierto. Hay grandes artistas que no pierden la oportunidad de salir a convivir con la gente. Hay otros que sencillamente necesitan buen tiempo para reponerse de la descarga que implica la interpretación. Sea paciente y espérelos.

El concierto acaba y la noche está in diminuendo. Llévese consigo un corazón lleno de música. Comparta y presuma, ¿qué es lo que más le gustó? ¿hubo algo que llamara particularmente su atención? ¿qué le gustaría oír en su próximo concierto?

Así es el protocolo de un concierto en sus tres etapas, la próxima y última entrega, responderé a las preguntas que la publicación de esta serie ha provocado. Gracias por su interés.

Prometeo Murillo es divulgador y promotor cultural; es gerente general en Orquesta Filarmónica del Desierto, Coahuila de Zaragoza. Cursa estudios de Maestría en Promoción y Desarrollo Cultural en la UA de C.

 

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